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Refugiados en Neptuno

Ramón Cid de Rivera y Teresa Izquierdo se alojan provisionalmente en el hostal Neptuno. ::
Ramón Cid de Rivera y Teresa Izquierdo se alojan provisionalmente en el hostal Neptuno. :: / JORGE REY
  • Varias familias del bloque afectado viven de forma provisional en el hostal que paga el Ayuntamiento

. A Ramón Cid de Rivera y Teresa Izquierdo no se les va de la cabeza una idea fija: «El depósito de gasoil de toda la comunidad está arriba, sobre la planta superior, si los bomberos y la policía no llega a actuar antes, podía haber volado toda la manzana». Entre la avalancha de sentimientos tras la traumática experiencia vivida, rescatan el de la gratitud hacia las fuerzas de seguridad. «Bomberos, Cruz Roja y Policía hicieron un trabajo impecable». Lo cuentan en el hostal Neptuno, en la avenida de Alemania. Es su refugio después de la explosión de la madrugada del lunes en el edificio Santa Ana de la avenida Virgen de la Montaña 19, en donde tienen su hogar desde hace 20 años. Este matrimonio cacereño, con un hijo y una hija ya independizados, fueron parte de la primera tanda de propietarios de unos pisos que se terminaron de construir en 1996.

Su vivienda está en la tercera planta y no ha sufrido más daños que el humo que ha ensuciado las paredes, pero, igual que el resto de habitantes de este inmueble, tienen que permanecer fuera hasta que las condiciones de seguridad lo permitan. Ramón y Teresa acudieron a media mañana hasta el portal de su domicilio, custodiado por Policía Local. Acompañado de un agente, Ramón pudo acceder a su domicilio. A la salida, el administrador de la finca le comentó que es posible que tengan que estar más días de los esperados fuera de su casa. «Si el viernes no podemos volver, probablemente nos vayamos unos días de viaje a Bilbao, necesitamos desconectar», contaban.

Aseguradoras

A Teresa le acaban de operar de la espalda, aún tiene molestias y no es lo más cómodo del mundo estar en una habitación de hotel con lo justo. Resalta la dificultad a la hora de lidiar con la aseguradora. Su piso no ha sufrido daños, pero ellos están fuera de su casa, alojados en el hostal habilitado por el Ayuntamiento para las familias que así lo han deseado. «Nos dicen que si no hay daños en el piso no tenemos derecho a nada, no sé hasta que punto, estamos en la calle, desayunando y comiendo fuera», explica Teresa. «El lunes estuvimos como los sin techo, a ver si nos dejaban o no nos dejaban entrar, es duro». Explica que subir a su domicilio con un policía no deja de ser una situación un poco violenta. «Mañana tengo una revisión del traumatólogo, y no sabía cómo estaban los papeles o si estaban quemados». Dan gracias por estar intactos, pero reconocen que es cuesta arriba estar exiliados en su propia ciudad y sin sus cosas.

La noche de la explosión Ramón se encontraba solo en casa, ya que su mujer estaba en el domicilio de su padre, que tiene 93 años y necesita ayuda. «Todavía no le hemos contado lo que ha pasado y preferimos que no se entere». Como muchos cacereños que residen en la zona ella también escuchó la explosión, y a partir de ese momento ya no perdió la comunicación con su marido, que estuvo toda la noche pendiente de la evolución del suceso. «Me fui de los últimos», explica Ramón. Teresa era paciente del odontólogo fallecido, Germán Juan Rodríguez Prieto. «Cerró la consulta hace unos meses y despidió a las dos chicas que tenía trabajando». Destacan la calidad humana del mismo.

El Ayuntamiento reservó siete habitaciones dobles y una triple para dar cabida a los vecinos que temporalmente están sin hogar. Este matrimonio está «muy agradecido» con el consistorio por este recurso. No todos han querido alojarse en este hostal. Algunos de ellos, como María Isabel Sellers, ha preferido desplazarse a su casa de campo.

Entre los vecinos hay personas de edad avanzada que han optado, por comodidad, por quedarse en casas de familiares. En la entrada del número 19 de la Avenida Virgen de la Montaña una mujer relata que ha venido a rescatar medicinas de su cuñada. De todas las viviendas afectadas, seis se encuentran en un estado que necesita reparaciones importantes. Algunos pisos no estaban habitados en el momento del siniestro.

También en peregrinación acuden hasta el edificio los trabajadores de las distintas oficinas y despachos profesionales. Una letrada explicaba, con visible agobio, que mientras no puedan acceder no podrán trabajar. «Mientras tanto intentamos trabajar en casa como podemos», subrayaba.

«Si el viernes no podemos entrar en casa nos iremos de viaje, necesitamos desconectar»

«Gracias a la actuación de los bomberos, no voló toda la manzana, hay que agradecérselo mucho»