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Unos docientos senderistas piden protección para las minas de Cáceres

  • La asociación Natura 2000 pide a las administraciones mayor sensibilidad con un patrimonio declarado Bien de Interés Cultural y que fomenten su conservación y la realización de rutas culturales

Unos 200 senderistas revivieron ayer la historia del Cáceres minero a través de una ruta organizada por la Asociación Natura 2000 para reivindicar el interés ciudadano por la protección de las minas, en estado de ruina y usadas en muchos casos como vertederos.

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Según esta organización, la ruta les llevó por los restos de antiguas minas tan emblemáticas como 'La Abundancia', 'La Esmeralda', 'San Salvador', o María Estuardo. Los participantes tuvieron la oportunidad de conocer los inicios de la aventura minera de la ciudad, cuando el comisario de Policía Francisco Lorenzo y Diego Bibiano González encontró, en 1864, una piedra blanca en la falda occidental del cerro de Cabeza Rubia, que resultó ser fosfato de cal con una riqueza del 62%.

También conocieron la figura del político liberal Segismundo Moret, que impulsó la explotación minera y dio su nombre al asentamiento de obreros de las minas que hoy es una barriada cacereña y que impulso la construcción en 1880 del ferrocarril que enlazaba Cáceres con Lisboa.

En su recorrido visitaron los restos de las minas de La Esmeralda y San Salvador, «que se han convertido en auténticos vertederos», sufriendo el expolio, el gamberrismo con pintadas en sus muros, y la más absoluta dejación en su conservación. Los voluntarios de Natura 2000 mostraron a los participantes de la ruta el estado de abandono de las ruinas mineras, la falta de cerramientos que impidan el acceso de los gamberros o carteles que indiquen la prohibición de tirar escombros, siendo en muchos casos peligroso para todo aquel que las visite.

Por tal motivo, desde la asociación piden a las administraciones mayor sensibilidad con un patrimonio declarado Bien de Interés Cultural y que fomenten su conservación y la realización de rutas culturales con centros de enseñanza de la ciudad para no dejar en el olvido su pasado minero, que durante cien años fue el motor de su desarrollo.