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Savia nueva en la Era de los Mártires

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Alumnos de la Escuela Taurina de Cáceres tentaron a cuatro becerras en la Era de los Mártires. :: jorge rey

  • La organización cifra en 2.300 el número de espectadores que acuden a una cita que se desarrolló sin protestas de colectivos animalistas

  • La Plaza de Toros celebró un tentadero infantil tras más de año sin uso taurino

No sonaron pasodobles ni clarines, fue la música de Manuel Carrasco, la canción 'No dejes de soñar' por megafonía la que dio la bienvenida a la veintena de niños y jóvenes que ayer reabrieron las puertas de la Plaza de Toros de Cáceres, después de un año sin espectáculos taurinos en este coso. Estos menores hicieron su primer paseíllo en la Era de los Mártires. Pisaron albero vestidos con traje de campo y con una torería y solemnidad que no dejaba dudas sobre su vocación y sus ganas de ser matadores a pesar del cuestionamiento de la tauromaquia por un sector de la sociedad. Otra parte, como los espectadores que ayer acudieron al tentadero organizado por la Escuela Taurina de Cáceres, creen en el buen estado de salud de una práctica que es también un sector económico en la región. En el tendido se llegaron a ver lágrimas de emoción de algunos espectadores.

La Plataforma cacereña para la Defensa de los servicios públicos registró ante el Ayuntamiento un escrito oponiéndose a la cita que se celebró en la Plaza de Toros. Se esperaba algún tipo de protesta en las inmediaciones de este recinto, pero todo transcurrió con normalidad. Se comentaba que, al haberse aplazado en un día la celebración del tentadero por la lluvia los posibles manifestantes contaban con permiso para llevar a cabo la protesta el sábado, pero no el domingo. Estos eran comentarios entre el público.

Estos 20 chicos, que devolvieron a la plaza el retumbar de los «olés» del pasado son alumnos del matador Manuel Bejarano, que ayer, al final del espectáculo, consideraba que éste podía ser un «punto de inflexión para el regreso de los espectáculos taurinos a Cáceres, ojalá». Bejarano cifró en 2.300 las personas que presenciaron los pases de estos chicos a las cuatro becerras que fueron toreadas sin llegar a ser sacrificadas. Es una cifra mayor a la que daban en la plaza otros implicados en el espectáculo, que hablaban de 800 a 1.000. Bejarano explicaba que además de las entradas vendidas, había invitaciones, y que los niños entraban gratis. De todos los participantes, solo los mayores de 12 años pudieron enfrentarse a las becerras.

«Figura del toreo»

Fernando Tato, de Arroyo de la Luz, fue uno de los menores que levantó más pasiones en el tendido. A sus 13 años, tal y como contaba antes de lanzarse al ruedo, su aspiración era la de «convertirse en figura del toreo». El alguacilillo de la Plaza no ahorró piropos al joven Tato. «Éste de Arroyo sabe lo que se hace», pronunció tras una revolera muy lucida que le valió un «olé» profundo. Jorge Hurtado, de Coria, señalaba que torea desde los cinco años, y que tiene experiencia en este tipo de espectáculos, ya que participó recientemente, en el mes de septiembre, en otro tentadero. Con toda la liturgia que caracteriza al mundo taurino había también niños con capotes más grandes que ellos, de cuatro o cinco años. «Juegan a ser toreros», explicaba Bejarano.

Entre los alumnos de esta escuela están también un puñado de chicas con ilusión. Entre ellas la propia hija de Bejarano, que lleva el inequívoco nombre de Lydia. Ella indicaba que ante la oleada de críticas antitaurinas hay que «pedir y ofrecer respeto, en mayúsculas».

Las becerras, algunas de las cuales se cayeron varias veces, fueron picadas a caballo por Félix Majadas. Es un método más sutil que las puyas que se emplean en las corridas normales. Tras el espectáculo, vuelven al campo.