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Avenida Virgen de Guadalupe de Cáceres. :: armando méndez
Avenida Virgen de Guadalupe de Cáceres. :: armando méndez

El discurso de Elena Nevado

  • En Cáceres, el enemigo no son los fondos buitre, sino los aparcamientos

En mi ciudad, en Cáceres, el demonio plutócrata y opresor no son las multinacionales, la banca ni los fondos buitre, sino los parkings de pago. Hacerlos cuesta desgarros, utilizarlos sume al usuario en crisis existenciales y cualquier medida urbana de tráfico o movilidad se entiende tomada a mayor gloria de los chupasangres de los aparcamientos.

Hasta hace nada, en Cáceres, solo teníamos una hidra diabólica de siete cabezas llamada Obispo Galarza. Se decía en la ciudad que todos los caminos llevaban a Galarza y que si te dirigías al centro, siempre acababas a la puerta del aparcamiento, que te susurraba taimado: «Entra y hazme rico».

Ahora, la situación es terrorífica puesto que ya tenemos dos monstruos: el de Galarza y el de Primo de Rivera. Hacer este segundo aparcamiento, que el PSOE entendía necesario hace ocho años, ha costado mucho. Me contaba el exconcejal Felipe Vela que, en una ocasión, cuando el Tripartito proyectaba el parking en Cánovas, se reunió el equipo de gobierno con un grupo de vecinos de la avenida de España y que aquello parecía el 23-F porque los vecinos venían sobrados de poder e impusieron su criterio de no hacer aparcamiento a los representantes democráticos del pueblo. Algo que no es nuevo en Cáceres pues insignes socialistas me han contado alguna vez cómo, en los 80, la noche antes de decidir peatonalizar la parte antigua, recibieron unas llamadas de prebostes locales y vecinos presionando y la medida se aplazó durante ¡20 años!

En Cáceres, tenemos alcaldes un poco cobardicas, que bien no se atreven a llevar adelante medidas que entienden positivas para no tener problemas con un grupo menor, bien no tienen arrestos o clarividencia para explicar la razón última de sus medidas. Vean, si no, lo que está sucediendo con la zona azul y las medidas para que el bus sea más eficaz y permita transbordos.

La razón de fondo es hacer una ciudad más peatonal y arrinconar el coche, como está sucediendo en Madrid, Roma o Vancouver, ciudades con gobiernos dispares. Pero los gobernantes cacereños no lo dicen con claridad y de manera rotunda. Lo curioso es que el PP lo llevaba en su programa, pero no tienen un discurso claro que debieran remachar y remachar hasta que todos entendamos que la zona azul se amplía para evitar que el suelo público se convierta en un gran aparcamiento, para convencernos de que no debemos sacar el coche y utilicemos el transporte público, para hacer más habitable Cáceres, aumentar la calidad de vida y conseguir una ciudad feliz de verdad. En lugar de eso, están a la defensiva y claro, parte de la ciudadanía se fija en los dos chupasangres oficiales y deduce que se amplía la zona azul para que los plutócratas de los aparcamientos se forren más aún.

Los gobernantes han de tener un proyecto y un discurso. No cuento chino, ¡discurso! Deben ser pedagógicos, convencernos de sus bondades y la mayoría entenderemos que la zona azul quitará coches de las calles y que, pagando un poco más por el bus, podremos hacer transbordos y tener mejor servicio. Pero a la defensiva, nadie convence a nadie.

Hay un par de proyectos en mentes municipales que, bien explicados, tienen su encanto, pero que están levantando ampollas antes de plantearlos. Son convertir en sendos bulevares de aceras anchas, pocos aparcamientos, arboleda y amplitud peatonal el llamado Paseo de las Acacias y la avenida Virgen de la Montaña. Por lo que he visto, en ambos casos se eliminarían espacios centrales, que hoy son inútiles (seamos claros, el paseo central de Virgen de la Montaña solo es útil para las terrazas de los bares, por ahí no pasea nadie), se crearían aceras anchísimas y arboladas y se convertirían en espacios ciudadanos más habitables y cómodos. La contestación ciudadana a ambos proyectos va a ser terrible en ambos casos, pero me apuesto lo que quieran a que si se llevan adelante, serán admirados y bendecidos. Ahí veremos si tenemos una alcaldesa valiente y con discurso.