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La gran memoria digital de la provincia

La gran memoria digital de la provincia
  • Solo cuatro personas, cuyas huellas dactilares han sido registradas en el sistema, tienen acceso al búnker informático del Palacio Provincial

  • La Diputación monta un segundo centro de proceso datos en el Julián Murillo, ya que un fallo en el actual paralizaría la institución y los municipios cacereños

Después de varios minutos bajando escaleras por el Palacio Provincial (sede de la Diputación, en la Plaza de Santa María), en un patio, se observa un pequeño local con algunas paredes desconchadas de color amarillo. Aparecen varios aparatos y un cuádruple cartelón de obra. A simple vista nadie podría imaginarlo siquiera. Aquello en realidad es un búnker.

En un microespacio de apenas 30 metros cuadrados está la gran central de procesamiento de datos (CPD) de la institución cacereña. Un fallo incontrolable dejaría sin servicio a los 222 municipios de Cáceres e inoperativa a la propia administración provincial con sus más de 800 trabajadores. De la sensibilidad del material que desde allí se gestiona da idea la restricción del acceso. Solo cuatro personas tienen autorización para entrar. Sus huellas están digitalizadas y cada movimiento que se produce en los alrededores y en el interior del receptáculo es captado por varias cámaras de videovigilancia. «Aquí solo pueden entrar esas cuatro personas. Solo ellas están autorizadas. El control es máximo», revela Ana Garrido. Se da por supuesto que una de las cuatro autorizaciones es la suya, como diputada responsable del Área de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Pero no.

Ni siquiera la propia presidenta, Rosario Cordero, figura en esa lista restringida. «Es que no tiene sentido. Ni los diputados ni la presidenta tienen que entrar aquí para nada. Los cuatro que lo hacen son los técnicos», corrobora Garrido.

Uno de esos técnicos es el director del Área TIC de Diputación. Juan Carlos Manzano introduce su dedo índice derecho en el dispositivo de acceso y la puerta se abre automáticamente.

En la pequeña estancia surgen varias cajoneras que aparentemente no dicen nada. Son rectangulares, de unos dos metros de altura y de color negro. Cuando Manzano despeja la apertura de las primeras de esas torres comienzan a vislumbrarse detalles: ordenadores portátiles, cableado de red, paneles, sistema de refrigeración, de comunicación, almacenamiento... Son en total una veintena de servidores que dan cobertura a toda la institución y a su vez a los municipios en conexión a la misma.

La memoria RAM es de dos terabytes y el disco duro en el que se almacena la información suma otros 140 'teras'. Cada terabyte equivale a 1.000 gigabytes, con espacio para dos largometrajes grabados a calidad media. En un 'tera' se podría acumular toda la información contenida en los folios obtenidos de un bosque de 50.000 árboles.

Pero la cuestión de fondo no es solo el almacenaje, también la gestión. Son las conexiones que se establecen con este centro de proceso de datos sobre el que basculan unos 20 puntos estratégicos: Parque de bomberos, complejo cultural, Julián Murillo... Qué ocurriría si deja de funcionar se intuye solo por las medidas de seguridad que existen alrededor. Por ejemplo seis bombonas de gran tamaño. La instalación contra incendios costó 34.400 euros. La de aire acondicionado que mantiene la estancia a la temperatura adecuada rondó los 65.000. En el exterior permanece a la espera un grupo electrógeno. Aquello no puede detenerse por razones obvias.

Juan Carlos Manzano pone el ejemplo de lo ocurrido este mismo mes. Una avería por unas obras dejó sin luz la Diputación. El centro de datos debía continuar, por lo que al activarse el grupo electrógeno la operativa se mantuvo con toda normalidad.

Para evitar riesgos, la Diputación acaba de contratar a una empresa especializada que se encargará de 'duplicar' esta central de datos. Se está montando ya un centro de respaldo que estará ubicado en una sala del Julián Murillo. Ello se debe a «la importancia y criticidad de la información almacenada y de los servicios ofrecidos y con el fin de garantizar la continuidad» de los mismos, se detalla en la documentación del contrato que salió a concurso en septiembre. «Se evita el riesgo de perder información. El centro de respaldo debe estar dotado técnicamente pero además, y como garantía, tiene que estar ubicado en otro edificio», explica Ana Garrido.

La idea, señala el pliego técnico del concurso, es dar respuesta a «posibles contingencias sobrevenidas» en el actual centro. El proceso ya está en marcha e incluirá «los más altos niveles de seguridad y redundancia para la prestación de servicios». «En esencia, el funcionamiento es como el de cualquier entidad bancaria», añade el director del Área TIC. Se contempla una especie de clonado del actual sistema, de tal forma que en caso de que éste quede inoperativo se active el recambio. El CPD del Julián Murillo cuenta con un presupuesto de 103.000 euros.