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El relojero que marca la hora de los extremeños

Juan Carlos Moreno, en el almacén cacereño donde arregla los relojes monumentales.
Juan Carlos Moreno, en el almacén cacereño donde arregla los relojes monumentales. / Jorge Rey
  • El cacereño Juan Carlos Moreno se encarga de arreglar y mantener un centenar de relojes públicos de toda la región

El reloj del ayuntamiento de Cáceres, el de Zafra, el de Plasencia, el de Miajadas, el de Don Benito, el de la Catedral de Badajoz, el de la estación de autobuses de Mérida... La lista de clientes de Juan Carlos Moreno Duque (Cáceres, 1960) es larga. Tanto, que este relojero es el encargado del arreglo y mantenimiento de un centenar de esferas públicas de toda la región.

Con el cambio de hora de la próxima madrugada –a las tres serán las dos– concluirá para este cacereño una semana de mucho trabajo. El jueves, sin ir más lejos, se desplazó hasta Fuentes de León, Zafra y Valencia del Ventoso para supervisar las maquinarias de estas localidades. Es lo que toca. Aunque la mayoría de los relojes industriales cuentan ya con sistemas modernos que permiten su actualización horaria de manera automática, durante los días previos hay que asegurarse de que todo está en orden. Un corte en el suministro eléctrico, por ejemplo, podría alterar el funcionamiento de estas piezas.

Juan Carlos se adentró en el mundo de la relojería a los 15 años, de la mano de un tío suyo. Pero fue en 1986 cuando decidió volcarse de lleno en una profesión que adora. Creó su sello empresarial, Sistecron S. L., especializado en las maquinarias industriales. Su sede está ubicada en el número 6 de la calle San Juan de Dios de Cáceres. Con tres décadas de oficio a sus espaldas, acumula un buen puñado de anécdotas que cuenta durante la entrevista con el entusiasmo de un principiante.

«Hay algunos relojes antiguos, con el sistema clásico, que hay que cambiarlos a mano. De estos ya quedan muy pocos. El resto hay que configurarlos previamente para que realicen el cambio horario», cuenta tras el mostrador de su establecimiento. «En los relojes modernos el cambio de hora se hace de forma instantánea. Cuentan con centrales horarias donde nosotros prefijamos la fecha de cambio», detalla.

La mayoría de los relojes monumentales que salpican las ciudades y pueblos de la región han ido adaptando sus maquinarias a los nuevos tiempos. El que corona el ayuntamiento de Cáceres, por ejemplo, se instaló en la década de los cuarenta. Pero en 1997 se cambió su mecanismo y el antiguo se llevó al Museo Municipal. «Antes teníamos que cambiar la hora en el mismo día y en el mismo momento. Uno de los pocos relojes que quedan así es el de la Puerta del Sol, en Madrid. Aquí de esos prácticamente ya no quedan. Por eso nuestra labor en estas fechas consiste en supervisar los sistemas para que no fallen», zanja.

El de Coria, su favorito

Entre todos los dispositivos de la región que Juan Carlos Moreno ha tenido la ocasión de contemplar hay un favorito. Es una maquinaria del siglo XV que se conserva en el interior de la Catedral de Coria, aunque ya no está activa. «Es un reloj al que tengo mucho cariño porque fue uno de los primeros con los que trabajé. Es un reloj de jaula y es una auténtica obra de arte», apunta.

Entre los recuerdos curiosos que asaltan la memoria del relojero está la anécdota protagonizada por don Manuel Vidal, antiguo párroco de San Juan. El reloj de esta iglesia cacereña, indica, es el primero que su empresa electrificó para hacer el cambio de hora de forma automáticas. «El párroco no se creía que el reloj fuera a cambiar de hora solo, gracias a la instalación de una antena a través de la cual recibiría una señal codificada», ilustra. «Pero el domingo por la mañana, a las siete, sonó el teléfono de mi casa. Al otro lado estaba don Manuel para decirme que el reloj había cambiado de hora», rememora entre risas.

Mañana, domingo, Juan Carlos Moreno se levantará «muy temprano» y hará un recorrido a pie por todos los relojes de cuyo funcionamiento es responsable en su ciudad natal. Pasará por el Ayuntamiento, por la parroquia de San Juan, por la iglesia de San Mateo, por la de Fátima y por la torre de la Plaza de Italia. «Siempre me doy una vuelta para comprobar que todo está bien y quedarme tranquilo», concluye el relojero que supervisa algunas de las esferas públicas de referencia para los extremeños. Deja atrás una de las semanas más intensas del año.