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Elviro Meseguer:: Juanjo Narbón
Elviro Meseguer:: Juanjo Narbón

El alcalde de Cáceres que frenó a los caciques azules

  • Para juicio... ¡El del Crimen de Miajadas!»

En el Palacio de Justicia de Cáceres, el viejo funcionario sonrió al joven periodista que estaba nervioso al cubrir su primer juicio por asesinato. Mientras el criminal pasaba a su lado esposado, rodeado de policías, el juntaletras hizo caso al ujier que le indicó que se sentara en el primer banco de madera, el dedicado a la prensa por ser el único que tenía repisa para escribir. Seguramente para aminorarle los nervios, el funcionario le comentó en voz baja: «bah, este es un juicio más. Para importante el del Crimen de Miajadas. ¡Ése sí que fue un juicio de tomo y lomo!»

Se sucedieron los juicios y hasta que se jubiló, el funcionario siguió diciendo al plumilla cuando le veía dispuesto a entrar en la sala de vistas: «bah este es un juicio de chichinabo. Para juicio... ¡El del Crimen de Miajadas!». Ha tenido que pasar mucho tiempo para que a aquel juntaletras se le dé ahora por meter la nariz en hemerotecas y bibliotecas para saber algo de aquel famoso crimen.

Uno de los que mejor lo conocen es el escritor Luis Martínez Terrón (Ceclavín, Cáceres 1930), que fue guardia civil y en 1968 (20 años después del crimen), estuvo destinado en la zona. En su libro 'Memoria Popular de la Infamia en Extremadura' destaca que los hermanos González, se habían convertido en auténticos caciques de Miajadas desde que se hicieron imprescindibles para el bando nacional para controlar la zona durante la Guerra Civil. Los dos eran falangistas, amigos del ministro Raimundo Fernández Cuesta y del capitán de la falange cacereña, Manuel Luna. A los dos les gustaba decidir sobre vidas y haciendas vestidos con camisa azul y correajes. Uno de los hermanos, Francisco, fue alcalde de Miajadas desde el 1 de agosto de 1936, y luego diputado provincial; mientras su hermano José se encargaba de 'los negocios', prestando dinero con grandes intereses y malpagando a sus obreros.

El problema surgió cuando la hija de José González, María, se enamoró de un vendedor de sandías y melones, de Valentín Corrales Vázquez. José le advirtió que dejara de salir con su hija o que le mataba. Valentín no le escuchó y él hizo lo que seguramente debió hacer más veces.

El 15 de agosto de 1948 María se fue al cercano pueblo de Almoharín para pasar unos días con unos parientes. El 17 de agosto, Valentín fue a verla, trasladándose en bicicleta. José y los suyos le esperaron a su regreso a las afueras de Miajadas, en las obras del silo. La cuadrilla estaba formada por cinco hombres: Los dos hermanos González, su tío Francisco Díaz, apodado 'El Llorón', y sus amigos José Torres, 'El Dañino' y Juan Eloy Ruiz. Les acompañó Diego Caro, que era amigo del novio y fue usado de señuelo. Diego esperó en la carretera mientras los otros estaban escondidos. A las tres y media de la madrugada llegó Valentín en bicicleta, paró al ver al amigo y entonces los otros le atacaron. Le pegaron y le torturaron, hasta que se lo llevaron al cementerio y acabaron con su vida de un tiro en la cabeza.

Al día siguiente fue encontrado el muerto y el silencio se adueñó de Miajadas. Nadie se atrevió a detener a los González aunque todos sabían que habían sido ellos. Se asegura que al final la autoridad intervino gracias a que a unos militares de alta graduación, que iban a Madrid, se les estropeó el coche al lado de la casa de los padres de Valentín. Éstos les ayudaron y les contaron que el asesinato de su hijo estaba impune, indicando ellos que lo iban a contar en Madrid. Otros dicen que fue importante la intervención del cura de Benquerencia, Diego Encina.

La realidad es que, al final, los caciques y su cuadrilla fueron detenidos y juzgados en la Audiencia de Cáceres en noviembre de 1951. El juicio duró una semana, y era tal la expectación que había colas para entrar, llegando a pagarse el sitio en la cola a 50 y 100 pesetas. Fue importante para ver que España había cambiado, el que el hombre que representaba a la familia del asesinado era el alcalde franquista de Cáceres, Francisco Elviro Meseguer. Nacido en Brozas en 1911, fue alcalde de Cáceres desde 1948 a 1955, y luego le nombraron gobernador civil de Toledo, de 1956 a 1963. A él no le tembló la voz cuando pidió la pena de muerte para los caciques, tampoco le tembló al fiscal Alejandro Cobelas.

El juicio fue seguido en toda España y también en el extranjero, donde se bautizó con el nombre de 'El crimen azul'. Al final los cinco miembros de la cuadrilla fueron condenados a 30 años, cada uno. A 17 años 'el amigo' Diego Caro. A 10 años el encubridor Juan Méndez Riego y a 7 Andrea Jiménez, la dueña del puticlub en donde se limpiaron la sangre.

Terrón cuenta que 'El llorón' se suicidó en la cárcel y la novia de Valentín, la hija del asesino, se casó con un taxista de Miajadas.

La verdad. Tenía razón el viejo funcionario: ¡Ése sí que fue un juicio! Y doy gracias a que en 30 años cubriendo noticias de tribunales no hubiera tenido un juicio semejante. Porque eso demuestra que Extremadura, gracias a gente como Elviro Meseguer... ya no es lo que era.