Hoy

¿Argollas para dragones en un palacio de Cáceres?

El Palacio de Mayoralgo hace más de un siglo con las argollas en la parte superior. :: S. E.
El Palacio de Mayoralgo hace más de un siglo con las argollas en la parte superior. :: S. E.

La historia de Cáceres es apasionante. Hay mucha gente que más o menos la conoce, y el que más y el que menos hace demostración de lo que sabe con mayor o menor humildad. Me encontré con uno de ellos, algo arrogante, en uno de los bares que más me gustan de la Plaza Mayor, en la Taberna El Rincón. Pasó cerca de la mesa que yo ocupaba en la terraza y se detuvo delante. Él de pie y yo sentado.

-¡Oye, periodista! - dijo, sonando el nombre del querido oficio algo despectivo -. ¿A qué no sabes la razón por la que en el Palacio de Mayoralgo las argollas de los caballos están junto al tejado?

- Pues no lo sé.

- Pues porque cuando se reconstruyó el palacio después del bombardeo (bueno, igual no sabes que una bomba le cayó encima en la Guerra), los que lo reconstruyeron se hicieron un lío y las piedras con las argollas las pusieron cerca del tejado, en vez de dejarlas cerca del suelo. ¿No lo sabías, eh? - dijo en voz alta, mirando satisfecho a los parroquianos de las otras mesas que estaban atentos.

La cosa quedó así, pero desde entonces yo se la tenía guardaba al 'historiador'.

Sí sabía lo de la bomba porque había escrito sobre ello en julio de 2012, cuando se cumplieron 75 años del bombardeo de la ciudad.

En la mañana del 23 de julio de 1937 cinco aviones soviéticos Tupolev SB2, conocidos con el nombre de Katiuskas, llegaron a la ciudad de Cáceres procedentes de la base aérea de Los Llanos, en Albacete. Sembraron el terror en la ciudad que había sido el primer cuartel general de Franco. Fue a las nueve y media de la mañana, cuando los niños iban al colegio y muchas mujeres estaban rezando en la iglesia de Santa María (aún no había sido proclamada concatedral), ya que aquí se encontraba la imagen de La Virgen de La Montaña.

Dos de la cuatro argollas y el escudo con dos dragones

Dos de la cuatro argollas y el escudo con dos dragones

Los cinco aviones republicanos arrojaron 18 bombas. Según Antonio Reyes Huertas hubo 41 muertos y 60 heridos, según el historiador Ángel Davíd Martín fueron 35 muertos y 60 heridos. Entre los fallecidos una niña de 4 años, un niño de 5, dos de 6 años, otro de 7 años y uno de 8 años.

Varias bombas cayeron en la zona de la Plaza de Santa María, ya que era una objetivo militar: en lo que ahora es la sede de la Diputación estaba el Gobierno Militar, y el Gobierno Civil se encontraba al lado, en el palacio de los Golfines de Abajo.

Lleno de curiosidad mire en varios sitios la historia del Palacio de Mayoralgo. Leí lo que escribió José Miguel de Mayoralgo y Lodo, conde de Acevedos, sobre quienes habitaron el palacio, conociendo que cuando cayó la bomba estaba viviendo en el edificio Miguel de Mayoralgo y Torres Cabrera (1881-1941), resultando él herido de cierta consideración, al igual que alguna de sus hijas. «En el Palacio de Mayoralgo sólo hubo una víctima mortal, aunque no pertenecía a la familia», escribió José Miguel de Mayoralgo, que al contar la historia de su familia explica que José María de Mayoralgo y Golfín (1723-1804), al ver que sus dos hijos habían muerto jóvenes, sin descendencia, para que no se extinguiera la familia Mayoralgo, cuando tenía 61 años, al ser viudo se casó con una joven de 19 años, Isabel de Ovando y Vera, que le dio una hija y un hijo. El heredero fue José Bibiano de Mayoralgo, que con 14 años fue casado con una joven de 21 años, hija del I Conde de los Acevedos. El esposo púber sería después alcalde de Cáceres en 1813.

Nada descubrí de las argollas, llegando a pensar que igual era cierta la metedura de pata de los obreros, que en 1942 reconstruyeron la fachada a costa de la Dirección General de Bellas Artes.

Fachada del palacio tras ser bombardeado en 1937

Fachada del palacio tras ser bombardeado en 1937

Aquí hubiera terminado todo de no ser por mi compañero, el fotógrafo Salvador Guinea, al que le entusiasman las fotografías antiguas. Conociendo la polémica de las argollas, terminó con ella cuando me enseñó una postal antigua del palacio. Una hermosa imagen de principios del siglo XX...¡en donde se ven las cuatro argollas en la parte superior del edificio! Por lo tanto, lo contado como cierto por el impertinente 'historiador', se convertía en una vulgar patraña. Hice una reproducción de la vieja postal en grande. Esperé a que el 'historiador' se sentará en la terraza de la taberna El Rincón, y cuando lo hizo, le puse la foto sobre su mesa, rodeando con un rotulador rojo las cuatro argollas.

-Estaban ahí antes de la Guerra. La foto debe ser de 1910.

El hombre se quedó con la boca abierta y sólo acertó a decir:

-Pero, entonces... esas argollas, si no eran para caballos ¿para qué eran?

-¡¿Yo qué sé?! Igual eran para atar los dragones de Juegos de Tronos. Igual nuestro patrón San Jorge ató allí al dragón antes de matarlo. ¡¿Yo qué sé?!

Cuando poco después, al saborear la pequeña victoria, paseé por la Plaza de Santa María, me puse a admirar las cuatro argollas, y me detuve en el fabuloso escudo de granito de los Mayoralgo, que está justo debajo de los aros de metal. El escudo lo forman una torre y un águila, y debajo hay una frase en latín tomada del libro de los Salmos, que significa: «Sé, Señor, para nosotros torre de fortaleza para que como la del águila se renueve nuestra juventud».

Me quede yo también casi de piedra cuando vi que del escudo salen dos lambrequines, dos adornos que en su interior tienen dos ángeles... y dos dragones.