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La maleza y la suciedad se abren paso en la Ribera del Marco

  • Los vertidos residuales de viviendas cercanas salpican de toallitas el paseo verde

«Esto es una vergüenza. Aquí no hacen nada». El lamento suena en las inmediaciones de la Charca del Marco. Sale de la boca de un veterano vecino de la zona, que lleva 54 años residiendo en el lugar. «A veces barro yo para limpiar la suciedad porque a mi mujer le cuesta trabajo caminar», dice mientras señala la basura que se acumula bajo un banco, en el parque situado junto al estanque.

Bienvenidos a la Ribera del Marco. Son las once de la mañana de un soleado día de octubre y el canto de los pájaros acompaña al visitante durante su paseo por este corredor verde de la ciudad. Sin embargo, la estampa idílica se rompe a pocos metros del inicio del camino.

Flotando en el agua de la propia charca se puede ver un envase de cartón de vino tinto, una botella vacía de Coca-Cola que muestra signos evidentes del paso del tiempo, una caja de fruta... «Esta zona bien cuidada es un atractivo turístico más de la ciudad, pero muestra signos de falta de mantenimiento», indica sobre el terreno el historiador Juan Carlos Martín Borreguero, coautor del libro titulado 'La cacereña Ribera del Marco', editado en el año 2008 por el Ayuntamiento de Cáceres.

No es el único que da la voz de alarma sobre el estado en el que se encuentra la Ribera. En una carta al director publicada por este diario el pasado 23 de septiembre Samuel Canales alertaba de su degradación. «Basta darse un paseo desde la Charca del Marco y siguiendo el curso del agua para poder comprobar con nuestros propios ojos el estado de abandono en que se encuentra (...) Es necesario y urgente su limpieza de zarzas, vegetación y basura urbana; y cómo no, también el acondicionamiento de las tierras fértiles y abandonadas en huertos urbanos que sin duda le darían otro aire más civilizado a este enclave cacereño», concluía la misiva del lector.

Un recorrido por el cauce alto de la Ribera, tramo comprendido entre la Charca del Marco y Fuente Fría, permite al viandante hacerse una idea del estado en el que se encuentra el paseo. Los grafitis han comenzado a adueñarse de los paneles explicativos que salpican el recorrido. Uno de ellos, el situado frente al antiguo molino de aceite reconvertido en Espacio para la Creación Joven, da fe de la importancia histórica del espacio. En ese punto, indica el rótulo, nace la Ribera del Marco, cuya extensión se prolonga durante seis kilómetros y medio de longitud.

Los orígenes

El manantial es fruto de la emanación de agua del Calerizo cacereño, además de nutrirse de fuentes como Fuente Fría, Fuente Nueva, Fuente Concejo o Fuente Rocha. «Pase a que no es un río grande ni caudaloso, ha sido indispensable para Cáceres y su historia, ya que permitió el desarrollo de muchas civilizaciones y con ello la evolución de la ciudad y su entorno agrícola, hasta ser lo que es hoy día», reza el rótulo. En el año 1900 la Ribera del Marco regaba una treintena de hectáreas de huertas, movía los mecanismos de 25 molinos y permitía la existencia de talleres y zonas industriales sobre la que se sustentaba buena parte de la economía local.

Ahora la situación es muy distinta. Algunas huertas siguen en funcionamiento. Una buena parte está gestionada por el Ayuntamiento a través del programa huertos de ocio de la Universidad Popular. Jubilados plantan y cuidan las tierras de forma temporal dentro de un proyecto enfocado a dar una alternativa a la tercera edad y a mantener viva esa gran huerta que dio de comer a toda una ciudad en otra época. Otros terrenos son explotados por colectivos de autoconsumo como 'El Jardín de la Luna', que ha pedido al Consistorio la cesión formal del espacio para poder llevar a cabo actividades sociales.

Pero la Ribera está llamada a ser un gran paseo para la ciudad, un espacio de esparcimiento que no acaba de despegar por falta de financiación. Su futuro es una asignatura pendiente desde hace décadas. Está prevista una inversión de seis millones de euros, con cargo a la Confederación Hidrográfica del Tajo, destinada a mejorar el tramo que va desde Puente Vadillo al cruce con la carretera de Trujillo. El proyecto contempla la naturalización del cauce, un colector subterráneo de aguas residuales, zona de paseo y carril bici.

De forma paralela a este proyecto de gran envergadura, el Ayuntamiento ha ido realizando labores mucho más modestas de mejora, de las mano en muchas ocasiones de las escuelas-taller de la Universidad Popular. Una de las últimas actuaciones se llevó a cabo en 2012. Se invirtieron 365.000 euros, procedentes de fondos europeos y municipales, en limpiar y mejorar el aspecto de la charca del Marco, la supresión de plantas invasivas, la retirada de basuras, la colocación de rótulos informativos, el desbroce de arbustos y la reparación de caminos.

Hoy la Charca del Marco presenta un color parduzco que da muestra de la suciedad acumulada. Las zarzas se abren paso en los caminos y los juncos entorpecen el fino hilo de agua de la Ribera, casi inexistente en estos momentos. A estas alturas del año, con meses sin precipitaciones, el agua casi ha desaparecido. Con las lluvias del otoño y el aumento del caudal, se podrían ocasionar taponamientos en diversos tramos, alertan los expertos. «¡Esto es la selva!», grita un paseante habitual de la zona mientras camina acompañado de dos perros.

Uno de los principales problemas que la Ribera presenta en la actualidad es la acumulación de toallitas húmedas no degradables amarradas a la maleza. Se pueden ver a lo largo del cauce. Proceden, explica Juan Carlos Martín Borreguero, de los nuevos residenciales construidos en las inmediaciones, frente al Hospital San Pedro de Alcántara y al edificio de los juzgados, y de otras viviendas cercanas.

Hay un punto en la Ribera del Marco donde el agua comienza a sonar con fuerza. Esta agua, señala el historiador, no es del Calerizo. Procede de un pozo situado tras una rejilla donde van a parar todas las alcantarillas de las urbanizaciones próximas. El problema llega cuando el agua de ese pozo de aguas residuales rebosa y va a parar directamente a la Ribera. «Todas esas alcantarillas vienen a verter a este pozo grande. Lo que ocurre es que el tubo no tiene suficiente caudal para admitir tanta agua. Y por eso está este rebosadero», dice en referencia a la rejilla, visible desde el camino.

Respuesta municipal

«Lo que no es normal -prosigue Martín Borreguero- es que ese rebosadero dé a la Ribera porque aquí se mezclan las aguas sucias con las aguas limpias. Tendrían que mantenerse por separado. No me parece ético», denuncia el historiador. No es el único punto de la Ribera del Marco, agrega, donde ocurre.

Con vistas a la Ciudad Monumental y el Santuario de la Virgen de la Montaña, esta zona verde está a un paso del asfalto. De ahí que sea una zona habitual de paseo para los cacereños, aunque su estado no lo demuestre. Consultada por este diario, la concejala de Medio Ambiente, Montaña Jiménez, ha indicado que tanto la Ribera como su cauce es competencia de la Confederación Hidrográfica del Tajo, concretamente de la Comisaría de Aguas, según el Reglamento de Dominio Público Hidráulico. El Ayuntamiento, señala, solicitará la limpieza del entorno a la CHT. La última vez que se intervino, precisa, fue hace medio año pero sólo se actuó en aquella ocasión en el entorno del Espacio de la Creación Joven. En el resto no.

«En cualquier otra ciudad la Ribera del Marco sería oro para el turismo, pero aquí parece que nos estorba», zanja Martín Borreguero. La Ribera del Marco no vive su mejor momento.