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Alzapiernas, una llegada de vértigo a Cáceres

La denominación de Alzapiernas es del siglo XX, antes esta calle se llamaba Piedad Baja. :: jorge rey
La denominación de Alzapiernas es del siglo XX, antes esta calle se llamaba Piedad Baja. :: jorge rey
  • El proyecto de una escalera mecánica transformará una de las históricas calles de la ciudad, vía de acceso del turismo

Hay algo mágico cuando se analiza el callejero de las ciudades. Un rastreo por sus nombres nos remite a pasados en sepia en los que todo era muy diferente, había otros gremios (Caleros, Curtidores), la vida era agrícola y ganadera (Cordel de Merinas, Reñidero de Gallos) y la relación entre las personas y el medio tenía otra dimensión. Puede que dentro de unos años también se examine con curiosidad el nombre de la calle que nos ocupa y alguien diga, con asombro, que hubo un día en el que los humanos tenían que alzar sus piernas para escalar la enorme pendiente de esta vía de conexión del parking Galarza con el casco histórico muy secundada por turistas.

Como bien dice el gran conocedor de la ciudad Antonio Bueno, escritor de turismo, la instalación de una escalera mecánica para salvar la treintena de escalones con las que cuenta, un proyecto anunciado esta semana por el Ayuntamiento, cambiaría la esencia de su nombre, porque ya no será necesario hacer tanto esfuerzo para recorrer el espacio entre las calles Parras y Moret, que quedan unido por este pequeño y vertiginoso tramo.

El historiador Francis Acedo indica que la denominación Alzapiernas es relativamente reciente, del siglo XX. Anteriormente se llamaba Piedad Baja, por la cercanía de la ermita de la Piedad, que ya no existe. Había también una calle Piedad Alta, que actualmente es Maestro Ángel Rodríguez, también junto a la Plaza de la Concepción. Es, pues, una calle histórica pero con un nombre que no tiene una gran solera pero que sin duda le viene al pelo. El guía turístico Marco Mangut cuenta divertido cómo lo llamativo del nombre y de la inclinación de la calle sirve para situar a los turistas, pero que estos hacen después su particular transformación. «Yo les digo que para acceder al parking en donde está su autobús tienen que llegar a Alzapiernas, y ellos empiezan que si la calle de las piernas abiertas o la de sube la pata». El nombre da para una andanada de chistes.

Esacaparate de la ferretería Marcos Rebollo, en Alzapiernas

Esacaparate de la ferretería Marcos Rebollo, en Alzapiernas / J-. REY

Sin embargo, no todo en esta calle ha sido, a lo largo de su historia, ha sido tan amable. En el año 92 se produjo un crimen cuando un hostelero apuñaló a un joven de 27 años que estaba recuperándose de su adicción a la heroína. El conocido como 'crimen de Alzapiernas' es recordado por muchos cacereños. Nota luctuosa de hace 24 años.

Barandilla

Hoy en día la calle Alzapiernas no destaca por su belleza, aunque a bien que se ha ganado, tanto por su forma como por su nombre, una medalla por original. En el año 1991 se llevó a cabo una importante reforma que le hizo ganar en accesibilidad. Se llevó a cabo la construcción de una rampa y una barandilla protectora, para facilitar el tránsito de personas con carrito que acudían al mercado de abastos, situado donde actualmente se encuentra el parking de Galarza.

La calle cuenta con tres portales de viviendas y dos locales abiertos. No hay un vecindario estable, sino más bien trabajadores de la hostelería que van rotando. Por la mañana, nadie atiende a los timbres para relatar cómo es la vida en ese trocito de mundo que se reformará con fondos europeos.

En la parte alta de la escalera, frente a frente, conviven un local que, con distintos nombres, lleva ubicado aquí desde 1972, 'La Esencia Extremeña' y otro que acaba de abrir hace un mes, 'La Garza'. Juan Manuel Fragoso ha vivido las distintas épocas de su negocio desde que era un niño y el local se llamaba 'La Perdiz'. «Ahora ya no hay clientela fija, puedo tener 10 o 15 personas de la zona que son habituales, pero el resto es tapeo para los turistas», explica. Él defiende la idea de la escalera mecánica, aunque todavía no se sepa a ciencia cierta ni cuándo empezará la obra ni cómo quedará. «Igual perjudica a mi negocio, porque la gente ya no sube tan cansada», bromea. Le aliviará el no tener que presenciar tantas caídas como hasta ahora. «Por aquí viene mucha gente mayor», precisa. Cada dos por tres tiene que auxiliar a alguien.

A pesar de que el coqueto restaurante 'La Garza' acaba de iniciar su actividad (aunque forma parte del edificio turístico que está justo frente al parking), también se beneficiará de la escalera automática. Dos de sus empleados, Juan Manuel Cortijo e Ignacio Grado, creen que es positivo avanzar en cuanto a accesibilidad.

Los escaparates de la ferretería Mateos Rebollo tienen una gran presencia en Alzapiernas. Hay una entrada del local en esta calle, aunque la principal está en Moret. Las impresionantes navajas de todos los tamaños son una de las señas de identidad de este local, que lleva décadas aquí ubicado, según uno de sus trabajadores, Aitor Carrero. Un paseo reposado por estas ventanas muestran objetos de lo más curiosos, como las navajillas suizas con la cara de Franco, banderas de España con el escudo preconstitucional o parches militares, como uno de la legión de José Antonio. También hay algún objeto con la bandera tricolor de la Segunda República. Al lado, objetos de recuerdo, como tazas. Aunque el paso por esta calle sería mucho más rápido con escalera automática, Carrero considera que será bueno «para la gente mayor», ya que les ha tocado ver también «muchas caídas» y que aún desconocen cómo será exactamente el proyecto, y en qué lado estará la escalera.

Resoplando llega una turista valenciana a lo alto de las escaleras de Alzapiernas. A pesar del cansancio Montserrat Soler lo tiene claro. «Los cascos antiguos son como son, una escalera es algo muy artificial».

Ana María Rubio y Reme Rato, vecinas de la zona, reconocen que se pasan el día «sube y baja» y que para los vecinos y para los turistas será una mejora.

Juan Luis Durán, dueño de 'El Siglo, Productos de la Tierra' en Moret, maneja un dato de un estudio del Ayuntamiento en el que se habla de que 1.200 personas recorren el cordón que une Galarza con la Plaza. Él lo ve positivo, aunque considera que el proyecto debería haberse planteado mucho antes, para mejorar una accesibilidad que es una tarjeta de presentación para todos los que llegan.