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Fachada del antiguo hotel Álvarez de Cáceres. :: Jorge REy
Fachada del antiguo hotel Álvarez de Cáceres. :: Jorge REy

Cáceres, septiembre del 36

  • Hace 80 años, se decidía en la ciudad el rumbo convulso del mundo

Hace justo ahora 80 años, pasaron en Cáceres cosas importantes. Desde que Franco aterrizó en el campo de aviación cacereño, el 26 de agosto de 1936, hasta que traslada definitivamente su cuartel general a Salamanca, el 3 de octubre de ese año, se suceden 39 días intensos en los que Cáceres se convierte en el epicentro de un mundo convulso abocado a una gran tragedia.

Acababa de inaugurase el hotel Álvarez el 18 de mayo (hoy hotel Alfonso IX) y hacía poco más de un año, el 25 de febrero de 1935, que había abierto el Jámec en Pintores, con su lujosa cafetería concierto en la planta baja, el restaurante en el primer piso y un hotel en las dos siguientes. Además, el Álvarez contaba con una central telefónica Standard, que iba a ser muy útil a los oficiales que allí se alojaron.

A estos locales de categoría, se unían el Viena, menos elegante, donde hoy abre Decathlon, la cervecería Castaño, donde El Corregidor, en la calle Moret. En esa calle, también estaban la taberna La Catalana o el bar de Sánchez. Más de señoritos era el Gironés, en San Juan. Popular por sus ranas y sus gambas rebozadas era Casa Juan, en la calle Parras, y en la plaza Mayor, el hotel Europa reunía en su tertulia a Narciso Maderal, director del periódico Nuevo Día, a Manuel Plasencia o a Gonzalo López-Montenegro, que cedería su palacio de los Golfines de Arriba a Franco para que estableciera en él su Estado Mayor.

En ese Cáceres de cafés y tertulias, tendrán lugar, durante ese mes de septiembre de hace ahora 80 años, reuniones y movimientos que marcarán el curso de la guerra y de la historia. El 23 de septiembre llegarían a Cáceres desde Francia, donde estaban refugiadas desde hacía dos meses, Carmen Polo, esposa de Francisco Franco, y su hija Carmencita.

Uno podía cruzarse por la calle con Nicolás Franco Salgado-Araújo, primo de Franco y gran estratega de su acción política para convertirse en jefe del nuevo estado, o con su equipo de militares de Estado Mayor, que diseñaban las estrategias de la guerra y del ascenso de Franco al mando político de la zona Nacional. Será el 28 de septiembre de 1936 cuando se celebren las reuniones en el aeródromo de Salamanca de las que Franco sale investido jefe del estado y es en Cáceres donde se produce su proclamación. En el balcón de los Golfines, Millán Astray inventa el Franco, Franco, Franco, luego tan popular.

En aquel septiembre de hace 80 años, hervidero de guerra y política, pasaron por Cáceres los generales Mola y Kindelán, que prácticamente residía aquí, emisarios americanos de compañías petrolíferas, que ofrecían combustible casi regalado a las tropas franquistas, el general alemán Wilberg, jefe de una comisión interdepartamental enviada por Hitler, el frío y astuto comisionado germano Johannes Bernhardt o el teniente coronel de la fuerza aérea italiana Ruggero Bonomi, todos ellos partícipes de negociaciones y movimientos bélicos que tienen lugar en Cáceres, donde se decide atacar el Alcázar en lugar de caer sobre Madrid, alargando así la guerra dos años, y donde se consigue asegurar la ayuda militar de Italia y Alemania.

Pero la importancia de Cáceres como escenario durante septiembre del 36 es más política que militar. Aún no estaba claro si sería Franco o sería Queipo de Llano el Generalísimo y, en ese punto, aparece el personaje más taimado y calculador de cuantos se movieron por Cáceres hace ahora 80 años. Me refiero a José Antonio de Sangróniz y Cuesta, Marqués de Desio, que llegaba a Cáceres desde Sevilla todos los días a las 9 en un avión Junker y se volvía a las 13 horas en el mismo avión durante los 39 días que estuvo Franco en Cáceres. Sangróniz le confesó a Franco Salgado-Araújo que como no sabía de qué manera se resolvería el asunto del mando supremo entre Queipo y Franco, había decidido servir por las mañanas a Franco en Cáceres y por las tardes a Queipo en Sevilla. Ganó Franco y Sangróniz llevó su gabinete diplomático.