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El asesino en masa de Cáceres que figura en la enciclopedia del crimen

Página web de Criminalia ilustrada con la foto de Puerto Hurraco del Diario HOY, hecha por Brígido:: S. E.
Página web de Criminalia ilustrada con la foto de Puerto Hurraco del Diario HOY, hecha por Brígido:: S. E.
  • Dionisio González Cerezo de Zorita, mató a su mujer y a tres de sus hijos a hachazos

Sólo aparece el nombre de un cacereño en Criminalia, la mayor base de datos en español de asesinos en masa y asesinos en serie de todo el mundo. En esta página web (también está en facebook) creada por Juan Ignacio Blanco, Francisco Murcia y Chris B. Campos, figuran cientos de nombres de criminales de numerosos países. Al referirse a España cuenta los crímenes de 97 asesinos y 37 asesinas.

Criminalia relata, por ejemplo, la locura de Manuel Blanco Romasanta (1809-1863), el psicópata de 1,37 centímetros de altura que se creía hombre lobo y mató a nueve personas; habla del elegante José Jarabo, ejecutado en el garrote vil en 1959 por cometer cuatro asesinatos; describe las andanzas de Alfredo Galán Sotillo, el asesino de la baraja, que en 2005 fue condenado a 142 años por matar al azar a seis personas, dejando junto a sus cadáveres una carta; o dedica un espacio a Juan Vila Dilmé, el asesino del geriátrico de Olot, condenado en 2013 a 127 años de cárcel por matar a 11 ancianos. Y entre todos esos asesinos también habla de Dionisio González Cerezo, nacido en el pueblo cacereño de Zorita.

El cacereño está catalogado como un asesino en masa. La diferencia entre asesino en serie y asesino en masa, es que el primero quita la vida a tres o más personas, con un periodo de «enfriamiento» entre cada crimen. En el caso del asesino en masa, éste es un individuo que comete varios asesinatos en una ocasión aislada y en un sólo lugar. Dionisio González tenía 59 años cuando el 21 de noviembre de 1990 protagonizó una gran tragedia en Zorita, localidad que entonces tenía 2.500 habitantes (ahora 1.500). Él estaba casado con Amelia Serrano Chamorro, de 57 años, también natural de Zorita, con la que había tenido cinco hijos. Habían emigrado a Barakaldo y hacía cuatro años que decidieron regresar al pueblo, en donde el Ayuntamiento ayudó a Dionisio a montar un pequeño ultramarinos en el mercado de abastos.

Todos los días se levantaba a las siete de la mañana, se arreglaba, desayunaba y a las ocho ya estaba en la tienda. Pero esa mañana llena de frío y niebla, ese miércoles 21 de noviembre, no fue al trabajo. A las siete y media cogió un hacha grande, con un mango de casi un metro, y protagonizó una matanza en su propia casa, a sangre fría quitó la vida a su mujer, a su hija María de 31 años y a sus dos hijos Marcial y Dionisio, de 28 y 25 años.

22 hachazos

Él tenía una escopeta de caza, pero uso el hacha para poderlos matar uno a uno mientras dormían. Les dio 22 hachazos, todos en la cabeza. La que recibió más golpes, 10, fue su hija María. El joven Dionisio tenía 6 hachazos, y 4 su mujer. Dos su hijo Marcial, que fue el único que pudo ser trasladado al hospital con vida, aunque murió cuando le intentaron llevar en helicóptero al Hospital Infanta Cristina de Badajoz. Cuando terminó la matanza, llamó por teléfono a su hijo mayor, a Blas, que entonces tenía unos 35 años y vivía en Cáceres. Le pidió que fuera al pueblo, y le contó que acababa de matar a sus hermanos y a su madre y que se iba a matar él.

El padre estuvo esperando al hijo, pero Blas llamó a su tía Florentina, hermana de su madre, que vivía al lado. Florentina fue con parte de su familia a la casa de Dionisio, que estaba esperando dentro, al lado de la puerta de entrada, que estaba cerrada. Le pidieron que abriera, pero él no lo hizo. Cogió su escopeta de caza, puso los dos cañones en la boca y disparó. El asesino no llamó a su hija Amelia, que vivía en Zorita.

El suceso conmocionó a toda España, acudiendo numerosos periodistas al día siguiente al cementerio de Zorita en donde impresionaba ver los cinco ataúdes de la familia. Se dijo entonces que el padre de Dionisio ya se había suicidado, ahorcándose cuando la familia vivía en Barakaldo, y toda la gente comentó que el tendero era una persona buena, que decidió terminar con su vida al verse agobiado por un cúmulo de desgracias: Hacía unos meses que había muerto un nieto de poca edad, hijo de Amelia, y su vida se había vuelto un infierno, ya que su mujer había sufrido una trombosis que le había inmovilizado el lado izquierdo y él tenía que ayudarle en todo; también tenía que ayudar a su hija María que era una enferma mental, y él se había quejado a sus vecinos de que algunos de sus hijos estaban enganchados a la heroína. Intervino en el caso el forense José María Montero, actual director del Instituto de Medicina Legal, que señaló que este caso era un ejemplo claro de lo que en los tratados de psiquiatría llaman 'suicidio ampliado', «es típico de personalidades depresivas - explicó al Diario HOY -, que ante circunstancias adversas se plantea el suicidio, reflexiona cómo va a quedar la familia después de su muerte y decide también terminar con la vida de ellos».