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Un figurante en la parte antigua de Cáceres. :: hoy

Entre Invernalia y Verona

  • Trabajar en la parte antigua de Cáceres es en estos días una locura

Ayer iba a trabajar, pero me dijeron que no podía pasar porque iba a haber una explosión. Esperé un rato y volví a la carga, pero el vigilante me volvió a impedir el paso. «Es que van a repetir la explosión», me informó. Y seguí aguardando hasta que me dejó cruzar las líneas y encerrarme (nos prohíben asomarnos a las ventanas del edificio donde trabajo). A veces, abro una pizca la contraventana y descubro un tipo encapuchado, vestido como si fuera un nazareno del Cristo Negro, encaramado a una torre, que de pronto tensa un arco y se prepara para disparar una flecha encendida contra un carro lleno de paja que transporta dos monigotes ataviados con trajes de novios. Y cuando decido irme a casa, puede ser que me pueda ir o que no porque resulta que en ese momento hay unos tipos corriendo por los tejados y la calle tiene que estar completamente vacía.

Así es mi vida durante esta semana. Mi vida y la de decenas de cacereños porque resulta que trabajamos en 'Jolivú', entre decorados de cartón piedra que parecen de granito y resulta que en la plaza donde está mi trabajo hay una fuente preciosa con cuatro caños, un templete que lo mismo sirve para una boda, un discurso o un ajusticiamiento. Los bares son ahora tiendas y donde había una concatedral hay una catedral gótica en construcción, llena de andamios medievales hechos con troncos.

Las calles de nuestro 'Jolivú' particular están llenas de turistas, que alucinan y fotografían más los decorados falsos que los edificios monumentales de verdad. Es un turismo seriéfilo que ha empezado a funcionar antes de que se pasen las series por televisión. El Día de Extremadura, la parte antigua de Cáceres era el punto de destino de cientos de extremeños de toda la región, que venían con sus hijos a conocer nuestro 'Jolivú' regional. Y todo eso cuando solo ha empezado la primera función porque hasta ahora únicamente se está rodando, que no grabando, una de las tres series que han convertido Extremadura en su 'Jolivú' temporal.

Lo de rodar y grabar es algo que aprendí hace años, cuando colaboraba con gente de la tele y me dejaron claro que se ruedan las series y las películas y se graban los documentales y los programas de televisión. En Cáceres, estos días, se rueda, y quienes trabajamos o vivimos en la ciudad monumental hemos visto cómo nuestra cotidianidad se trastocaba: entramos por puertas falsas o escondidas, salimos cuando nos dejan, para tomar un café hemos de dar vueltas y más vueltas, pero todo lo damos por bien empleado porque entendemos que si Cudillero triplicó sus turistas por aparecer en una serie sobre un médico, Cáceres, Trujillo, Malpartida de Cáceres o Plasencia pueden por fin dejar de ser las grandes desconocidas gracias a estas tres series que se verán en las televisiones de medio mundo.

Algo muy curioso es lo que está pasando con los estudiantes que quieren acceder a una plaza en la Escuela Superior de Arte Dramático de Extremadura. Este año, no sé si también por influencia de las series, hay más aspirantes que nunca, un total de 42, que vienen de Extremadura, pero también de Sevilla, Córdoba, Salamanca, Pontevedra. Al llegar a la parte antigua para hacer las pruebas de acceso, se encuentran con centenares de figurantes, con actores por aquí y por allá, con cámaras, decorados, productores, directores y ayudantes y se preguntan si habrán llegado al paraíso de los actores y los directores.

Todo esto es un poco ficticio, flor de un día. Un 'Jolivú' pasajero, sí, pero también la semilla de una posibilidad, el redescubrimiento de escenarios magníficos para series de época en un momento en que Netflix, Amazon, Movistar, HBO, ABC, Atresmedia, etcétera compiten por dominar un mercado televisivo que cada vez demanda más series de calidad. Tiene narices que quizás dejemos de ser la gran desconocida gracias a los americanos y a ser trasunto de Invernalia, Verona y Barcelona.