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La acuarela de Campón 'Caballero saludando'. :: s.e.
La acuarela de Campón 'Caballero saludando'. :: s.e.

Pedro Campón, el genial cacereño que creó su partido político

  • Él era un vehemente orador que daba sus mítines sobre uno de los dos leones de bronce situados en la entrada del Congreso de los Diputados

En los últimos tiempos en España surgen partidos políticos sin parar (Podemos, Barcelona en Comú, Ahora Madrid, Ciudadanos, VOX, Partido Demócrata Catalán, X La Izquierda...), y por eso desde aquí nos atrevemos a apuntar a los que tienen ganas de aventurarse en el mundo de la política y no saben muy bien cómo llamar a su nuevo partido, que pueden rescatar el nombre de uno que nació y desapareció en los años 20 y que fue creado por un singular y genial cacereño.

Estamos hablando del partido Eti-estético, que fundó el increíble artista extremeño Pedro Campón en 1922 con la idea de ser diputado a cortes en Madrid. Él era un vehemente orador que daba sus mítines sobre uno de los dos leones de bronce situados en la entrada del Congreso de los Diputados, para luego ser paseado a hombros por jóvenes universitarios, que eran sus más fervientes seguidores.

Autorretrato de Pedro Campón cuando tenía unos 35 años.

Autorretrato de Pedro Campón cuando tenía unos 35 años. / S.E

Campón afirmaba que su partido perseguía, «la acción social por la moral y la belleza, unidos en una sola entidad como los conceptos de tiempo y espacio por el profesor Einstein». Él explicaba que el partido seguía doce puntos fundamentales, insistiendo en que en España hay que hacer: ciencia, nación, arte, historia, vida, conciencia, razón, equidad, justicia, orden, respeto y obedecer a estas categorías.

El programa de Eti-estético se basaba en la libertad, la luz y el amor. El cacereño no salió diputado por Madrid por muy pocos votos. En 1923, el 8 de noviembre, el periódico La Opinión contaba que eso no pareció importar a parte de sus seguidores, ya que la noche del escrutinio, «sus amigos le quisieron meter en el Congreso a viva fuerza, y pidieron la llave al portero, que se negó a entregarla».

En los años 20 Campón era un personaje muy conocido en Madrid, en donde asombraba sus muchas facetas, ya que era un reconocido pintor y músico, que había sido transformista, ayudante de fakir, domador de leones, periodista, funanbulista y había recorrido más de medio mundo.

Su figura ha sido estudiada por Miguel Hurtado Urrutia y Rosa Perales, que señalan que Teodoro Pedro Campón Polo nació en Casas de Don Antonio el 3 de abril de 1885. Su padre era labrador. Se quedó huérfano cuando era niño y le criaron unos tíos en Aldea del Cano. Con 14 años entró en el regimiento de militar de Cáceres, en donde en la banda tocó los timbales y la corneta.

A los 16 años ya vive en Madrid, ganándose la vida tocando los timbales. Con 23 años viaja a México y Nueva York como músico de la compañía de ópera que dirigía Arturo Toscanini. Vuelve a su pueblo, a Aldea del Cano, y a los 27 años emigra a Argentina, donde actúa como músico de orquesta y aprende pintura en la Academia de Bellas Artes de Buenos Aires. Al año ya está viviendo en Roma y luego en París. Fue un viajero inquieto, que estuvo en Jerusalén, Persia, Irak, India, Japón, Egipto, Rusia... De ideas anarquistas conoció a Trotski, con el que estuvo en Moscú. Se decía que en esta ciudad una princesa rusa se enamoró de él.

Donde estuvo más tiempo viviendo fue en Madrid. En 1918, con 33 años, tenía estudio en la capital de España, en donde llamaba la atención su imagen bohemia y romántica. Era un dandy al que algunos le encontraban parecido con Baudelaire y Edgar Allan Poe. En 1921, le describe de esta manera el periodista César González-Ruano: «Muy español, muy italiano y muy francés: muy cosmopolita este artista extremeño de melena de ébano, de chambergo bohemio y capa veneciana, pasea su figura leve policroma y exótica por todos los países y por todas las calles». Su popularidad era tal que con 36 años, en 1921, se edita un libro homenaje con el título 'Campón, su arte y odisea', en el que intervienen artistas de la talla de Rubén Darío.

A lo largo de su vida siguió unido a Extremadura, a Aldea del Cano, en donde le nombraron hijo predilecto en 1919.

Foto de 1936, con 51 años.

Foto de 1936, con 51 años. / S.E

Su aventura política con el partido Eti-estético duró poco, ya que huyó de España en 1924 al vincularle la dictadura de Primo de Rivera con los actos violentos sucedidos en 1924 en la localidad navarra de Vera de Bidasoa, cuando numerosos anarquistas españoles exiliados en Francia entraron a España por esa localidad, intentando que se levantara el pueblo español para derrocar a la dictadura. La intentona falló estrepitosamente. Se marchó a Francia en donde, no falto de humor, creó la República Eti-estética Española, nombrando a amigos intelectuales como gobernadores. Expulsado de Francia, marchó a la Italia de Mussolini donde unos fascistas le dieron tal paliza que casi acaban con su vida. Escapó a Bruselas y allí vivió varios años. Al proclamarse la República viene bastante a España y a su Aldea del Cano, en donde en 1935 pintó unos frescos en un lavadero, que fueron destruidos en la Guerra Civil.

Ya en la España de Franco intentó entrar por Irún en 1941. Fue apresado y llevado al campo de concentración de Ondarreta, donde murió en 1942, víctima de una neumonía. Tenía 57 años.

Fue un brillante pintor, siendo suyo uno de los mejores cuadros que hay en el Museo Pedrilla de Cáceres. Una acuarela de 77,5 X 60 centímetros, que se titula 'El triunfo del Diputado' o 'Caballero saludando', que donó a la Diputación en 1919. También hay en este museo una maternidad y un retrato de una mujer mayor. Hay otros cuadros suyos en el museo de Cáceres y en el museo de Badajoz.

Algo destacable sobre la aventura política de este gran artista, según contaba el periodista Fernando García Morales, «es que no prometía nada en sus discursos, sino que con una tremenda sinceridad, que se tomaba por locura, pedía el voto para poder vivir él desahogadamente siendo diputado». Un ejemplo a seguir para algunos políticos actuales que, desgraciadamente quieren ser diputados, no sólo para vivir bien ellos, sino también su numeroso grupo de parientes y amigos.