«Vivir de la literatura es una utopía, pero hay que seguir escribiendo»

Miguel Ángel Carmona, fotografiado en el Cerro Gordo de Badajoz. :: j. v. arnelas/
Miguel Ángel Carmona, fotografiado en el Cerro Gordo de Badajoz. :: j. v. arnelas

Miguel Ángel Carmona del Barco gana en el último mes dos premios literarios: el Blasco Ibáñez de Valencia y el Cela de Padrón

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

Miguel Ángel Carmona del Barco (Badajoz, 1979) es licenciado en Humanidades y diplomado en Biblioteconomía y Documentación. Ha sido receptor durante tres años consecutivos de la Beca de Creación Literaria de la Junta de Extremadura y actualmente dirige el Centro de Estudios Literarios Antonio Román Díez (CELARD), donde imparte talleres y cursos de escritura. En pocas semanas ha ganado dos premios literarios de cierta relevancia. Con 'Kuebiko' se llevó el Blasco Ibáñez del Ayuntamiento de Valencia. Se trata un trabajo inspirado en los viajes con los refugiados sirios. Se presentó también al concurso de Narrativa Camilo José Cela del Ayuntamiento de Padrón por su relato 'Sin Cicerone' y hace poco le comunicaron que fue el trabajo más valorado por el jurado. Son especialmente emotivos para Carmona. Su padre, recientemente fallecido, era lector asiduo Cela y Blasco Ibáñez.

-¿Un espaldarazo o una responsabilidad?

-Con el Blasco Ibáñez es un reconocimiento nacional y también, en cierto modo, internacional porque es uno de los escritores más internacionales. Lleva aparejada la publicación de la novela en una editorial de peso como Pretextos. Saldrá en el primer cuatrimestre de 2018. Es también visibilidad. Más allá de cuestiones de ego y de reconocimiento de terceros, esto ayuda a que uno vea los frutos de su trabajo.

-¿Se siente uno más escritor?

-Lo primero que hice cuando me comunicaron el premio fue volver al borrador y hacer algunas correcciones. Había cuestiones dentro de la novela con las que yo no estaba del todo satisfecho. Fue el premio el que me dio la fuerza, precisamente, para volver y hacer esa última corrección, que podría ser la vigésima o la trigésima. Es energía para seguir adelante.

-¿Qué elemento tiene en común su literatura?

-El año pasado publiqué 'Manual de Autoayuda', un libro de relatos con una editorial nacional. Antes había escrito otras novelas, pero eran más de una búsqueda. Con 'Manual de Autoayuda' sentí por primera vez que tengo una voz propia. Ya me acompaña esa visión con personajes narradores en primera persona. Lo realmente importante es que los personajes sean ellos mismos. Meterme en los zapatos de los protagonistas y no dar por definitiva una frase hasta que no esté seguro de que eso es suyo.

-'Kuebiko' es, ante todo, una novela social.

-Necesito escribir sobre cuestiones que me zarandeen. La vertiente social de la literatura es indisociable de la propia ficción. 'Kuebiko' es una palabra que aparece en un trabajo de John Koenigk. Se fija en determinadas emociones que no tienen nombre. Kuebiko es un dios de la mitología japonesa. Tiene capacidad para comprender el mundo que le rodea pero no puede moverse.

-Y usted se va a Hungría con una cámara y una libreta. No es precisamente quedarse quieto.

-Surge a partir del éxodo de sirios que hemos contemplado en estos años anteriores y que ahora no contemplamos aunque sigue ocurriendo. Me provoca ese sentimiento de que estamos en la estructura y no hacemos nada. Fue el momento más mediático de Hungría. Fue cuando levantó la valla para que no pasaran los refugiados y cuando lo de la periodista que puso la zancadilla. Estuve en Budapest para hacer el viaje en tren con 800 refugiados hasta la frontera de Austria. Allí conocí a un farmacéutico de Alepo y tres meses después me fui a Lesbos. También estuve en Alemania, en el campo de refugiados de este chico. Allí termina mi documentación.

-Pero la novela, en esencia, no trata de sirios ni afganos.

-Al final opto por salirme un poco de la realidad actual y trasladarme a un futuro no muy lejano. En este caso son los españoles los que tienen que irse al norte de Europa por los conflictos y la crisis del proyecto europeo. Hay que cruzar el continente y derribar los muros que hemos construido estos años.

-A pesar del viaje a Hungría, a Alepo y Alemania, usted huye de la realidad.

-Decido irme de la realidad porque es brutal, a no ser que seas capaz de asumirla. Yo siempre pongo el ejemplo de 'Memoria de Adriano'. Marguerite Yourcenar tardó décadas en escribirla. Trató de abordarla mil veces y al final descubre que la única forma de construir el pensamiento de un hombre es recorrer su biblioteca. Ella empieza a leer todo lo que debería haber leído Adriano. A mí me cuesta trabajo ponerme en la piel de un zapatero de Alicante, ¿cómo demonios me voy a poner en la de un farmacéutico de Alepo? A lo mejor algún día puedo hacerlo, pero ahora no.

-¿Cuándo empieza a escribir?

-Es difícil saberlo. Los primeros textos puramente literarios y narrativos fueron con 15 o 16 años. En la facultad fue más en serio, por decirlo de algún modo.

-¿Aprovechó la beca de creación literaria de la Junta?

-Me la dieron durante tres años seguidos. Yo fui el último en recibirla. Empecé en el 2008 y seguí en el 2009 y 2010. Era una beca que diferenciaba a esta región de otras. Son muy escasas las becas al proceso de producción y, mucho menos, de literatura. En la mayoría de los casos son a obras terminadas. Por eso era un elemento diferenciador. Pero fueron reduciendo el presupuesto hasta eliminarla por completo.

-¿Vivir de la literatura debe ser algo aspiracional?

-La profesionalización de la escritura da para mucho debate. Yo trabajo en la administración, soy técnico de empleo en una oficina del Sexpe de Badajoz. Hay dos corrientes. Están los que creen que todo escritor debe vivir de la literatura, pero eso es casi una utopía en este país y hay que seguir escribiendo. Yo creo que la estabilidad laboral te permite crear con más tranquilidad. No tienes la obligación de escribir algo bueno para seguir comiendo o de conocer a las personas adecuadas que te lleven a las editoriales. Esa tranquilidad te saca del mundo editorial, pero si lo que te gusta es escribir y hacerlo cada vez mejor, no lo veo una situación a cambiar. Hay otras cuestiones más importante como leer mucho, por ejemplo. Es urgente leer y es urgente no estar de espaldas a la vida encerrado en un estudio.

-¿Y que proyecto tiene ahora entre manos?

-Estoy con un libro de cuentos mientras termino la fase de documentación de otra novela sobre la prostitución, sobre el esclavismo del siglo veintiuno.

-Los premios le valen también para crear una comunidad de lectores.

-Llevo desde el año 2011 con el Celard, el centro de estudios literarios. Desde entonces llevamos organizando talleres literarios, fomento de la lectura y escritura. Traemos a escritores fuera del circuito. Se va creando una comunidad. Poco a poco, pero se echa de menos más visibilidad. La invisibilidad duele. Y no es por vanidad. Es, simplemente, por otros logros tan efímeros que llevan poco trabajo y tienen más visibilidad. Trabajamos mucho. Le dedicamos muchas horas y estamos un poco en el ostracismo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos