Vivir junto a los traficantes en el Casco Antiguo

Viviendas abandonadas utilizadas como refugio para prostitutas y fumaderos de droga:: C.M./
Viviendas abandonadas utilizadas como refugio para prostitutas y fumaderos de droga:: C.M.

Los vecinos identifican 42 puntos de venta de drogas en pleno centro de la ciudad y cuentan a HOY su día a día «en la manzana de la cocaína»

REDACCIÓN BADAJOZ.

Marco tiene dos hijos de ocho y tres años. Al mayor le contó hace un año lo que son las drogas. Tuvo que hacerlo para explicarle las escenas que ve en su calle. A solo unos metros de su casa hay una vivienda abandonada donde los toxicómanos consumen. Desde sus ventanas pueden ver cómo hacen sus necesidades, se pelean o ejercen la prostitución. Paula, también con hijos pequeños, vive cerca de un punto de venta de drogas. Observa a los yonkis fumar heroína a diario y a los jóvenes comprar cocaína los fines de semana. Los traficantes la han amenazado varias veces con agredirla. Enrique tiene siempre una garrafa de lejía junto a la puerta de su casa. Un aguador, un toxicómano que se ocupa de vigilar las casas donde venden, utiliza su portal como baño.

Como ellos, muchos vecinos conviven a diario con los traficantes y los drogadictos que compran y venden droga en pleno centro de la ciudad. Los afectados han identificado 42 lugares del casco Antiguo donde se ejerce esta actividad. Las viviendas de los traficantes cuentan con dobles puertas reforzadas y suelen tener vigilantes. Los fumaderos también se identifican sin problema, ya que a pesar de ser inmuebles en ruinas o solares vacíos, suelen tener un trasiego constante de personas.

Lo más alarmante del recuento realizado por los vecinos es que el número ha aumentado en los últimos años. Hace una década realizaron un conteo similar y la cifra fue de 17 puntos de drogas en el barrio. El balance es que hay más del doble. La sensación en la calle es la misma, que hay más, que el Casco Antiguo empeora en lugar de mejorar.

«Van a celebrar el Día de la Policía Nacional a 50 metros de una casa donde venden drogas desde hace años» enrique, vecino de el campillo

Los residentes señalan varias causas. La primera, el aumento de los bares en la zona, ya que mucha gente de marcha se acerca al Campillo en busca de drogas. También señalan que los traficantes se han desplazado desde otras zonas, como las Cuestas de Orinaza o Los Colorines, hasta estas casas. Así mismo, consideran que no hay tanta presión policial. Hace unos años las redadas eran constantes, aseguran, pero ahora no. «Es una ciudad sin ley», señala Paula enfadada.

Tiroteos

El último tiroteo fue en 2011 en la calle Benegas. Una bala perdida hirió en la oreja a un joven que pasaba por la zona. Desde entonces la violencia, apuntan los vecinos, se ha limitado a las amenazas, pero de vez en cuando se escuchan tiros. Los vecinos creen que es porque prueban sus armas, la última vez, en julio.

«Frente a mi casa hay un edificio donde se drogan, hacen sus necesidades o ejercen la prostitución» marco, vecino de el campillo

Marco, Paula y Enrique no son nombres auténticos. Como ellos, los residentes que han realizado el recuento y que viven puerta con puerta con el problema no dan su verdadera identidad. Tienen miedo. En muchos casos ya han recibido amenazas, a veces, solo por pedir a sus vecinos que no corten la calle con sus coches o que no dejen perros peligrosos sueltos.

Además del miedo, un sentimiento dominante es la indignación. Es el caso de Enrique que lleva 12 años en una casa rehabilitada donde se construyeron varios pisos, «en plena manzana de la cocaína», señala. Este pacense pasa a diario por la Plaza Alta. Desde hace días este espacio está lleno de operarios que trabajan para limpiarla de cara a la celebración de los actos nacionales de los Ángeles Custodios. Para Enrique es un insulto a los vecinos.

«Van a celebrar el Día de la Policía Nacional en la Plaza Alta, a 50 metros de unas casas donde se vende droga desde hace años y no pasa nada. Pondrán la plaza muy bonita, pero que las autoridades no se metan por ninguna calle porque entonces verán toda la mierda que les rodea». Él lo sabe bien porque se ha convertido en un experto en limpieza. «Cada dos o tres días me toca vómito o excrementos en mi portal. Los aguadores que vigilan se meten aquí porque tienen que pasarse las 24 horas en el mismo sitio, les tienen esclavizados».

Para Marco el mayor miedo son sus hijos y su mujer. Su familia vive en una casa rehabilitada en el Casco Antiguo porque les gusta el barrio monumental y la historia de la ciudad, pero admite que es duro. «El otro día mi mujer vio cómo un drogadicto orinaba y vomitaba a la vez delante de casa», admite Marco con vergüenza.

«Tengo hijos pequeños y desde mi ventana puedo ver cómo fuman heroína o vienen a comprar cocaína» paula, vecina

En su calle hay una casa abandonada que lleva años como punto de encuentro de drogadictos. Hay días que hay uno y otros cuatro, o más. Hace un año el problema se agravó. «Las prostitutas captan a sus clientes en el Parque de la Legión y normalmente los llevaban a unos setos detrás de la fuente, pero recortaron esos setos y empezaron a venirse aquí. Se metían en la vivienda los señores mayores con las prostitutas, a unos metros de mi casa».

Entre la prostitución y el consumo de drogas, el trasiego era constante. Finalmente, los vecinos lograron que se sellase la parte de abajo del inmueble, pero el alivio fue temporal. Enseguida los ocupas descubrieron que se podían colar en la casa escalando por la reja de una ventana del piso inferior. Utilizándola a modo de escalera alcanzan una venta de la segunda planta y entran. Dentro ya pueden moverse por las estancias sin problema.

«El otro día mi hijo de 3 años vio a uno escalando y me dijo: mira papá, un señor que entra a casa por la ventana. Le dije que se había dejado las llaves ¿qué le vas a decir?».

Tipos de consumidores

Proteger a los menores es la mayor obsesión de los vecinos, que suelen tener el mismo perfil, familias jóvenes con hijos pequeños a las que les gusta el Casco Antiguo. «Yo me vine con mucha ilusión, arreglamos la casa preciosa con un arquitecto y me encanta la zona», recuerda Paula, que pronto se acostumbró a vivir a unos metros de un punto de venta de drogas.

Al principio, pasó mucho miedo y hasta les persiguieron con la intención de agredirles, pero un día decidió enfrentarse a ellos y la situación, aunque tensa, se ha tranquilizado. Eso no evita, sin embargo, las escenas que deben soportar a diario. «Desde mi ventana veo a la gente fumar 'chinos' (heroína) constantemente y se ve a todo tipo de gente, no creas. Algunos son drogadictos, pero también gente normal. Trabajadores que vienen aquí, fuman y se van. Los fines de semana es frecuente que vengan a comprar cocaína», también llamada 'la blanca', como la ofrecen por la calle los traficantes sin ningún problema. A veces los que viven en la zona también se sorprenden porque son vehículos de alta gama los que paran para adquirir droga.

Un vecino de Paula, tras recibir amenazas graves, se marchó. «Pero a mí me gusta mi casa y tampoco me puedo comprar otra. Esta no la vendería ¿qué hago?».

La esperanza de los vecinos es que se rehabilite la zona. Desde hace años hay un proyecto pendiente en El Campillo que nunca ha llegado a concretarse, pero que podría servir para sanear esta manzana de la cocaína. Se trata de la construcción de una promoción de viviendas por parte de la Inmobiliaria Municipal. Los afectados también esperan más inversiones municipales para revitalizar la zona y así atraer más vecinos que vayan ahuyentando a los traficantes.

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