La violación en Los Colorines de Badajoz se juzga por fin sin el testimonio de la víctima

Una policía nacional responde a las preguntas de José María del Pozo, abogado de la defensa. ::/J.V. ARNELAS
Una policía nacional responde a las preguntas de José María del Pozo, abogado de la defensa. :: / J.V. ARNELAS

La Fiscalía propone que el acusado sea internado durante cinco años en una prisión con servicio psiquiátrico y la defensa pide su absolución

E.F.V.

Sin la comparecencia de la víctima se celebró este miércoles el juicio que ha sentado en el banquillo a F. M. M., el hombre de 39 años que está acusado de violar a una mujer de su edad en una cuadra de animales próxima a Los Colorines.

Ese supuesto encuentro sexual no consentido tuvo lugar en el año 2015 pero fue este miércoles cuando el encausado se puso delante del tribunal para responder a las preguntas que le formularon el representante del Ministerio Fiscal y el abogado de la defensa, quienes intentaron sin éxito poner algo de luz a este asunto ante la imposibilidad de preguntar a la denunciante, que no declaró en el juicio como testigo –la Fiscalía cree que por miedo– tras haber sido citada en tres ocasiones distintas.

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El acusado dijo que no había mantenido relaciones sexuales con la víctima. Pero al ser repreguntado se encogió de hombros. Finalmente, a preguntas de su abogado, afirmó que sí hubo un encuentro sexual consentido y que después la mujer le riñó porque él no le dio los 20 euros que necesitaba «para fumar».

De sus explicaciones pareció deducirse que esos 20 euros se los había pedido «a cambio de hacer el amor». Además, el acusado afirmó que la mujer le quitó un reloj antes de marcharse.

En opinión de José María del Pozo, el abogado de la defensa, no existió una violación sino una relación consentida que terminó en un enfrentamiento cuando el acusado le comunicó que no iba a pagar los 20 euros pactados porque no los tenía. «Una cosa es engañar a una persona y no pagarle y otra violarla».

Ese relato de hechos choca con lo expresado por la víctima en las distintas declaraciones realizadas desde el mismo día en el que ocurrieron los hechos. La primera, ante los policías nacionales que la socorrieron minutos después de sufrir la supuesta violación.

Esos agentes confirmaron que cuando acudieron a la calle Viriato, junto al centro de menores Marcelo Nessi, la mujer estaba muy nerviosa. «Yo creí que decía la verdad, hizo un relato coherente», dijo uno de los agentes.

Lo dicho ese día y lo declarado por la mujer en el juzgado cuando era investigado el caso coincide con el escrito de acusación de la Fiscalía, en el que se recoge que cuando F. M. M. y la víctima estaban en esa cuadra el encausado cerró la puerta con un candado y la obligó a mantener relaciones sexuales «por las buenas o por las malas». La acusación pública cree que el varón la empujó hacia el interior de esa construcción, a lo que la mujer se opuso, iniciándose un violento enfrentamiento físico entre ambos en el que el acusado tapó la nariz y la boca de la víctima mientras amenazaba con asfixiarla y azuzaba a unos perros para que la atacaran.

La Fiscalía sostiene que la mujer rechazó al atacante y le arañó con un llavero en la cara y en el cuello, pero la extrema violencia con la que se comportaba el varón hizo que terminara cediendo a sus acometidas, consumándose la agresión sexual. Como consecuencia de esos hechos, la mujer sufrió múltiples contusiones en su cuerpo. También el agresor fue atendido en el hospital de diversas contusiones y arañazos.

Además, la acusación habló de un hecho que considera clave: en el examen ginecológico de la mujer se recogieron restos de semen y un pelo del acusado. Eso probaría la relación sexual.

Los policías ratifican que el relato de la víctima fue creíble y que coincidía con lo que ellos se encontraron al llegar a la cuadra, donde no apreciaron signos de violencia por tratarse de un lugar en el que sólo había animales, paja y objetos que difícilmente pueden romperse en un enfrentamiento físico.

Como único detalle significativo hablaron de un preservativo que se encontraba dentro de un envoltorio sin abrir. Para el abogado de la defensa, su existencia parece apuntar a que la chica fue allí para mantener un encuentro sexual y no, como se recoge en la denuncia, para consumir droga.

Los forenses que han estudiado al acusado también comparecieron en el juicio. Dijeron de él que sufre un retraso mental moderado que no le permite planificar sus actos. «Se trata de una persona que carece de voluntad suficiente para controlar sus instintos sexuales», afirmaron.

Tras escuchar estas explicaciones, la Fiscalía mantuvo su petición de cinco años de reclusión pero propuso que esa pena la cumpla en un servicio psiquiátrico penitenciario y que sea tratado del problema mental y la epilepsia que padece.

Por su parte, el abogado de la defensa pidió su absolución. Si no fuese así, plantea que se le aplique la eximente completa por incapacidad mental. «Realmente lo que necesita es que lo enseñen a leer y a escribir, no que lo metan en una prisión ni en un centro psiquiátrico».

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