Veinte personas sin hogar se resguardan del frío en el refugio de Bravo Murillo de Badajoz

El albergue funciona en un edificio de Cáritas que está en la calle Bravo Murillo. :: /PAKOPÍ
El albergue funciona en un edificio de Cáritas que está en la calle Bravo Murillo. :: / PAKOPÍ

El servicio es gestionado por las Hijas de la Caridad desde el 4 de diciembre y funcionará hasta el próximo mes de marzo

Evaristo Fdez. de Vega
EVARISTO FDEZ. DE VEGABadajoz

Durante la próxima madrugada la ciudad de Badajoz registrará temperaturas de 2 grados bajo cero. Hará mucho frío, pero las personas sin techo que residen en la ciudad tendrán la oportunidad de resguardarse en el refugio de la calle Bravo Murillo, un salón reconvertido en dormitorio comunitario en el que descansan cada noche unas 20 personas.

Ese espacio es propiedad de Cáritas Diocesana y durante años fue utilizado por la comunidad terapéutica en la que se rehabilitaban los toxicómanos. Pero quedó en desuso y desde el pasado año es utilizado como albergue provisional durante los meses de frío.

Esta temporada abrió sus puertas el pasado 4 de diciembre y desde entonces recibe una media de 19 personas, aunque se han alcanzado picos de 26 usuarios, según explica sor Ana Martínez, responsable de las Hijas de la Caridad en Badajoz.

Esta comunidad de religiosas gestiona el comedor benéfico de la calle Martín Cansado, en el que se sirven entre 55 y 60 comidas cada día. Pero el servicio se amplió en diciembre con el refugio y ahora también ofrecen la cena y el desayuno tanto a los usuarios del albergue provisional como a otras personas sin recursos que lo solicitan.

Igualmente cuenta con un servicio integral que incluye un servicio de duchas y de lavado de ropa que funciona todas las tardes. «También se les ofrece un espacio de consigna para que puedan guardar las mochilas», añade la religiosa.

Para la puesta en marcha del refugio, desde la Fundación La Caixa se concedió una ayuda de 3.000 euros con la que compraron las hamacas y los sacos de dormir que se utilizan en el albergue.

Pero no todos los sintecho que viven en la ciudad hacen uso de ese servicio. Algunos rehúsan acudir a él porque sufren procesos de drogadicción o de alcoholismo severos que les anulan la voluntad. En otros casos son personas que se resisten a dormir en un espacio que carece de la más mínima intimidad. «Entre los que vienen a dormir hay de todo –explica sor Ana Martínez–, pero nos sorprende comprobar que cada noche acuden varios chicos de veintipocos años. A veces hay adicciones o problemas de convivencia en la familia, las circunstancias son muy variadas».

Para el mantenimiento del comedor las religiosas reciben subvenciones de distintas instituciones. El Ayuntamiento de Badajoz aporta 36.000 euros; la Diputación de Badajoz, otros 20.000; y la Junta de Extremadura concedió el año pasado 49.000 euros. También reciben comida del Banco de Alimentos de Badajoz y del FEGA. Sin embargo, durante los últimos días les han comunicado que la ayuda de 40.000 euros procedente del IRPF no se les ha concedido. «Ese dinero siempre lo aprobaban desde Madrid, pero ahora el reparto lo han pasado a las comunidades autónomas y nos hemos encontrado con la sorpresa de que no nos lo han aprobado», se queja sor Ana.

El comedor social contaba con una subvención de 40.000 euros del IRPF que no ha sido aprobada

«Si nos recortan la subvención –advierte– no podremos atender todas las necesidades que se nos presentan, porque las subvenciones cubren una parte de los gastos pero el comedor no podría funcionar sin los voluntarios que vienen a ayudar ni las donaciones que realizan personas particulares y empresas».

En el comedor confían en que el recurso que van a presentar para que les sea concedida esa subvención dé resultado, puesto que precisan esos 40.000 euros para seguir funcionando. «Con esa ayuda pagábamos la luz, el agua y todos los gastos que conlleva una casa».

Sor Ana agradece el apoyo público, pero recuerda que son las administraciones las que deben crear un albergue definitivo que solucione el problema de las personas sin hogar en Badajoz, tal y como ocurre ya en multitud de ciudades que cuentan con albergues municipales que funcionan durante todo el año y ofrecen un mejor servicio que el que ahora se presta en el refugio provisional.

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