La torre de Caja Badajoz muestra al detective Carvalho como icono artístico

Gabriel Serrano, explicando las obras de la exposición. :: J. V. Arnelas

Una exposición de cuadros, collages y esculturas explica todos los casos del personaje literario creado por el escritor Vázquez Montalbán

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

Lo mejor de acudir a las inauguraciones de arte es toparse con comisarios dispuestos a explicar con paciencia y pedagogía la representación de cada cuadro o escultura.

Gabriel Serrano lo hizo el pasado jueves en el vestíbulo de la torre de Caja Badajoz. Allí estará hasta el próximo 25 de octubre 'Pepe Carvalho, homenaje a Manuel Vázquez Montalbán'. Serrano repartió los 24 libros que Manuel Vázquez Montalbán dedicó a su personaje entre algunos de los artistas contemporáneos más reconocidos del país para que cada uno hiciera una obra tras la lectura.

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El particular experimento pasaba por convertir al detective más famoso de las letras hispánicas -presente en 18 novelas, 30 relatos, una obra de teatro y 11 libros de cocina- en un icono artístico. Nombres como Juan Genovés -autor de 'El Abrazo', el cuadro emblema de la Transición-, Luis Feito -Medalla de Oro de las Bellas Artes- o Jaume Plensa -Premio Nacional de Arte Gráfico- son algunos de los cuarenta artistas que se sumaron. Montalbán y su alter ego son la excusa para acercarse a los artistas más destacados del arte contemporáneo visual.

La exposición que ahora llega por primera vez a Extremadura se estrenó en la Feria Internacional del Libro de Frankfurt de 2014. Siguió por Hamburgo y Múnich y ya en España ha estado en los certámenes literarios de novela negra de Barcelona y Gijón. La idea, explicó el comisario, es que siga itinerando hasta finales de 2019.

La instalación trata de reflejar el carácter poliédrico de Vázquez Montalbán, entre obra y obra hay frases y pensamientos de un escritor que apostó por la novela negra cuando muy pocos lo hacían y que utilizó a Carvalho como observador social.

En 'Los Mares del Sur', -el libro que le encumbró- se fija en la expansión urbanística de finales de los setenta, en 'Sabotaje olímpico' relata la transformación de Barcelona con las Olimpiadas o en 'Asesinato en el Comité Central' se detiene en la legalización del Partido Comunista.

Una obra en blanco y negro de Francesc Artigau que remite a 'Yo maté a Kennedy', que se mueve entre la ilustración y la viñeta de cómic, abre un recorrido en el que Arranz Bravo reproduce con una pintura colorista 'Tatuaje', Benet Rossell dibuja su simbología y signos en una obra que relaciona con 'La soledad del mánager', la misma para la que Juan Uslé presenta una serie de tramas de grises y negros.

Obras inspiradas en los libros.

'El delantero centro fue asesinado al atardecer' (1988)
obra de Santi Moix.
'El hombre de mi vida' (2000)
Último libro publicado por Montalbán, obra de Anna Montzó.
'Roldán, ni vivo ni muerto' (1994)
El humor del escritor visto por Manolo Quejido.
Yo maté a Kennedy' (1972)
Francesc Artigau, tras leer el libro en el que apareció el personaje.

Para Eduardo Arroyo 'Historias de amor' es el retrato dibujado de una mujer rubia sobre la que sobreimpresiona un ataúd. En esta novela, Carvalho tenía que descubrir al asesino de una joven.

La muestra colectiva mezcla interpretaciones muy sobrias de los libros con otras muchas más reflexivas y abstractas.

Tampoco faltan el humor y la ironía, dos constantes en la obra de Vázquez Montalbán. Basta recordar la crisis internacional por los misiles en 'Desencanto Olímpico' porque el vicepresidente americano situaba a Bagdad cerca de Barcelona.

Este sarcasmo se ve en la propuesta de Santi Moix, que construye una tortuga de madera con media pelota de cuero como caparazón y un cuchillo de cocina clavado para 'El delantero centro fue asesinado al atardecer'.

Muy significativa también es la versión que da Manolo Quejido para 'Roldán, ni vivo ni muerto'. Una bandera española en la que sobreimpresiona el escudo monárquico junto al águila y la palabra 'ES-PA-NÁ' representan esta novela.

José Luis Pascual pinta una chimenea llena de libros ardiendo frente a la silueta del escritor. En teoría, quien quemaba los libros era Carvalho porque consideraba que la cultura le había separado de la vida real, pero hay quien sospecha que esta afición se la contagió su progenitor.

El vestíbulo de la torre Caja Badajoz es, por tanto, un paso obligado para la legión de seguidores de Montalbán.

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