Viernes Santo en Badajoz: Lágrimas en San Agustín y silencio para La Soledad y El Cristo de la Victoria

Costaleros y nazarenos de La Soledad se preparan para salir el Viernes Santo. :: C.Moreno

: A. G. BADAJOZ.

Costaleros, nazarenos y fieles se acercaron hasta San Agustín con el temor a quedarse sin estación de penitencia. Entre los corrillos ya se apuntaba a la suspensión, aunque la última palabra la daría la hermana mayor a las seis de la tarde.

Carmen María Gutiérrez se aceró hasta el atril de la iglesia, a pocos metros del Yacente, y leyó el último parte que habían encargado: previsión muy alta de borrascas, lluvias y tormentas desde las seis de la tarde. No había muchas opciones. Antes de que terminara de leer el comunicado, algunas costaleras y nazarenos que esperaban junto a sus imágenes no pudieron evitar las lágrimas. La Pontificia y Real Hermandad y Cofradía de Nuestro Señor Jesucristo Yacente y Nuestra Señora de las Lágrimas y Santiago Apóstol se quedaba en el templo. La última suspensión del Santo Entierro fue en el 2011. La tarde estuvo lluviosa, fría y ventosa y la segunda procesión también peligró, pero a las diez y media de la noche La Soledad comunicó que en media hora estarían en la calle. El riesgo de lluvia había pasado. A las once, en silencio, sin palio y de luto riguroso la patrona de la ciudad salió de ermita acompañada por más de 300 nazarenos y miles de fieles con velas. El rezo conjunto del rosario fue lo único que se escuchó a su paso por las esquinas del Casco Antiguo.

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Muchos de los fieles que acuden habitualmente a orar a la ermita acompañan a la patrona en su noche más dolorosa. El pasado viernes de madrugada, a pesar del frío, la imagen estuvo muy arropada en todo el recorrido.

En el Cerro de Reyes también viven de manera intensa el Viernes Santo. La Hermandad de Jesús Obrero y Dulce Nombre de María ha conseguido en pocos años que su viacrucis viviente acapare la atención de toda la ciudad. Mucho público y participación masiva.

En San Roque, la noche grande de la Pasión es la madrugada del Viernes Santo. A la una en punto se abrieron las puertas de la parroquia y la cuadrilla de 22 cargadores acercó la imagen del Crucificado inclinado sobre un montículo de flores rojas a la calle. En absoluto silencio y con la única iluminación de dos cirios rojos, el paso fue desde el Casco Antiguo hasta la plaza de España. Los cargadores hacen el recorrido con unos apoyos de hierro que golpean al suelo de forma sincronizada a cada paso. El golpeteo continuo de los apoyos y el roce de las alpargatas de los penitentes retumba entre la fila de nazarenos que acompaña al paso.

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