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El tradicional encuentro reúne a miles de pacenses para despedir la Semana Santa

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Momento en el que el Resucitado se inclina para saludar a la Aurora, durante el encuentro. :: j.v.arnelas

  • Con un sol de justicia, los costaleros de los pasos del Resucitado y de la Aurora sacaron toda su fuerza para escenificar el júbilo de la Resurrección

Abanicos, gorros de paja, paraguas abiertos e incluso pañuelos en la cabeza. Cada uno hizo lo que pudo para zafarse de un sol que al mediodía de ayer caía de lleno sobre la Plaza de España, el punto neurálgico de la procesión del Resucitado. No había ni una sombra, pero se contaban por miles las familias que acompañaron ayer al Resucitado y a la Virgen de la Aurora durante su tradicional encuentro, el momento de mayor júbilo de la Semana Santa pacense.

Imprescindibles fueron también ayer los aguadores, esa figura tan poco reivindicada de los cortejos procesionales, y que sin embargo, este año han sido vitales para aliviar el esfuerzo mayúsculo de los costaleros y su deshidratación debajo de los pasos. Precisamente, los costaleros fueron ayer los grandes héroes de la última procesión de la Pasión pacense y su esfuerzo fue reconocido con continuos aplausos y con gritos de «-¡Viva los costaleros!», que se repitieron durante todo el recorrido.

No solo bailaron los pasos cuando entraron en la carrera oficial, sino que no escatimaron en esfuerzos cuando llegó el momento de escenificar el encuentro de la Virgen de la Aurora con su hijo, ya resucitado. Este tuvo lugar pasada la una y media del mediodía. Arrancó con una 'levantá' al unísono entre los dos pasos, colocados frente a frente, y de fondo, la banda de tambores y cornetas del Resucitado tocando desde la escalinata de la Catedral la marcha 'Señor de la Caridad'.

Se aproximaron y se alejaron. El paso del Resucitado inclinándose ante su Madre y la Virgen de la Aurora, mecida por sus costaleras, con una cadencia en perfecta armonía con la música. Y, entonces llegó la suelta de palomas para reforzar la emoción del momento.

En el cortejo del Resucitado y tras la cruz de guía, hubo una representación de todas las hermandades y cofradías de penitencia y gloria de Badajoz. Acompañando a la Virgen, desfilaron junto a sus nazarenos, alumnos del colegio de las Josefinas con sus uniformes y profesoras del mismo centro, algunas vestidas de mantilla blanca, al igual que las camareras de la Aurora.

La Virgen sacó por primera vez a la calle su nuevo manto de terciopelo blanco y, aunque en su hermandad la llamen cariñosamente 'la novia', ayer por Badajoz lució como una auténtica reina. Vestida completamente de blanco, con una saya con bordados en plata, el encaje y sobremanto en crudo y un exorno de flores también blancas, la Aurora se desprendió del dolor del Jueves Santo para presentarse radiante en la Pascua de la Resurrección.

Además del encuentro, la salida y la recogida, la presentación de los dos pasos ante la Patrona -colocada ya en el altar mayor de su ermita- o la lluvia de pétalos a la Aurora en Francisco Pizarro fueron los momentos más especiales de la procesión.