Hoy

«Lo decisivo es evangelizar. Lo hacemos hombres y mujeres».
«Lo decisivo es evangelizar. Lo hacemos hombres y mujeres». / PAKOPÍ

«A la mujer que aborta hay que tenderle la mano; no juzgarla»

Usted dirige una cofradía con cuatro siglos de historia. Da cursos prematrimoniales y bautismales en su parroquia y es agente de pastoral. ¿Si una mujer hace todo esto por qué no puede oficiar misa o dirigir una parroquia?

Quizás porque son cosas diferentes. A mí no se me ocurriría.

¿Por qué?

Porque hoy por hoy lo que tenemos son sacerdotes hombres. Hay mucha polémica en torno al papel de la mujer en la Iglesia. Yo no entro en esa polémica porque creo que lo importante en la Iglesia es la evangelización, y evangelizar podemos hacerlo tanto los hombres como las mujeres. La familia es el primer agente evangelizador y ahí está el padre y la madre. ¿Que todo puede cambiar y mejorar? Sí.

¿Cuando dice mejorar significa ir en la dirección de darle a la mujer un papel más relevante del que ahora tiene?

Sí, por supuesto, aunque yo como mujer me siento muy cómoda en la Iglesia tal cual es.

¿Pero no cree que puede haber mujeres que viven intensamente su fe y se sientan frustradas porque su iglesia coloca barreras que le impiden alcanzar posiciones destinadas exclusivamente a los hombres?

Puede haberlas, y seguramente sienten esa frustración, pero yo no la siento.

Entre los anglicanos, que también son cristianos, hay sacerdotisas y obispas. ¿No pueden las católicas servir a Dios como sacerdotisas y como obispas?

Yo no lo veo. Creo que la Iglesia tiene que renovarse en el sentido de darle a la mujer más espacios, pero hasta llegar a obispa ahora mismo no lo concibo. Me parece más decisivo para el futuro de la Iglesia que se abra a la juventud. Hay gente de mi edad, pero los jóvenes se echan en falta.

¿Por qué no conecta la Iglesia con los jóvenes?

Quizás porque seguir a Cristo no es fácil. Pero en esa falta de conexión creo que también tenemos una parte de responsabilidad las familias cristianas. Yo tengo un hijo y una hija. Mi hijo tiene 14 años y está estudiando en el Seminario Menor. Creo que mi hijo ha tomado esa decisión por lo que ha vivido en casa. La fe es una experiencia personal; es una conexión directa con Dios y es en el seno familiar donde con más naturalidad se dan las condiciones para que surja esa conexión. Después habrá grupos parroquiales o juveniles. O encuentros externos, como el habido recientemente en Mérida, pero la clave de la religiosidad, y también de las vocaciones, es la familia.

¿Qué le parece que el Papa Francisco reciba en el Vaticano a una persona que ha cambiado de sexo, por cierto extremeño?

Me parece estupendo. ¿Quiénes somos para juzgar? Yo hago manifestación pública de mi fe, pero la fe es algo tan privado, tan personal... ¿Quién soy yo para establecer distingos en la fe en función de circunstancias de cada persona?

Usted sabe que la Iglesia ha hecho esos distingos en razón de la condición sexual de una persona.

Pues no es así en la Iglesia que yo conozco, en la que me muevo. Le aseguro que aquí no hacemos ningún tipo de distinción. Todos los cristianos somos iguales. No voy a decir que no haya ocurrido así en el pasado, pero yo siento que voy en el mismo barco con el resto de cristianos.

¿También comprende a Francisco cuando extendió el perdón a las mujeres que hayan abortado? Usted sabe que la Iglesia les mantenía la condena sin posibilidad de redimir ese pecado.

Por supuesto que lo comprendo. Yo no creo que ninguna mujer aborte alegremente. Tiene que ser una vivencia horrorosa. ¿Qué tenemos que hacer los cristianos en esa situación, sean o no sacerdotes? Acompañar a esa mujer, ayudarla a pasar ese trance. Hay que tenderle la mano, no juzgarla. Es lo que hizo Jesús. «El que esté libre de pecado que tire la primera piedra».