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Carmen María Gutiérrez Algaba, ante la Virgen de las Lágrimas. :: pakopí
Carmen María Gutiérrez Algaba, ante la Virgen de las Lágrimas. :: pakopí

«Desconozco la experiencia de no ser cofrade»

  • Carmen María Gutiérrez Algaba | Hermana mayor de la cofradía de Cristo Yacente (Santo Entierro) y Nuestra Señora de Las Lágrimas de Badajoz

  • Es la primera mujer que dirige la cofradía más antigua de Badajoz, la del Santo Entierro, y afirma que su condición cofrade, que siente en plenitud durante la Semana Santa, da sentido a su vida

Desde el pasado año es la hermana mayor de la badajocense Hermandad y Cofradía de Nuestro Señor Jesucristo Yacente (Santo Entierro) y de Nuestra Señora de las Lágrimas y Santiago Apóstol. Con ella se rompió el molde que había permanecido intacto más de cuatro siglos, puesto que han tenido que pasar 412 años para que la cofradía del Santo Entierro, la más antigua de la ciudad de Badajoz –fundada en 1230 y ratificada en 1604–, esté dirigida por una mujer: Carmen María Gutiérrez Algaba, cofrade por tradición familiar –su padre ha sido uno de los fundadores de la cofradía de San Roque–; por biografía personal, puesto que ya participaba del espíritu cofrade años antes de hacer la Primera Comunión; y también por convicción íntima pues, como afirma, no sabe qué es estar en el mundo no siendo cofrade. Nunca ha tenido la experiencia de vivir sin tener presente su cofradía y, oyéndola explicar cómo siente la Semana Santa o cómo se emociona con la cercanía de las imágenes de la Virgen de las Lágrimas o del Cristo Yacente, todo parece indicar que no se le pasa por la cabeza renegar de la hermandad ni empezar a observar la Pasión de Cristo con indiferencia. Carmen María Gutiérrez, licenciada en Empresariales por la UEx y madre de una hija y de un hijo que estudia en el Seminario de San Atón, además de a la cofradía siempre ha estado ligada a los movimientos cristianos a través de la Obra Social y Cultural Sopeña (Oscus), en la que ha sido profesora; y a Cáritas, para la que van dirigidos buena parte de los esfuerzos solidarios que hace su cofradía. En esta entrevista explica qué es ser cofrade; qué le inspira la figura de Cristo humillado y de la Virgen madre, atormentada y bañada en lágrimas ante los sufrimientos de su hijo; y qué piensa de la Iglesia como institucional tradicional a la que le han llegado los aires nuevos que trae consigo el Papa Francisco.

–¿Por qué se hace alguien cofrade?

–No es que alguien ‘se haga cofrade’. Un cristiano vive la Semana Santa porque es la plenitud de su religión. Es la muerte, pasión y resurrección de Cristo. Y la mejor manera de vivir ese proceso es con los oficios, con las celebraciones eucarísticas pero también con la catequesis pública que es, en sí, lo que define a la condición de cofrade.

–¿Pero se puede vivir intensamente la Semana Santa sin ser cofrade?

–Por supuesto. Imagino que sí.

–Entonces, ¿qué representa ser cofrade? ¿Usted viviría igual la Semana Santa si no fuera cofrade?

–En mi caso no sé cómo la viviría porque desconozco la experiencia de no ser cofrade. Ser cofrade lo siento como un privilegio, da sentido a mi vida. Me da la posibilidad de estar más cerca de una imagen que me transmite paz, serenidad. También tengo ese sentimiento en mi momento de oración, pero se me potencia cuando estoy cerca de una imagen. Por ejemplo, cerca de la Virgen de las Lágrimas. Pertenecer a esta cofradía me permite vivir ese momento. Ser cofrade se explica, en parte, por esa cercanía.

–Ha nombrado a la Virgen de las Lágrimas, una de las imágenes de su hermandad. ¿Por qué se hace uno cofrade de una hermandad concreta, por sus imágenes? Supongo que para un cristiano da igual una advocación que otra.

–Es un asunto sobre todo familiar, de tradición, de lo que has visto en casa porque es verdad que para un cristiano la Virgen es la Virgen y Cristo es Cristo, sin apellidos. En mi caso porque estoy vinculada desde siempre a la parroquia de San Agustín, de donde sale mi cofradía. Aquí doy cursos prematrimoniales, bautismales, soy agente de pastoral... Es mi arraigo. Eso se proyecta en la debilidad que tengo por la Virgen de las Lágrimas, que para mí es de las tallas más bonitas y valiosas que procesiona por las calles de Badajoz.

–Algunas veces, sin embargo, se ven casos de cofrades que son de una cofradía y veneran a una imagen y nada más. Son excluyentes.

–Son excepciones. Algunas veces la pasión de la Semana Santa se puede vivir así o quizás una imagen te produce un sentimiento más intenso que otra o de mayor cercanía en un momento determinado. La oración es un asunto muy personal.

–Imagino que en su caso ese sentimiento de mayor intensidad o de mayor cercanía lo siente con la Virgen de las Lágrimas. ¿Por qué? ¿Qué tiene esa imagen para usted?

–Pues representa un momento muy importante. Es el momento de una madre que ha dado todo por su hijo. Sabe que lo ha perdido para que los cristianos tengan la promesa de la salvación, pero eso no quita para que una madre esté desgarrada ante el maltrato y la humillación que ha sufrido su hijo... Es tal el desconsuelo que en ese momento me transmite la talla que me sobrecoge. Igual me pasa con el Cristo Yacente, al que tengo el privilegio de verlo de muy cerca, no desde detrás de la urna en la que está. Es una imagen tan lograda, que transmite tanta dulzura...

–¿Influye en usted el que también sea madre?

–Claro, es de mucha más cercanía. El momento que vivió la Virgen es un de un dolor insoportable.

–La oigo y sus palabras son de solidaridad humana, supra-religiosa. Recuerdan al célebre soneto «No me mueve, mi Dios, para quererte/el cielo que me tienes prometido[...]Tú me mueves, Señor, muéveme el verte/clavado en una cruz y escarnecido». Es decir, la conmoción es ante el dolor de un semejante.

–Por supuesto. Es la sangre la que se conmueve ante ese sufrimiento brutal. Con independencia de que uno sea creyente o no, la Pasión de Cristo sucedió. Y sobrecoge.

–¿Pero, en su caso, qué prevalece? ¿La piedad religiosa o la piedad humana?

–Ese momento lo que más me transmite es fe porque veo que sucedió, que no es un invento, que Cristo lo sufrió... y que resucitó. La Resurrección no es el momento en que Jesús sale del Santo Sepulcro, habla con los apóstoles y le dice que estén tranquilos. La Resurrección es el perdón. Se reproduce en cada gesto de perdón. Cuando veo al Yacente de cerca y noto la fe que transmite mi conclusión es que todo se puede con fe. Que tenemos que ser optimistas. Mis amigos me achacan cariñosamente que yo siempre estoy alegre, que siempre confío. Es porque tengo fe. Si algo tiene que transmitir un cristiano es la alegría.

–¿Usted se prepara especialmente para la Semana Santa?

–Sí, claro. Para eso está la Cuaresma, que es período de reflexión, de recogimiento. Creo que el mejor modo de prepararse para la Semana Santa es la confesión.

–¿Y vive físicamente los días de dolor y de alegría de la Semana Santa, o vive ese dolor y esa alegría simbólicamente?

–Yo lo vivo mucho. El dolor y la alegría. Siento una profunda pena y una profunda alegría. Me gusta ver el Jueves o el Viernes Santo ‘La Pasión’, de Mel Gibson. Y en la Pascua de Resurrección felicito a todo el mundo y me harto de mandar mensajes de alegría.

–¿Cree que la mayoría de los cristianos se preparan para la Semana Santa y la viven como usted?

–Hombre... hay gente que sí se prepara y la vive, claro. Otros muchos, no. A mí me llama la atención cómo se preparan los costaleros. Ellos viven las vísperas con una enorme intensidad y emoción. Con una entrega absoluta.

–¿No cree que hay demasiado folclore alrededor de la Semana Santa?

–Viviéndola desde dentro, no. Aunque tengo ojos en la cara y noto que para mucha gente lo más atractivo de la Semana Santa no es la religiosidad que impregna, sino sus tallas, sus imágenes... ¿que me da pena? Sí. Pero yo no desprecio la capacidad de evangelizar que tiene una procesión, aunque no se asista a ella poniendo por delante el sentimiento religioso. He vivido experiencias significativas en ese sentido. Por ejemplo, en alguna ocasión en que he ido dentro de la procesión he comprobado cómo ha habido personas a las que me he encontrado en varios tramos del recorrido. Eso significa que no pasan por allí, echan un vistazo y se acabó, sino que la siguen. Una ocasión fue particularmente emotiva. Vi a una mujer, que iba con una niña, de la que parecía su madre, mirando a la Virgen con una intensidad que me conmovió. Cogí un ramo de flores de los que llevamos en el paso y se lo di. Lloramos las dos de emoción.

–¿No cree que la Semana Santa ha entrado en el circuito del ocio?

–No, no lo creo así.

–Pero los ayuntamientos, por supuesto también los extremeños, se pelean por hacer de sus semanas santas reclamos turísticos y se disputan los títulos de fiestas de interés turístico. ¿No cree que eso significa que se concibe como un pretexto para unas vacaciones?

–Más que como pretexto para unas vacaciones, la Semana Santa se ha convertido en un pretexto para asistir a las exposiciones escultóricas que constituyen infinidad de pasos.

–¿Cree que la gente se mueve en Semana Santa porque le atrae la imaginería? Las playas se llenan y allí no hay imágenes.

–Hay de todo. Afortunadamente estamos en una sociedad democrática en la que hay libertad de creencias, pero estoy convencida de que un porcentaje de la población estimable se mueve en los días de Semana Santa porque le atrae el patrimonio cultural que hay en cada ciudad relacionado con esta celebración. Sin ir más lejos, nosotros tenemos una talla y un Yacente del siglo XVI, unos mantos espectaculares, bordados que ya no existen... patrimonio, en definitiva. La Semana Santa es patrimonio, pero apartaría de ella la palabra ocio.

–Menciona los mantos, los bordados... hay imágenes que llevan joyas. ¿Esa profusión de riqueza no contradice la imagen del Cristo de los pobres?

–Le contesto con una pregunta: ¿usted cuando le hace un regalo a su padre o a su madre no busca lo mejor, no pretende engalanar con ese regalo lo mejor posible a la persona a la que lo destina? Esa es la intención con la que se hacen regalos costosos. Son expresión de amor, adornos para ensalzar. En las hermandades hay objetos muy valiosos, pero también hacemos una labor solidaria de primer orden. Una de las acciones más importantes de esta cofradía son los actos de recaudación de dinero o alimentos que entregamos a Cáritas o al comedor San Vicente de Paul durante las Navidades y para lo cual movilizamos a casi treinta grupos de todo tipo. Nos ayudan hasta las murgas del Carnaval.