La presa romana que nadie conoce en Badajoz

Restos de la Presa de las Tomas, detrás de Hierros Díaz. :: HOY/
Restos de la Presa de las Tomas, detrás de Hierros Díaz. :: HOY

Las Tomas se construyó sobre un arroyo poco después de la de Proserpina en Mérida

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

Las presas antiguas son también patrimonio histórico. Aunque se trate de yacimientos en mitad del campo, en zonas inaccesibles y sin la consideración que tienen las iglesias o los castillos, su estudio ayuda a entender la forma de vida pasada en la región.

Fernando Aranda es director adjunto de la Confederación Hidrográfica del Guadiana y uno de los expertos que más ha estudiado este campo. Este jueves, 3 de mayo, a las 19 horas, expondrá en el aula de la Uned de la Plaza Alta algunas muestras de este patrimonio abandonado que parece no importar a nadie.

Las presas tienen un papel crucial en la historia de la región por el clima y el suelo. Por un lado tenemos precipitaciones irregulares a base de sequías y estaciones de lluvia intensa. Por otro, un suelo impermeable de pizarra y granito. La lluvia, por tanto, corre con facilidad por el terreno pero no se infiltra ni se retiene en el subsuelo. Apenas hay manantiales en Extremadura.

Más de la mitad de las 50 primeras presas que se construyeron en España son extremeñas

Con este entorno y este clima, estas construcciones resultan necesarias para guardar el agua que la naturaleza proporciona y poder utilizarla cuando ya no lo hace.

En Extremadura esta necesidad de guardar el agua se ha sentido desde el principio de la historia. Ya los romanos construyen algunas presas. Aunque Proserpina y Cornalvo, en la comarca de Mérida, son las más importantes y las que todo el mundo conoce, hay muchísimas más en las que casi nadie repara.

Fernando Aranda, en su despacho.
Fernando Aranda, en su despacho. / J. M. Romero

Un ejemplo de este legado histórico olvidado es la presa de las Tomas, en Badajoz. Situada por encima de la famosa rotonda del ocho de la conexión con Talavera, detrás de las naves de Hierros Díaz se esconde una de origen romano.

Fernando Aranda habla de una construcción muy interesante porque, aunque mucho más pequeña, tiene un diseño muy parecido a la de Proserpina. Con dos elementos muy definidos: un muro con una torre y una galería y un terraplén.

De lo que fue solo queda hoy una alineación de rocas. Muy deteriorada porque no cuenta con ninguna consideración patrimonial. Con el paso de los siglos le han echado tierra encima y los trabajos agrícolas de la finca la han derruido casi por completo. Fernando Aranda cree que ha llegado el momento de pedir la consideración de Bien de Interés Cultural para darle alguna protección.

El responsable de la Confederación Hidrográfica del Guadiana la sitúa en el siglo tres o cuatro después de Cristo, posterior a Proserpina.

Se construyó sobre un arroyo que pasaba por allí. Los romanos no hacían presas sobre los ríos grandes porque no tenían los medios técnicos. Utilizaban materiales que daba el terreno, como piedras y mortero de cal. En este caso, sospecha Aranda que era para el regadío de las huertas de la villa cercana.

El problema, reclama Aranda, es que a nadie le parece importante que eso sea un patrimonio digno de conservarse y protegerse. Es una pena, pero parece que las presas no llaman tanto la atención. Aunque han pasado desapercibidas, hay muchos ejemplos por recuperar. En 1986, el Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo hizo el primer inventario serio de presas en España. Las ordenó cronológicamente y de las cincuenta primeras, 27 son extremeñas. Es decir, más de la mitad de las cincuenta primeras presas que se hicieron en España y se mantienen en servicio actualmente son extremeñas.

De algunas no hay documentación y cuesta ubicarlas en una fecha concreta, pero su construcción se mantuvo en todos los siglos posteriores.

Muy deteriorada y que convendría igualmente proteger es la del estanque de Guadalupe. En servicio hasta principios del siglo XX y con molinos aguas abajo, se enmarca en la Edad Media, a finales del siglo XV aproximadamente.

En el siglo XVIII, el mejor ejemplo es la de la Albuera, localizada en Feria. Se construyó en 1748 y también está en uso. Hace pocos días, la Junta ha iniciado el proceso para la declaración de BIC, un paso que hace a Aranda ser optimista con el futuro de este tipo de construcciones.

En esa época se construyeron muchas entre Cáceres y Alcántara y en el siglo XIX destacan la de Los Barruecos, con su antiguo lavadero de lanas aguas abajo, la de Mata de Alcántara. En la segunda mitad del siglo XIX se cierra la época antigua. La primera moderna que se construyó en Extremadura es la Presa del Águila, en Villar del Rey a finales del XIX.

Tiene 25 metros de altura y retiene un embalse de 10 hectómetros cúbicos. Por dimensiones y estilo de construcción se puede decir que es la primera vez que se utiliza ya la ingeniería moderna. Peña del Águila se hizo para abastecer a Badajoz, durante un tiempo fue la más grande de la región. Quedo sumergida cuando Confederación hizo la presa actual de Villar del Rey. Su escalinata se vio por última vez en la sequía del 95.

A pesar de este prolífico listado de vestigios, Aranda cree que muchas de ellas no se conocen. El desconocimiento, lamenta, es lo que muchas veces trae el abandono.

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