La parroquia de Santo Domingo acoge el cuarto centenario de San Vicente de Paúl

La parroquia de Santo Domingo acogió anoche los actos de celebración. :: casimiro moreno

Estos misioneros llegaron a la diócesis en 1802 y las Hijas de la Caridad llevan décadas ayudando a colectivos marginados de la ciudad

Evaristo Fdez. de Vega
EVARISTO FDEZ. DE VEGABadajoz

badajoz. La parroquia de Santo Domingo acogió ayer las celebraciones programadas por la familia vicenciana para conmemorar el cuarto centenario de la fundación de las Conferencias de la Caridad, germen de un espíritu misionero que desde hace 215 años tiene presencia en la archidiócesis de Mérida-Badajoz.

El párroco de Santo Domingo, Alfonso González, destacó ayer el trabajo que han realizado desde que en el año 1802 llegaran a Badajoz los primeros misioneros paúles para hacerse cargo de la Casa de los Ordenandos y trabajar en la formación religiosa e intelectual de los sacerdotes de la diócesis.

Desde ese momento, siempre han trabajado en la ciudad las distintas instituciones que componen una institución religiosa que tiene sus máximos exponentes en la comunidad de misioneros Paúles de la parroquia de Santo Domingo y en los dos comedores sociales que existen en la ciudad, el de la calle José Lanot y el de San Pedro de Alcántara.

El padre Alfonso ha recordado que San Vicente de Paúl y sus continuadores siempre han tratado de atender a los más pobres, una tarea en la que se esfuerzan cada día las 40 Voluntarias de la Caridad que colaboran con los comedores.

La familia vicenciana también está compuesta en Badajoz por los cuatro misioneros paúles, tres de ellos sacerdotes, que tienen encomendada la atención de la parroquia de Santo Domingo, junto a la comandancia de la Guardia Civil. «Vivimos aquí y tenemos la puerta abierta las 24 horas del día para atender a todas las personas que lo necesiten».

Hijas de la Caridad

En Badajoz también han realizado una importante labor las Hijas de la Caridad, que atendieron los hogares infantiles y trabajaron en los hospitales de la ciudad.

Actualmente, estas religiosas llevan el comedor social de la calle Martín Cansado y también una vivienda para madres que tienen dificultades para conservar la tutela de sus hijos. «San Vicente de Paúl no quería que fueran monjas enclaustradas en sus conventos sino monjas que estuvieran en la calle ayudando a quienes más lo necesitan».

Al acto de ayer, en el que participó el arzobispo de Mérida-Badajoz Celso Morga, también se unieron los pacenses que sienten la devoción de la Virgen de la Medalla Milagrosa, así como los 20 catequistas que se encargan de la preparación de los niños y adolescentes que reciben formación religiosa en la parroquia de Santo Domingo. «Sencillez y humildad son las virtudes que trata de seguir la familia vicenciana», resume el padre Alfonso.

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