Los niños de los Colorines aprenden a tocar el violín

La violinista Ángeles Sota enseña a los chicos del colegio Santa Engracia. :: J. V. Arnelas

Tres músicos de la Orquesta de Extremadura ejercen de maestros voluntarios todos los lunes por la tarde

A. GILGADO BADAJOZ.

El aula de música del colegio Santa Engracia, en los Colorines, la adornan retratos en cartulina de Mozart, Beethoven o Tchaikovsky. En este particular olimpo de los músicos tampoco falta Camarón de la Isla. Su inconfudible silueta destaca junto a la puerta de entrada.

En el centro están muy familiarizados con el flamenco, pero en las últimas semanas también con la música clásica.

Gabriel Calvo nunca había visto un violín -«solo por la tele»- por eso cuando le dijeron que habían donado cinco instrumentos al centro se apuntó a las clases. Cada lunes, de cinco a seis y media de la tarde, trata de sacarle algunas notas.

David Balona y Ricardo Prieto Profesores «Llevamos poco tiempo pero se nota el interés, ahora falta que tengan continuidad»

De momento, ha conseguido tocar alguna sinfonía de iniciación con pizzicato (pellizcándolo).

Ayer por la tarde demostró su pericia junto a sus cuatro compañeros en un sucedáneo de concierto. El debut fue todo un éxito. No había sillas libres en el aula de música para escucharles.

Un sonoro aplauso de representantes de la Fundación Orquesta de Extremadura, de la Junta y de la Obra Social La Caixa cerró el acto. Las tres instituciones idearon esta iniciativa piloto para llevar la música clásica a los barrios más desfavorecidos.

La violinista Ángeles Sota y los violonchelistas David Balona y Ricardo Prieto ejercen de profesores.

Cada lunes por la tarde se acercan al centro para enseñar a sus nueve alumnos. Cinco en el grupo de violín y cuatro en el de violonchelo. Los tres se prestaron voluntarios cuando la Fundación Orquesta de Extremadura les habló del proyecto.

Ángeles Sota lleva en la Orquesta desde que se fundó en el año 2000, pero siempre le interesó la pedagogía aplicada a la música. Por eso cree que encaja en el proyecto 'En clave de Fa', nombre que le han dado la Obra Social La Caixa y la Orquesta. Basta cinco minutos en la clase de Ángeles para entender que se trata de un compromiso muy claro. Gabriel y sus cuatro compañeros apenas paran quietos. Una escribe la fecha en la pizarra, otro abre un cajón de la mesa, otra recoge las libretas... Juntarles para que se pongan delante del atril de la partitura ya es todo un triunfo.

«Tienen mucho interés», sentencia. El principal reto ahora es conciliar la impaciencia de los alumnos. «Quieren que esto sea ya y aprender a tocar un instrumento lleva su tiempo». Por eso combinan las sesiones de hora y media con explicaciones teóricas de música, imprescindibles para saber leer las partituras, con la práctica del violín.

De momento, el instrumento se queda en el centro, pero la idea es que con el tiempo, cuando tengan más destreza, también se lo lleven a casa para practicar para que asuman también la responsabilidad y el mantenimiento. «Tenemos que enseñarles también que es algo muy delicado».

La misma paciencia a la que apela Ángeles también tratan de trabajarla David y Ricardo con sus cuatro alumnos de violonchelo. El desafío cuando uno trabaja con niños tan pequeños, de entre ocho y diez años, es que esa curiosidad que muestran cuando llega algo novedoso al colegio perdure en el tiempo. Ayer aprovecharon para explicarles a los padres que es fundamental mantener esa continuidad lunes tras lunes.

Con apenas seis sesiones completas, a David le ha sorprendido la facilidad que tienen los chicos para familiarizarse con un instrumento tan voluminoso. «Están en un entorno difícil, pero durante una hora les sacas de esa realidad y les trata de llevar al mundo de la música clásica». A Ricardo Prieto también le atrae la atención que prestan algunos chicos en clase. «Tocas una canción y luego ellos lo repiten. Eso te alucina. El interés lo notas. Ahora falta lo más difícil, la continuidad».

En la Orquesta trabajan para que algunos de los niños de los Colorines pueda en un futuro ingresar en la orquesta infantil y juvenil y de esta forma aprendan a relacionarse con otros niños de la ciudad. Ese es el último objetivo.

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