Un museo de Ciencia y Tecnología en Badajoz

¿Capricho u ocurrencia?

JAVIER MARCOS ARÉVALO

Desde hace algún tiempo, cíclicamente, unos cuantos vecinos de la ciudad vienen impulsando la idea de instalar un museo de Ciencia y Tecnología. Propuesta que en los últimos tiempos se reactiva, como Ave Fénix, con noticias aparecidas en los medios de comunicación regional. Lejos de mi intención ir contra personas o instituciones; y mucho menos oponerme al progreso social, turístico o cultural de la ciudad de Badajoz. Por lo tanto, bienvenida cualquier sugerencia sensata y prioritaria que contribuya a incrementar equipamientos, infraestructuras, instalaciones educacionales, culturales, sanitarias, etc. Ahora bien, la propuesta de proyecto que unos pocos amigos han presentado para una eventual instalación de un museo de Ciencia y Tecnología me parece inadecuada, por emplear un adjetivo moderado. Desde mi percepción un museo de Ciencia y Tecnología en Badajoz es algo difícil de explicar razonadamente si no es a partir de determinados intereses particulares; aunque estoy convencido de que detrás están personas bien intencionadas. Lógicamente, la buena intención es necesaria, pero no suficiente cuando se trata de inversiones con el dinero de todos.

Entre otros pretextos pueden aducirse, así parece, la falta de demanda social e institucional. Además, llegado el caso, sería obligado identificar y evaluar las principales necesidades de la población, establecer prioridades, realizar análisis rigurosos sobre las potenciales rentabilidades del proyecto, valorar la imagen que proyectaría su creación, etc. La decisión final debiera tener en cuenta asimismo el parecer del conjunto de la sociedad de referencia. De manera que considero que el apoyo presupuestario de las instituciones debiera orientarse, entre otros, por los siguientes criterios: aceptación social, rentabilidad cultural, aportación al refuerzo de la identidad local, sintonía emocional entre lo expuesto y los potenciales visitantes, etc. Porque pienso que mayoritariamente no nos reconoceríamos y nos sentiríamos desidentificados con los contenidos de un museo de este tipo. Un museo, y sus contenidos, deben cumplir una primera función patrimonial, conservar, otra pedagógica y educacional. Todos cumplen de algún modo estas funciones; pero una institución museal, sobre todo, debe emocionar, vincular a las gentes con su pasado, presente y proyección de futuro. Porque sentimentalmente la gente se reconoce en su tradición, abierta y en transformación, sí, pero resultado de formas de vida específicas. Para emocionar se tienen que conocer y comprender los objetos y tecnologías mostradas. El cerebro, dicen los expertos, sólo aprende mediante las emociones. Un museo como el propuesto, en el que, previsiblemente, se exhibirían «cosas» con las que la mayoría de la gente no estuviera ligada, porque se desconocen, ¿qué emociones puede transmitir? En definitiva: ¿Qué tiene que ver la sociedad, las formas de vida, la cultura en suma de los extremeños y pacenses con el desarrollo científico y el progreso tecnológico? ¿Qué vínculos históricos o emocionales tienen los badajocenses, en el contexto experiencial que estamos insertados y convivencial en el que desarrollamos nuestras vidas, con la ciencia y la tecnología? ¿Cuáles han sido nuestras célebres contribuciones desde estas disciplinas y profesiones al desarrollo de la humanidad? ¿Y quiénes nuestros grandes científicos, universalmente conocidos, y los prestigiosos ingenieros que han inventado diseños tecnológicos aplicados en todas partes del mundo? Claro, si se quiere se puede dar la vuelta al argumento. Pero aludo a la lógica y al sentido común. Nuestra identidad, la pasada y la que día a día se construye y modifica para el futuro, nada tiene que ver, con un museo como el propuesto. Y lo mismo ocurre con nuestra tradición económica, tecnológica, social y cultural. ¿No existen, acaso, otras necesidades sociales y culturales más perentorias en la ciudad de Badajoz?

Las instituciones públicas, y las privadas, que entre sus funciones tienen la de restituir a la sociedad parte de sus beneficios a través de Fundaciones u Obras Sociales, deben gestionar con acierto los limitados recursos de que disponen. Me sorprende que en la «presentación social» de la idea estuvieran presente los presidentes de la Junta y de la Diputación, además del alcalde de la ciudad. ¿Significa esto que el proyecto cuenta con el respaldo económico de tales organismos? Disparar con pólvora ajena es muy fácil; sale gratis; pero los experimentos mejor con gaseosa, y no con el patrimonio de todos. Hay que gestionar y saber priorizar. ¿Alguien, sinceramente, necesita un museo de ciencia y tecnología en Badajoz? ¿Quién lo echa en falta? La respuesta en absoluto debiera significar estar contra la innovación y el progreso. Pero tanto la una como el otro suelen anclar sus raíces en la tradición renovada.

Aunque actualmente se han extendido, los primeros museos de Ciencia y Tecnología , con algunos precedentes, se originaron en el XIX y a principios del XX en los países cuyo sistema productivo estuvieron asociadas a tales cuestiones. Algunos de ellos fueron conocidos como «Gabinetes de máquinas», «Museos industriales», «Museos tecnológicos», vinculados a las sociedades industriales, a las exposiciones universales celebradas en las grandes capitales europeas y sin lugar a dudas a las colonizaciones y la consecuente ampliación de la biodiversidad humana y natural. En el contexto que estamos insertados, nuestras tecnologías tienen más que ver con las culturas tradicionales que con las culturas desarrolladas científica y tecnológicamente en otros ambientes. Varios ejemplos: las tecnologías hidráulicas en torno al Guadiana para el aprovechamiento y uso del agua (higiene, riego, energía, navegación...); las fábricas de harina, los molinos de cereal (El de los Moscoso); las fábricas de electricidad o de la luz (Ayala); las de hielo, etc. Estos si que son referentes simbólicos de la memoria social viva que vinculan afectivamente las generaciones entre sí y los objetos a los sujetos. Recuperar y adecuar los edificios de la ribera derecha del Guadiana y sus entornos naturales parece una opción a plantear, dado los estrechos lazos que existen entre los pacenses y estos escenarios. Un entorno, paisajístico de gran valor donde se entrelazan la cultura y el medioambiente, susceptible de convertirse en ecomuseo, integrando el discurso naturaleza-cultura y aunando la filosofía del desarrollo sostenible a partir de la patrimonialización del río.

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