Una madre impulsa un grupo libre de ocio para jóvenes con Asperger

Ana Fernández, en primer término, junto a María Rastrojo, la neuropsicóloga del grupo. :: Casimiro Moreno/
Ana Fernández, en primer término, junto a María Rastrojo, la neuropsicóloga del grupo. :: Casimiro Moreno

La meta es que los chicos consigan autonomía y habilidades sociales para evitar la tendencia al aislamiento

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

El pasado jueves, a las seis de la tarde, echó a andar en el Centro Joven Puente Real el Grupo Afin Tea Asperger. Lo forman padres y madres de jóvenes con Síndrome Asperger (SA) y otros trastornos del espectro autista. El Asperger lleva a los chicos al aislamiento social y las familias quieren formar un grupo libre para que sus hijos compartan ocio y actividades.

En la ciudad hay varios centros y organizaciones que trabajan con niños autistas, pero la oferta terapéutica se reduce conforme los chicos van siendo mayores y llegan a la mayoría de edad. A muchos padres les preocupa que se conviertan en adultos que apenas salen de casa.

Ana Fernández tiene un hijo con SA de 23 años y tras formarse y estudiar mucho sobre el autismo ha decido impulsor del grupo. Cuenta que no pretenden convertirse en una oenegé o algo similar, simplemente, que sus hijo tenga un grupo de amigos.

Los jóvenes con SA tiene muchas dificultades para interactuar con los demás y tienden a aislarse, lo que puede llevarles a la depresión y a la ansiedad. «Son personas que podrían ser autónomas, pero no lo consiguen porque no se relacionan», explica.

Después de tantos años conviviendo con el autismo, Ana es ya una experta. Ha leído, estudiado y analizado muchos manuales. Aunque ahora es un desorden más conocido, hace 23 años apenas se hablaba del tema y los diagnósticos no eran tan claros.

A los siete años, ya habían cambiado tres veces de colegio hasta que llegaron a la Escuela Libre Paideia, pero en el instituto volvieron de nuevo los problemas. El continuo acoso y el 'mobbing' que sufrió en esta época les hizo desistir.

«El problema es que no se trabaja con la diversidad. Los niños no están educados para respetar a los que son diferentes, por eso lo apartan y le hacen bromas continuamente».

Pasó también por la Escuela de Arte y estudió forja, pero lo dejó porque sus compañeros le recriminaban al profesor que le dedicara tanto tiempo.

Su calendario de actividades ahora se reduce a la equitación. «Es su pasión y lo que más feliz le hace. Aunque este año nos han subido el precio de las clases de zooterapia, seguimos porque le beneficia mucho».

El afán de Ana es que su hijo algún día pueda ser autónomo . «Llegará un día en que yo ya no estaré y él se tendrá que quedar en este mundo injusto».

Ocio

El ocio -cuenta- resulta fundamental para ganar autonomía. Se relacionan, toman decisiones y adquieren habilidades sociales.

La asociación sigue la guía de la Federación de Autismo de Madrid y su promotora insiste en que es un proyecto que ha venido rumiando desde hace tiempo. Nace después de dar muchas vueltas por colegios, terapetutas o especialistas. No es fácil, explica, dar con gente realmente formada en el autismo, por eso cree que las familias deben tener un papel activo para conseguir la autonomía de sus hijos y que la sociedad conozca más el Asperger.

Ana cuenta también con el apoyo de María Rastrojo, una neuropsicóloga voluntaria que asesorará también a las familias que se pongan en contacto con ella. Las sesiones para familiares se repetirán cada viernes por la tarde y anima a todos los que tengan dudas o interés a pasarse por el Centro Joven.

Aunque no se puede generalizar, en estos primeros contactos Ana ha detectado cierta apatía en muchos casos. Los jóvenes y adultos autistas se meten tanto en su mundo interior que acaban viviendo en su habitación. Las propias familias se acomodan a ese tipo de vida y no perciben la necesidad de fomentar la interacción con el resto. «Parece que no lo necesitan, pero si te acercas a ellos descubres que, por supuesto, lo necesitan».

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