«¿Quiénes somos nosotras para juzgar a esas mujeres? Ellas sólo nos dan cariño»

EVARISTO FDEZ. DE VEGABadajoz

En tantos años de voluntariado, el Centro de Promoción de la Mujer en la cárcel ha trabajado con reclusas que debían cumplir largas penas por delitos muy graves. «Es cierto que están pagando por lo que han hecho, pero merecen ser escuchadas y queridas. ¿Qué habría sido de nosotras si no hubiésemos tenido las oportunidades que hemos tenido en nuestras vidas?», se pregunta Manoli.

Tampoco se atreve a juzgarlas Mercedes Moreno, que entró en este grupo de voluntariado casi por casualidad. Ella era la presidenta de los Centros de Promoción de la Mujer de Badajoz y, como tenía coche, se encargaba de acercarlas a la cárcel. «Para mí también tiene mucho que ver lo que hago con un compromiso cristiano. Es fuerte saber que delante tienes a una chica condenada por un asesinato, ¿pero quiénes somos nosotras para juzgarla? A nosotras esas mujeres sólo nos dan cariño».

Esa forma de entender el voluntariado es el que tratan de transmitir a Sandra Argeñal, que a sus 45 años es la más joven del grupo. «A mí me llamaron Manoli y Ricardo y ahora soy muy feliz acompañando a mujeres en dificultades».

Sandra reconoce que a su marido «no le hacía mucha gracia» que participara en un voluntariado de ese tipo, pero los recelos iniciales se han transformado en ilusión. «Esas chicas valoran muchísimo cosas a las que nosotras no damos importancia. Me acuerdo mucho de las mujeres de la cárcel cuando mis hijos me dicen que no les gusta la comida, ¿tú sabes la ilusión que les puede hacer a ellas un simple bocadillo de tortilla de atún?».

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