El Infanta es el hospital español que más operaciones coronarias practica

El doctor José Ramón González, en el centro, con parte del equipo en la puerta de la UCP./PAKOPÍ
El doctor José Ramón González, en el centro, con parte del equipo en la puerta de la UCP. / PAKOPÍ

El Servicio de Cirugía Cardíaca del Infanta cumple 25 años como referente de técnicas poco invasivas

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

El servicio de cirugía cardíaca del Infanta Cristina cumple 25 años. En este tiempo, el empuje de la ciencia y la tecnología han transformado por completo a un departamento en el que las técnicas poco invasivas ganan terreno. Los riesgos se han minimizado, hay menos mortalidad (apenas el 1% incluidas las urgencias), los operados se recuperan más rápido y se ha duplicado la actividad. Si en 1992 los cirujanos practicaban 200 intervenciones al año, ahora se acercan a las cuatrocientas y llegan hasta las quinientas si suman las leves como limpiezas de heridas, marcapasos o periocardiostomías.

Mucho ha cambiado, por tanto, el panorama desde que Eguaras, Zabala, Pineda y Tarini inauguraran el campo de las operaciones de corazón en Extremadura.

Al frente del departamento se encuentra ahora el doctor José Ramón González. Coordina un grupo de seis cirujanos y seis anestesistas fijos y en el que tratan de reducir al máximo la rotación del personal de enfermería. Aterrizó en el Infanta en 2006 para participar en la renovación que impulsó Fermín González de Diego, que procedía del Gregorio Marañón y trasladó el modelo de trabajo al Infanta. Cogió el mando en 2012 cuando González de Diego volvió al Marañón. «Esa renovación de 2006 ha permitido llegar a los resultados de hoy», sentencia.

El método de trabajo que implantaron se sustenta en cuatro pilares básicos: tratamiento integral del paciente, equipo, coordinación con los cardiólogos y apuesta por las técnicas mínimamente invasivas.

El tratamiento integral permite a los cirujanos un contacto con los pacientes más allá del quirófano. Se reúnen con ellos previamente para explicarles la intervención y después de operarles mantienen un seguimiento con cada uno en la Unidad de Cuidados Postoperatorios, una especie de UCI solo para intervenidos de corazón.

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El mismo personal que trabaja en quirófano se encarga de la UCP y de las consultas. «Visto así, parece muy simple, pero no se hacía hasta el año 2006 y lo cambió todo. En muy pocos hospitales los cirujanos llevan también las UCP».

La clave, aclara el doctor, está en que todos conocen a cada enfermo. En las sesiones clínicas de cada mañana se reúne el equipo a las ocho y cuarto y actualizan la información. Los ingresados, los operados, los que pasan a la UCP...

Las urgencias las abordan organizando turnos para que siempre haya en el hospital un cirujano y un anestesista del servicio. El personal de enfermería y los profusionistas, los que manejan las máquinas que mantienen el riego cuando se para el corazón en el quirófano, también están siempre localizados para preparar cualquier intervención en menos de veinte minutos. «El seguimiento hace que el paciente vaya mejor y se eviten complicaciones innecesarias para abordar cualquier imprevisto. No nos puede pillar nada por sorpresa». La relación con los cardiólogos explica también parte de los resultados del equipo de doctor González. En sus dos quirófanos se operan pacientes derivados de todos los servicios de cardiología del SES porque se trata de un centro de referencia regional que cubre tanto Badajoz como Cáceres.

La relación fluida entre cardiólogos y cirujanos cardiovasculares ha evitado la tendencia de otras comunidades autónomas hacia el abuso de los stents para corregir las obstrucciones coronarias. «Si a un paciente le preguntas si prefiere que aprovechando la vía que le han abierto, le solucionen el problema instalándole un stent, o esperar al quirófano, lógicamente opta por la primera opción».

El problema, según el doctor González, viene porque está científicamente comprobado que la supervivencia a largo plazo del paciente tiene más garantía con el quirófano que con el stent, de ahí que las guías sanitarias estandarizadas de la disciplina recomienden en algunos casos la cirugía a la implantación del dispositivo. «En Extremadura, los cardiólogos siguen dando prioridad a la supervivencia a largo plazo de los pacientes y ese criterio no se sigue en otros sitios».

Prueba de esta filosofía es que cada año operan a entre 160 y 170 pacientes coronarios, una cifra a la que no llega, ni de lejos, ningún otro hospital en España, según los datos que maneja la unidad y publicados en su día por la Sociedad Española de Cardiología. Las coronarias son las arterias que nutren de sangre y oxigenan al corazón. Tienen entre uno y dos centímetros de diámetro y cuando sufren una obstrucción hay que hacer un empalme para salvar la zona obstruida. El paciente suele ingresar dos días antes para hacerle el preoperatorio. Ya en el quirófano, la intervención se prolonga entre seis y ocho horas. El proceso lleva anestesia general, entubar y activar el circuito sanguíneo con la máquina que sustituye la función cardíaca porque el corazón se para entre sesenta y noventa minutos. El empalme se hace abriendo el esternón y cogiendo parte de una arteria mamaria y de la pierna; en realidad se le fabrica al paciente una nueva canalización de dos milímetros de su propio cuerpo.

Tras la operación, el enfermo pasa a la UCP y a los dos días a planta. En una semana recibe el alta hospitalaria y al mes se le revisa en consultas externas y se le deriva de nuevo al cardiólogo. En coronarias el servicio registra una tasa de mortalidad inferior al 1% incluyendo las urgencias, una marca que se atribuye en los estándares médicos a centros de excelencia. «En el resto de intervenciones también estamos en esos niveles».

Con las bodas de plata ya cumplidas, el equipo de cirujanos mira ahora al futuro más inmediato y eso, aclara al doctor González, pasa inevitablemente por la cirugía mínimamente invasiva. Abordar las intervenciones con pequeñas punciones e instalar válvulas sin necesidad de abrir por el esternón. Con estas técnicas hay menos riesgos y los plazos de recuperación se acortan. En Badajoz, por ejemplo, son pioneros a nivel nacional en las famosas Tavis, las válvula poscatéter que evitan ya operaciones más complejas.

Cirujanos de toda España aprenden esta técnica de implantación de válvulas que se ha desarrollado en el Infanta. El siguiente paso es el quirófano mixto, algo ya habitual en los principales hospitales europeos. Se trata de añadir tecnología de alta resolución de imagen en 3D a la microcirugía. Con la imagen de alta resolución hay más precisión para abordar las lesiones desde fuera. «Esta es la tecnología del futuro y aquí más temprano que tarde tendremos que ponernos».

El objetivo, explica el doctor González, es mantener los niveles de mortalidad tan bajos, que no es fácil. «Estamos a la vanguardia de las técnicas quirúrgicas europeas y tenemos un equipo muy preparado que aplica aquí lo que han aprendido en centros internacionales».

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