Un fusil, cinco cargadores y mucho valor

El soldado Trejo en la actualidad en la Base de Bótoa (Badajoz). :: José Vicente Arnelas/
El soldado Trejo en la actualidad en la Base de Bótoa (Badajoz). :: José Vicente Arnelas

Defensa recupera historias de enfrentamientos bélicos, como la del soldado pacense Jorge Trejo | En 2004 repelió en solitario desde una garita de guardia en Irak un asedio enemigo, lo que le valió una Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo

J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

Es frecuente referirse a las misiones de las tropas españolas como misiones de paz. Pero a nadie se le escapa que llevan armas y a veces no queda más remedio que dispararlas. La brigada Extremadura XI ya ha pisado escenarios de conflicto como Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Irak, Líbano, Malí y recientemente Letonia. El episodio bélicos más conocido es el de la 'batalla de Nayaf', en Irak, ocurrido en 2004 y sobre el que se escribieron cientos de crónicas entonces. Tuvo lugar el 4 de abril de aquel año, cuando un grupo de milicianos del Ejército de al-Mahdi atacó la base española Al Andalus en la ciudad iraquí de Nayaf. El enfrentamiento dejó entre 35 y 50 víctimas, la mayoría miembros de las milicias de Muqtada al Sadr. El Ejército español rescató a 102 personas, la mayoría soldados de El Salvador y militares iraquíes.

En un contexto de máxima tensión, tres días después, hacía guardia un jovencísimo militar pacense de la Brigada de Infantería Mecanizada (Brimz) Extremadura XI, con sede en Bótoa (Badajoz). El soldado Jorge Trejo Pereira tenía entonces 23 años, llevaba menos de dos en el Ejército, era su primera misión internacional y descargó cinco cargadores de su fusil contra el enemigo aguantando la posición hasta que llegaron los refuerzos. «Cada cargador tiene unas treinta balas y el último lo vacié a ráfagas más cortas para no quedarme sin munición. Ese rato se hace más largo de lo normal porque estás en tensión y parece que el tiempo se pare. Hacía fuego yo, el enemigo y el apoyo también. Menos mal que el funcionamiento de la unidad dándome luego la cobertura fue perfecto», rememora dieciocho años después este miembro perteneciente al Regimiento de Infantería 'Saboya'.

A punto de ser relevado

Su historia apenas trascendió porque aún se estaba analizando la intensa batalla de Nayaf y todos los medios tenían puesto el foco en aquel violento enfrentamiento. El escritor Lorenzo Silva la describió como «la acción armada más importante vivida por las tropas españolas en el último medio siglo».

En aquel combate al soldado Trejo le tocó disparar también, sin embargo fue por unos hechos acaecidos tres días después cuando le impusieron, por su valor, la Cruz del Mérito militar con distintivo rojo. Ahora el Ministerio de Defensa está recuperando las historias que tienen detrás estas distinciones publicando el relato de los hechos en un blog del Ejército de Tierra.

La foto del soldado Trejo ocupa una de las entradas recientes. Ahora tiene 37 años y ha recordado para HOY con precisa nitidez lo acaecido aquella noche del 7 de abril de 2004 en la garita del palmeral de base 'España' en Diwaniyah.

Dice que el reloj marcaba las 23.15 horas cuando estaban a punto de relevarle en la guardia. Le quedaban menos de dos semanas para volver a Extremadura y la única novedad en aquella noche iraquí fue que se estaban acabando las pilas de la radio. Así lo informó antes de que le dijeran que el siguiente turno traería pilas de repuesto. Arena del desierto, una vieja muralla que rodea la base y unos sacos terreros eran su paisaje.

«Terminé disparando con ráfagas más cortas para no quedarme sin munición»

«Me quedaban diez minutos para que me dieran el relevo y escuché la salida de un mortero. Inmediatamente cogí la radio para informar y no me dio tiempo porque cayó al lado de mi garita. Luego vi pasar un cohete (RPG) por encima, así que abrí fuego. Ahí no piensas, actúas, es para lo que estamos instruidos. Y así estuve un buen rato, abriendo fuego e informando. Calculo que los enemigos estarían a unos cincuenta metros. No sé qué intenciones tenían, eso solo lo sabían ellos, pero daño querían hacernos. Supongo que querían introducirse en la base justo por donde yo estaba. No sé cuánto duró. Con el tiempo iba cediendo el fuego enemigo hasta que cesó».

Trejo estuvo en Diwaniya cuatro meses y en ese periodo hubo otros ataques pero menores. «Eran menos directos, con morteros que nos enviaban desde lejos. Alguno llegó a caer dentro de la base, pero lo más intenso fue lo que viví aquella noche», señala.

«Mis padres se fueron enterando de lo que ocurrió por la televisión y cuando ya pasó todo lo conté. Su reacción fue de quedarse en shock porque no se lo esperaban, pero luego fueron conscientes de que es mi trabajo (...) Si tienes la oportunidad de combatir es una sensación muy grande para un militar. Y si sale bien, te refuerza de una manera impresionante», señala este militar que no ha vuelto a viajar en misión internacional y que afirma echar de menos la acción.

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