La resaca del viernes y el festivo disipan la feria en el Casco Antiguo

Una de las charangas que tocó ayer por la Plaza Alta. :: pakopí

Los hosteleros del centro desisten en las barras en la calle a pesar de que tienen autorización para montarlas

A. GILGADO BADAJOZ.

La resaca se intuía al poner los pies al mediodía en la avenida de Huelva: aceras vacías, un coche en el semáforo y un silencio solo roto por el altavoz de una pandilla que celebraba la despedida de soltera de 'la melli'. Las chicas bajaban de la plaza de España. «Hay poco ambiente, nos vamos al ferial». Pasaban las cinco de la tarde del día festivo de feria y los pronósticos apuntaban a que a esa hora el Casco Antiguo entraba en punto de ebullición.

El contraste llegó a subir hasta la plaza Alta. En el epicentro festivo se respiraba calma más que desmadre. Si no fuera por los farolillos de las esquinas, podría pasar por una tarde de verano cualquiera.

AGENDA DEL DÍA

Caseta Municipal
A las tres de la tarde espectáculo de magia a cargo de 'El gran chiky'. Por la noche, a las once, concierto del 'Trío Casablanca'.
Auditorio Recinto ferial
A las diez de la noche, concierto de 'Sweet California'.
Centro
En el parque Memoria de Menacho, a las nueve de la tarde se celebra el certamen de cajas rumberas.

En Muñoz Torrero, la hilera de mesas y sillas pegadas a la pared estaba tan llena como otras veces y en la plaza Alta no quedaba nadie en los veladores.

El bochorno llenó los bares y los pubs y dejó la calles casi vacías. La feria, bien, gracias, pero con aire acondicionado mejor.

A Julián Monge, uno de los hosteleros de Moreno Zancudo, el éxodo sabatino no le sorprendió. El viernes, recuerda, fue una de las mejores tardes del año. Incluso con más negocio que en la fiesta de Los Palomos. «Hoy todo está más flojo porque la gente el viernes estuvo mucho tiempo de feria y se alargó la madrugada». El festivo, cuenta el empresario, hace que muchos se queden en casa o en sus barrios.

El verdadero tirón del Casco Antiguo en la feria hay que medirlo en los días laborables. Cuando hay comercio y horario de reducido en muchas empresas. En esos días, cuenta Miguel Serrano desde el otro lado de la barra, se organizan comidas de grupos y la fiesta se alarga hasta las ocho o las nueve de la noche, pero el festivo decae y Caya gana protagonismo. Su teoría la ratifica Miguel Ángel desde su taxi.

A las cuatro era el único disponible en la plaza de España. Otros años -cuenta- lo normal es que los viajes desde el centro al ferial empiecen a las ocho o las nueve de la tarde, ayer ya había dado tres servicios antes de las cinco de la tarde. «El viernes nadie se movía de aquí, pero hoy parece que todos quieren ir a Caya».

El reparto del público es uno de los ojales sueltos que tiene todavía la Feria de Badajoz.

El debate de la marmota reaparece cada mes de junio. El traslado del ferial a la frontera fue la oportunidad que vieron los empresarios del centro para quedarse con una parte del pastel porque se imponía la pereza de moverse en coche hasta un extremo de la avenida de Elvas. Incluso en el perímetro de la Plaza de los Alféreces se atrevieron también a programar un San Juan alternativo para retener al público.

En los últimos años, sin embargo, parece que por fin Caya empieza a consolidarse. El tiempo dirá si solo es una moda, un espejismo o una tendencia.

La polémica de otros años por el horario de barras en el centro resulta ahora estéril. Los empresarios pueden montarlas hasta las ocho de la tarde, pero ya casi nadie las saca.

Mariano Sánchez lleva en la hostelería más de veinte años. Conoce San Juan desde una caseta de Caya y desde un velador del centro. Por experiencia, dice que en realidad no hay dos ferias iguales y dicta muchas variables a tener en cuenta. Desde las más obvias -como la cartera o el tiempo- a otras más solapadas, pero igualmente determinantes. Menciona, por ejemplo, a la selección española de fútbol.

Los años de Mundial y Eurocopa, si el conjunto nacional avanza en los torneos y los partidos son por la tarde, se traducían en una ruina hostelera en Caya. «Nadie iba allí porque todo el mundo se quedaba viendo los partidos en el centro. Era un desierto».

Este año, con algo más de alegría en el consumo, las incidencias vienen por las amenazas de tormenta y el calendario. No es lo mismo tener el festivo local en sábado que entre semana porque en el último caso aumenta el éxodo playero.

Caya

En Caya tampoco estaban ayer por la tarde para dar saltos de alegría. Salvo la caseta de la Granja El Cruce y la Municipal, en el resto apenas había ocupación. «A mediodía abrimos para cubrir gastos, las ganancias vienen a partir de las diez», explicaba ayer uno de los caseteros.

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