El Descendimiento cumple 75 años

Carlos Lobato, vocal de la hermandad, con María del Carmen Villalobos y Antonio Guevara. / J. V. ARNELAS
Carlos Lobato, vocal de la hermandad, con María del Carmen Villalobos y Antonio Guevara. / J. V. ARNELAS

El conjunto procesionó por primera vez en 1945 después de que las cofradías sevillanas quisieran quedarse con él por su gran valor artístico Tres descendientes de los fundadores recuerdan hoy los inicios de la cofradía

Evaristo Fdez. de Vega
EVARISTO FDEZ. DE VEGABadajoz

El 7 de abril de 1950, muy avanzada la noche, la Patrona de Badajoz se encontró por primera vez con la Virgen de la Esperanza. Cuentan las crónicas de la época que hasta los tejadillos de la plaza de San Andrés estaban abarrotados de público. Aquel acontecimiento todavía permanece en el recuerdo de María del Carmen Villalobos García. Entonces sólo tenía 12 años, suficientes para recordar todo lo que allí sucedió. «En la misma puerta de la casa Puebla mi tío trajo un ramo de flores blancas y se lo dio a la Virgen de la Esperanza. Yo estaba cogida de la mano de mi abuela y vi cómo mi tío Miguel cogió otro ramo y se lo entregó a mi abuela, que era su madre».

De vivencias como esta se hablará esta noche (a las 20.00 horas en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés) en una conferencia organizada por la Hermandad del Descendimiento para celebrar el 75 aniversario de su fundación. Participarán María del Carmen Villalobos García, Antonio Guevara Palacín y Salvador Márquez Nevado, todos ellos descendientes de fundadores de la cofradía.

De estos primeros tres cuartos de siglo en la hermandad del Descendimiento hablará Antonio Guevara, autor de un trabajo histórico en el que se recuerda que la cofradía nació el 27 de abril de 1943. Hijo de uno de los primeros 74 hermanos que se inscribieron en la cofradía, Guevara hijo debutó como nazareno cuando tenía 14 años. «Fui a la casa de don Miguel Gerva a comprar el traje, que era de capirote verde, túnica blanca y sin capa. Lo compré a plazos, porque entonces no había perras para pagarlo de un golpe, y vine de la estación con otros ocho o diez amigos. Era un espectáculo cruzar la ciudad».

También se recordarán los años en los que los pasos iban sobre ruedas

A Guevara no se le olvidan las reprimendas del «amigo Pradilla», entonces tesorero de la hermandad. «Siempre nos reñía porque decía que no se podían dar caramelos». También guarda en su retina la luz que desprendían los hachones de petróleo que iluminaban los desfiles antes de que llegaran las velas de cera.

La casa en la que Antonio Guevara compró su primer hábito era la de Miguel García Gervas, tío de María del Carmen Villalobos. Ella siempre escuchó que todo comenzó después de que su tío Miguel, que fue comisario de la Policía, se jugara en el casino un anillo que llevaba incrustado «un brillante del tamaño de un garbanzo». «Dijo que si ganaba la apuesta fundaría una cofradía y así ocurrió».

Desde el inicio, la hermandad giró en torno a la Iglesia de San Andrés. Los impulsores fueron Miguel García Gerva (hermano mayor), Luis Martín Illesca (mayordomo), Antonio Cortés Lavado, Enrique Vidarte Pérez, Antonio Flores López, Manuel Pessini, Manuel Llera y Ramón López Caballero.

En el plano artístico fue fundamental el apoyo de Antonio Flores y José Benítez, de la Casa Artes de Badajoz. «Ellos llevaron un poco la dirección artística. Flores hizo el voceto que junto a don Miguel García Gerva y don Luis Martín Illesca llevaron a Sevilla para encargar el conjunto escultórico a Antonio Castillo Lastrucci». En el boceto inicial aparecía una imagen de María Magdalena que nunca llegó a ser realizada por falta de fondos. «Claro, era mi abuela la que ponía todo y ya estaba cansada de tanto gasto», justifica María del Carmen Villalobos.

El Descendimiento costó 23.000 pesetas y llegó a Badajoz dos meses antes de la Semana Santa de 1944. Pero ese año no pudo desfilar a causa de la lluvia, por lo que hubo que esperar a 1945 para ver su estreno en la calle. «Antes de traerlo causó tal sensación que los capitostes de la Semana Santa de Sevilla no aceptaban que saliera de allí y lo quisieron comprar».

En uno de sus primeros desfiles la Virgen llevó el pañuelo de Primera Comunión de María del Carmen Villalobos. «Mi madre vistió a la Virgen cuando vino, le puso un traje blanco y una toca de hebrea».

Pronto fue encargada a Lastrucci la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza, que se convirtió en el segundo paso. Las 2.500 pesetas que costó fueron donadas por los hermanos Ramón y Manuel Sáez del Río, que eran ganaderos de Salamanca. Llegó a Badajoz en tren el 11 de octubre de 1945.

En la conferencia de esta tarde se contará también que en la década de 1980 la cofradía del Descendimiento recibió de la Hermandad de la Quinta Angustia de Sevilla un nuevo ofrecimiento -se habla de 14 millones de pesetas- para quedarse con el Descendimiento de Lastrucci. También se referirán algunas curiosidades, como el rosario de la reina Isabel II que Villalobos regaló a la Virgen. «Era de madreperla, llegó a casa porque una prima de mi abuelo era dama de palacio».

Pero no todo en la Hermandad del Descendimiento ha sido gloria y esplendor. También se recordarán los años en los que los pasos iban sobre ruedas porque los costaleros exigieron una subida en el jornal. Por aquel entonces, Antonio Guevara era mayordomo y recuerda que, después de reunirse las hermandades para analizar la situación, decidieron poner ruedas a los pasos. «Eso deslució mucho las procesiones».

En esa época, los costaleros cobraban «200 o 300 pesetas», pero dice María del Carmen Villalobos que muchos años antes, cuando ella era niña, recibían como único pago «un bocadillo de chorizo y unas zapatillas».

La imagen de los nazarenos ayudando a empujar los pasos sobre ruedas en la dura cuesta de la calle Obispo pasó a la historia cuando la Asociación de Costaleros San José irrumpió en la Semana Santa de Badajoz. «Eso ha sido fundamental para recuperar el esplendor. También la aportación de las mujeres a las hermandades, con ellas las cofradías se revitalizaron y evitaron el declive».

Tras la conferencia de esta tarde, la hermandad ha programado para este sábado 28 de abril, a las 20 horas en San Andrés, una eucaristía en la que celebrarán los 75 años de vivencias. A la conclusión, habrá un acto de homenaje a los fundadores.

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