Las Crispitas siguen sin las boyas de peligro que se anunciaron en 2013

Zona de las Crispitas, donde no hay boyas de peligro. :: j. v. arnelas/
Zona de las Crispitas, donde no hay boyas de peligro. :: j. v. arnelas

El río se ha tragado a ocho personas en la última década, casi todos por imprudencias

A. GILGADO BADAJOZ.

La hemeroteca desvela que casi todos los ahogamientos en el río se deben a la imprudencia de los bañistas por meterse en zonas de corriente o profundas.

La historia se repitió el miércoles de la pasada semana cuando Manuel Colmenar estaba pasando la tarde en las Crispitas con unos amigos. Se metió en el agua y se alejó de la orilla hasta que un pescador lo intentó salvar sin éxito.

En esa misma zona del río, próxima a la antigua gravera y a la que se llega desde un camino que parte desde la rotonda de Circunvalación, también perdió la vida en 2013 un joven de 17 años. Se trataba de David, que pasaba la tarde con unos amigos y decidió tirarse desde el azud que se reconstruyó hace pocos años. Es una zona poca profunda, pero el salto de agua forma una corriente de la que no pudo salir.

Con la reordenación del Guadiana a su paso por Badajoz, emplazamientos como las Crispitas o las Baldocas que antes solo transitaban los pescadores han ganado afluencia. Grupos de ciclistas, senderistas y caminantes pasan habitualmente por el camino. La situación se repite en el otro extremo, ya en la zona de la Granadilla, en el charcón de Los Pollos. Ante la afluencia de público y con dos accidentes mortales que coincidieron hace cuatro años, la delegación del Gobierno anunció entonces que se pondrían boyas señalizando las zonas más peligrosas.

Germán López Iglesias, el delegado del Gobierno entonces, anunció un plan para acotar determinadas zonas para que la gente tuviera en cuenta que se adentraba en zonas peligrosas. Ya advirtió también que contra las imprudencias cualquier señalización resulta inútil, pero al menos ayudaría a tomar conciencia.

Cuatro años después, las boyas siguen sin instalarse y nadie se ha vuelto a preocupar por el asunto.

Las Baldocas

Entre las Crispitas y las Baldocas pesca habitualmente Juanjo Cáceres. Por lo que ha visto y ha oído de anécdotas que le cuentan otros compañeros, los ocho ahogados en la última década podrían haber sido más. Entre las Crispitas y Caya, cuenta, se forman remolinos continuamente. En épocas de sequía como la actual esos remolinos son inofensivos, pero los años de primavera lluviosa son mucho más bruscos y peligrosos. Su recomendación, como la de muchos pescadores, es siempre la misma. No adentrarse en el río si uno está solo, no hacerlo bruscamente y si no se encuentra muy seguro anudarse una cuerda que le ate a la orilla. «Nosotros los pescadores estamos siempre entrando y saliendo, pero no pasamos de la orilla». A su compañero Juan Miguel Piñero le sorprende la facilidad con la que se bañan los grupos de adolescentes en la laguna de La Pesquera. «No es muy profunda, pero muchos se acercan demasiado al salto de agua del azud».

Junto a David y Manuel, en las Crispitas también perdió la vida en el año 2006 Manuel G., un hombre de 30 años que pasaba un día de campo en familia en la charca.

Sus perros se metieron en el agua y fue detrás de ellos al ver que los animales se alejaban y no remontaban. En su intento por salvarlos, a Manuel también se lo tragó la corriente.

En 2011 apareció en esta misma charca un fallecido en el río, aunque se desconoce realmente qué ocurrió.

Otro accidente que se recuerda mucho es el de Ángel García e Isabel López. Los dos piragüistas fallecieron en abril de 2013 en el azud de la Granadilla, diez días antes que David en las Crispitas. Los dos deportistas quedaron atrapados en la embarcación al pasar por el salto del agua del azud.

En el charcón de los Pollos, la última víctima mortal que se recuerda fue la de un senderista que pasaba por el camino y se lanzó al agua desde la rama de un árbol de la orilla. No se sabe si fue por la caída o por la incapacidad de volver hasta la orilla.

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