El conservatorio superior de Badajoz quiere darse a conocer fuera para atraer erasmus

Eduardo Moreno, jefe de estudios, y Evaristo Valentí, director del Bonifacio Gil. :: J. v. Arnelas

En el centro musical más cualificado de la región estudian más de cien músicos, la mayoría de fuera de Extremadura

A. GILGADO BADAJOZ.

Aunque hay un calendario oficial, en el conservatorio superior Bonifacio Gil, no hay vacaciones. Los estudiantes acuden muchas semanas antes de que empiecen las clases, los fines de semana es fácil que coincidan recitales y hay quien decide repetir voluntariamente el último curso para quedarse un año más en el centro.

Para entenderlo en su justa medida, hay que verlo más como un centro de alto rendimiento en el que cien chicos con talento y vocación trabajan desde las ocho de mañana a diez de la noche todos los días del año y no como un centro de enseñanza con alumnos, profesores y asignaturas. «Es un no parar continuo. En horas de estudio, la carrera musical equivale a dos o tres de las que se imparten en la universidad. Aquí no vale estudiar antes de los exámenes o terminar en julio para volver en septiembre».

El resumen lo firma Evaristo Valentí. Enseña en el Bonifacio Gil hace 23 años y lo dirige desde el curso pasado. Su agenda de tareas directivas tiene tres prioridades: aumentar el número de alumnos de cuerda, ofrecer un máster y atraer a erasmus. En realidad, todo está relacionado. «Una cosa lleva a la otra», explica Eduardo Moreno, el jefe de estudios.

Muchos alumnos de fuera pueden venir como erasmus para conocer a un profesor que les interesa con vistas a quedarse luego en un máster.

Cada promoción se gradúan veinte chicos, casi los mismos que empiezan cuatro año antes. Los abandonos durante la carrera son muy excepcionales. Aunque se puede sacar en cuatro años, lo normal es hacerlo en cinco porque los estudiantes quieren aprovechar al máximo la enseñanza del profesor y dedican dos cursos para el recital final de carrera.

Con la carrera musical ya bajo el brazo, el siguiente paso es la especialización a través de un máster. En los últimos años, cuenta el director, todos los que acaban en Badajoz se matriculan en un máster al extranjero. Ante este éxodo, lo normal, explica Valentí, pasa por ofrecerles también esta opción en Badajoz. En Extremadura no hay en estos momentos una oferta de este tipo y tiene sentido, argumenta, que se imparta en el principal conservatorio de la región. «Tenemos que ofrecer algo que no haya en otro sitio y que sólo se pueda dar aquí por el tipo de profesorado que tenemos». Aunque no hay una fecha concreta, en el centro creen que tarde o temprano llegará el máster. Como también llegarán los erasmus. «Se tiene que conocer fuera lo que hacemos aquí. Pero eso requiere mucha dedicación y gente. Solo hay que ver la gente dedicado a esto en la Universidad. Aquí lo hacemos a través del equipo directivo y los colaboradores, pero queremos mejorar también eso».

En la carrera musical, explican Valentí y Moreno, el verdadero imán de un conservatorios profesionales, son los profesores.

Los propios alumnos que se van especializándose en los de escala media, antes de dar el salto al profesional se informan sobre los mejores profesores en su instrumento para trabajar con ellos y hacen las pruebas de accesos en esos centros.

Salto

Este salto internacional que buscan tanto el director como el jefe de estudios no es tan complicado.

El claustro actual, por ejemplo, está plagado de músicos de Armenia, Georgia, Ucrania o Polonia y cada año vienen invitados desde Alemania, Holanda o Hungría. El nivel del profesorado hace que estudiantes de música de toda España tengan presente al Bonifacio Gil. A principios de septiembre se convocaron la pruebas de acceso. Hubo más de cincuenta interesados para menos de veinte plazas. Vinieron desde Galicia, Valencia, Murcia o Andalucía. El grueso final de admitidos lo forman jóvenes de otras comunidades. «Aunque Badajoz no tiene muy buenas comunicaciones con el resto de España. Somos un centro pequeño y la enseñanza es casi personal. Nos conocemos todos y estamos muy pendiente de los alumnos», explica el director.

Prueba de esta relación es que muchos de los que terminan sus estudios tienen permisos para seguir estudiando y preparándose en el centro. Tocar a diario muchas horas un instrumento en un piso entraña muchos problemas y el conservatorio reserva cabinas y salas de estudios para antiguos alumnos. «Para nosotros es una gran satisfacción ver que después de pasar por aquí siguen en Badajoz».

Para darle un estatus más oficial tienen en mente formar una asociación de antiguos alumnos.

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