Los bomberos pasan por la escuela

Los opositores llevan años intentando conseguir plaza y acumulan experiencia en contrataciones anteriores | Los aspirantes de la bolsa de Diputación se preparan antes de entrar en los parques

ANTONIO GILGADO BADAJOZ.

Fernando García tiene 37 años, es de Mérida y lleva casi una década preparándose para ser bombero. Tras dos oposiciones forma parte de la bolsa de empleo que cubre las bajas y demás incidencias en los quince parques que gestiona la Diputación provincial de Badajoz.

Historia parecida es la de Jordi Muñoz. También desde 2008 estudiando y con algunos meses de experiencia en la bolsa. Esta semana, Fernando, Jordi y otros 17 compañeros ingresarán en el Consorcio por seis meses.

Pero antes han pasado por una especie de escuela de bomberos montada en el parque de Mérida para repasar técnicas básicas del cuerpo.

Es la continua lucha de los opositores a bomberos: tres o cuatro años para superar los exámenes y otros tantos trabajando de forma intermitente en bolsas de empleo para conseguir una plaza.

«Cada vez hay más competencia y con el paso de los años va siendo más difícil». La sensación de Fernando es unánime entre los 19 aspirantes. Hay que persistir. Por eso cuando está fuera se matricula en cursos de salvamento, de mercancías peligrosas o bucea entre los manuales actualizados a la normativa europea. Es fácil intuirlo.

Ingresar en el cuerpo de bomberos se asemeja a correr una maratón: largo, duro y con tentación de desistir.

José Antonio Palanco lleva 15 años en el Consorcio y aprobó tres oposiciones, después fue ascendiendo en la escala hasta llegar a sargento jefe de parque en Mérida, aunque antes pasó también por Almendralejo. Ahora supervisa la formación que reciben los aspirantes. «Al final, los que llegamos es porque realmente lo deseamos». Palanco coordina una plantilla de 40 personas que trabajan en cinco turnos distintos y agradece este nuevo plan de formación para las incorporaciones. Antes, aclara, los correturnos pasaban por un curso de un día de ocho horas. Ahora son cuarenta en cinco días con sesiones teóricas y prácticas. «Es un paso grande. Todo lo que avancemos en ese sentido mejor».

El lunes repasaron los protocolos de movilización, que recoge la suma paulatina de efectivos según la gravedad del siniestro, y vieron el reglamento que rige las normas de los parques, el uso de las herramientas y los camiones. El martes se centraron en la teoría del fuego y la extinción de incendios, y el miércoles ya escalaron y descendieron por la torre de más de veinte metros para ensayar los rescates en altura. El jueves practicaron con un coche la excarcelación de las víctimas de tráfico, una de las tareas más habituales a la que se enfrentan cuando salen de servicio. El viernes lo dedicaron a simular un vertido de mercancía peligrosa o inflamable. En apenas 40 horas tocaron todas las nociones básicas para desempeñar el trabajo de bombero.

Es solo una parte porque en los propios parques hay una formación continua más específica. «Solo en rescate en altura se pueden dar otras cincuenta horas», explica el jefe Palanco.

La formación de bomberos no se resuelve de cualquier forma. Abarca muchas disciplinas: estructuras de edificios, construcción, electricidad, socorrismo o psicología. No hay una formación profesional o una carrera universitaria en la que trabajen de forma simultánea todos estos contenidos, tampoco una academia oficial como la de las policías o Guardia Civil. Un agente de la Policía Local, por ejemplo, antes de integrarse en su destino pasa 500 horas de formación en la Academia de la Seguridad Pública de Extremadura. En los bomberos, sin embargo, lo más parecido es la escuela de formación que ha puesto en marcha ahora el Consorcio. El jefe Polanco confiesa que le cuesta dar una respuesta concreta cuando algún joven le pregunta qué estudios le pueden ayudar a ejercer de bombero en un futuro.

José Antonio Palanco, Sargento jefe de parque: «A los que llegan nuevos hay que arroparlos para que trabajen seguros»

Manuel Torres, Bombero: «La incertidumbre te agota. No puedes hacer planes a largo plazo»

Jordi Muñoz, Bombero: «Es una vocación por la que lo dejas todo durante años sin saber quÉ va a ocurrir»

Fernando García, Bombero: «Con el paso del tiempo es cada vez más difícil entrar. Hay mucha gente»

Recomienda, por ejemplo, una ingeniería para estudiar en detalle las estructuras en mal estado o dañadas por deficientes instalaciones eléctricas. «Ser bomberos es complicado, tenemos que saber de todo, pero sin ser maestro de nada».

Muchos de los que prueban suerte vienen de Inef, por las exigentes pruebas físicas que tienen que superar. Físicamente, el bombero es lo más parecido a un decatleta. Tiene que entrenar agilidad, fuerza y resistencia. Hay que correr mil metros en tres minutos como máximo y en algunas oposiciones hay registros de 2,32. También deben nadar cincuenta metros en menos de 36 segundos -aunque en las zonas el corte está más bajo- y hay que subir una cuerda de seis metros y medio en menos de nueve segundos. Lo difícil no es llegar a algunas de estas marcas, sino conseguir combinarlas todas porque quien es muy rápido en la cuerda lo pasa mal en la carrera de mil metros y quien tiene resistencia se atraganta en la cuerda. «Hay que ser un atleta completo y esas marcas no son inalcanzables, pero hay que adaptar tu cuerpo durante algunos años para conseguirlas», explica Jordi Muñoz, que precisamente se define como un atleta muy explosivo que lo pasa mal en los mil metros. El temario para superar el examen tipo test (prueba inicial de la oposición) o el supuesto práctico (prueba final) también requiere, como mínimo, un año para afrontarlo con garantías a un examen. Hay que repasar normativa de salvamento, leyes de cada comunidad autónoma a la que te presentas y hasta un callejero de ciudades concretas, una práctica habitual en los ayuntamientos para favorecer indirectamente a los opositores locales. «Cualquier puesto en la función pública es una carrera de fondo, pero el de bomberos quizá más porque tienes tres campos: el físico, el académico y el práctico. Si el día de los mil metros te pasas un segundo sobre los tres minutos te vas a casa. Adiós a tres años de preparación», sentencia el jefe Palanco, de ahí su recomendación para ser constantes.

Aprobar una oposición te capacita oficialmente, pero el verdadero bombero, sostiene Palanco, se hace en las intervenciones. La recomendación aquí es ponerse siempre junto a los más experimentados. «Por muy preparado que vengas de la calle o por muy bien que estés físicamente, cuando te enfrentas a una situación de riesgo se necesita un aplomo que solo se consigue a base de servicios». Por eso los jefes de bomberos siempre ponen a los menos experimentados con los más veteranos. Es habitual que las primeras noches, los debutantes no peguen ojo por la incertidumbre a lo desconocido y que asuman un rol secundario cuando salen a la calle. La evolución depende de cada uno, no hay un protocolo concreto. Según cuentan los más veteranos, hay quien se queda en la bomba de agua del camión durante meses y quien tarda muy poco en ponerse en punta de lanza en un incendio. No hay un tiempo estipulado porque más allá de la preparación física y práctica, hay que exponerse a situaciones delicadas con heridos o fallecidos. «Cuando llegas al parque tienes que tener la cabeza muy bien puesta».

Aunque al principio prima la condición física, la experiencia y la fuerza mental resultan determinantes con el paso de los años.

Eso también lo saben los 19 aspirantes que pasaron esta semana por la escuela de formación. Todos han pisado la red de parques en las contrataciones anteriores y todos guardan recuerdo de algún servicio especial. Manuel Torres, por ejemplo, participó en un incendio en una chaterrería de Mérida hace un par de años con varias bombonas de camping gas explotando. «Fue espectacular», recuerda. A sus 26 años Manuel ha aprendido a no pensar a largo plazo. Mientras espera la llamada de Diputación ha trabajado de monitor deportivo, de socorrista y en los dos últimos veranos como bombero forestal de la Junta en la campaña de verano. También se ha presentado a las oposiciones de Toledo o Cáceres, pero dedicándole mucho menos tiempo que a las de Badajoz. Ahora está inmerso en la selección que inició Diputación el año pasado. Superó sin problemas el tipo test y el físico y está a la espera del supuesto práctico. «La incertidumbre te agota». Esa inquietud de la que habla Manuel la comparten el resto de aspirantes. Jordi Muñoz también compagina con otro trabajo sus contrataciones esporádicas en el servicio, aunque en el fondo sabe que es un paso atrás. «Si quieres sacar algo tienes que dedicarle todo el tiempo a esto. Yo estuve cuatro años sin salir de casa y al menos me sirvió para estar en la bolsa».

Jordi recomienda a los que se meten en esta aventura que se preparen para una larga caminata. «Esto es muy largo».

Más

Fotos

Vídeos