Los autores: el pintor de batallas y un discípulo de Juan de Ávalos

Amaya y Ferrer-Dalmau con un sable como el de Menacho. /  HOY
Amaya y Ferrer-Dalmau con un sable como el de Menacho. / HOY

Amaya y Ferrer-Dalmau son dos de los artistas más conocidos del país y de los pocos expertos que hay en recreaciones históricas

N. R. P. BADAJOZ.

Cuando la estatua de Menacho se inaugure en la avenida de Huelva, Badajoz no solo homenajeará a su héroe más destacado, sino que contará con una obra de referencia por la importancia de sus dos autores. Además, será la primera obra conjunta del escultor Salvador Amaya y el pintor Augusto Ferrer-Dalmau que se exponga en la calle.

Ambos practican disciplinas distintas, pero tienen mucho en común, especialmente su pasión por la historia. Hace varios siglos lo más probable es que estos artistas, especializados en recrear personajes y escenas antiguas, hubiesen estado empleados en la corte de algún rey, realizando encargos para inmortalizar batallas. En la actualidad trabajan por su cuenta e investigan personajes para sacarlos del olvido.

Augusto Ferrer-Dalmau (Barcelona, 1964) confiesa que su pasión le persigue desde la infancia cuando jugaba con soldaditos y barcos y recreaba batallas jugando. «Yo también lo hacía», contesta Amaya entre risas. Ambos también se contagiaron del espíritu de las películas de John Ford o de las grandes historias de piratas.

No es la primera vez que Ferrer-Dalmau se une a otro creador. Desde hace 10 años colabora con el escritor Arturo Pérez-Reverte, otro apasionado de la historia. El académico de la Lengua admira las recreaciones históricas del académico de las Bellas Artes y le dio el mote de 'el pintor de batallas'.

Ahora ha unido su trabajo a Salvador Amaya. «A estas dimensiones no trabaja nadie», dice del escultor. «Hay esculturas de salón, pero para esto hay que tener una técnica, un oficio que pasa de padres a hijos. Lo ha mamado en casa. Es un concepto de nacimiento», defiende Ferrer Dalmau.

En efecto, Salvador Amaya (Madrid, 1970) conoce su oficio desde la cuna. Es hijo de Marino Amaya y estudió con Juan de Ávalos, al que estuvo muy unido hasta la muerte de este gigante del arte español. Recientemente ha creado la escultura de Blas de Lezo que ya luce en la Plaza de Colón de Madrid y el busto militar del Rey Felipe VI.

Para Augusto Ferrer-Dalmau la unión de ambos es una gran ventaja. «Es una combinación perfecta. Primero, no nos hacemos la competencia. Segundo, hablamos el mismo idioma. Debería ser casi obligatorio para los pintores y escultores trabajar juntos como hacen los arquitectos y aparejadores».

Su primera colaboración llegó hace dos años con el homenaje a Bernardo de Gálvez. Decidieron coordinarse para crear el primer boceto de este político y militar del siglo XVIII, héroe de la Batalla de Pensacola. Finalmente, sin embargo, no se realizó la escultura de grandes dimensiones, solo una de menor tamaño que puede verse en el Museo del Ejército de Toledo. Ambos creadores esperan que, algún día, este personaje cuente con un reconocimiento a pie de calle.

En cuanto a su forma de trabajar, tras discutir y debatir sobre el personaje, Ferrer-Dalmau crea un boceto inicial. Luego el proyecto queda en manos de Amaya aunque el pintor sigue de cerca la obra porque siempre hay cambios. «La escultura pasa a tres dimensiones y entonces hay que tener en cuenta todos los puntos de vista. Es distinto», explica Amaya.

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