30 años con las mujeres de la cárcel de Badajoz

Ricardo Cabezas, Manoli Martín, Mercedes Moreno, Francisca Muñoz y Sandra Argeñal forman parte del equipo de voluntarios. :: J.V. ARNELAS

El Centro de Promoción de la Mujer recibe este miércoles la Medalla de Plata al Mérito Social

EVARISTO FDEZ. DE VEGABadajoz

Manoli Martín sólo ha cotizado a la Seguridad Social durante dos meses en toda su vida. Sucedió en 1985, cuando junto a otras tres mujeres fue contratada por la Universidad Popular para trabajar en un programa de alfabetización en el Centro Penitenciario de Badajoz. Aquel proyecto apenas duró ocho semanas, pero 32 años después sigue teniendo continuidad en el grupo de voluntarias que este miércoles serán distinguidas con la Medalla de Plata al Mérito Social Penitenciario.

Ese reconocimiento de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias valora el esfuerzo de quienes pusieron en marcha y han mantenido el Centro de Promoción de la Mujer de la cárcel de Badajoz.

«La primera vez que yo entré allí se me pusieron los pelos de punta. Entonces había nueve mujeres con sus correspondientes hijos», rememora Manoli, una mujer comprometida que no ha faltado desde entonces a su cita semanal con la cárcel. En esa tarea siempre ha contado con el apoyo de su marido, Ricardo Cabezas Carrasco.

El primer grupo de voluntarias estuvo formado por Manoli Martín, Antonia e Inés Macarro, y la ya fallecida Agustina Fernández Margullón. «Cuando acabó el taller de alfabetización de la Universidad Popular las mujeres nos dijeron que cómo íbamos a dejarlas solas, así que decidimos seguir como voluntarias».

A las voluntarias se les ilumina la cara cuando hablan de las chicas «que entraron enganchadas a la droga y han salido rehabilitadas»

En los inicios potenciaron la alfabetización de las reclusas, «muchas no sabían leer ni escribir». También realizaban talleres de manualidades para llenar su tiempo de ocio y buscaron la colaboración del conocido peluquero Anastasio Cortés para impulsar un taller de peluquería que permitía a las internas aprender un oficio.

Manoli reconoce que la participación en un proyecto de este tipo exige constancia y dedicación, pero se le ilumina la cara cuando habla de «las chiquitas que entraron enganchadas a la droga y han salido completamente rehabilitadas». Con algunas de ellas mantienen el contacto. Incluso salen en ocasiones con ellas para tomar un refresco.

De esas vivencias se ha empapado durante los últimos 20 años Francisca Muñoz García. Ahora tiene 83, pero a pesar de su edad no se resiste a visitar semanalmente el módulo femenino. «Yo pertenezco a los Carismáticos, a un grupo de la Iglesia, y un día el Señor me puso delante este trabajo como voluntaria. A mí me costaba mucho entrar allí porque mi marido, que murió joven, fue el constructor de la cárcel. Pero lo que más me costaba es lo que hice y soy muy feliz así».

Tanto a Francisca como a Manoli, una de las experiencias que más les impresionó fue la de una mujer acusada de matar a su marido que después de pasar dos años encarcelada quedó en libertad. «Se demostró que era inocente, pero ya tenía un cáncer muy serio y terminó muriendo». Manoli valora cómo en ese momento su compañera Francisca decidió acoger en su casa a la hija pequeña de la fallecida.

Merecido premio

Como reconocimiento a tantos años, el Centro de Promoción de la Mujer en la cárcel recibirá hoy la Medalla de Plata al Mérito Social Penitenciario. Será un momento especial en una intensa vida de dedicación en la que el mayor premio es saber que las chicas con las que trabajan han logrado reconducir sus vidas.

Ahora sólo esperan que esta medalla sirva para dar a conocer un trabajo callado que necesita savia nueva. «El sábado, a las 20.30, tendremos una eucaristía en la parroquia de San Fernando a la que han sido invitados familiares de presos. Allí estaremos para recibir a cualquier persona que quiera unirse a nuestro centro», concluye Manoli.

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