140 años sin oír la campana de Espantaperros

La Torre de Espantaperros. :: hoy/
La Torre de Espantaperros. :: hoy

El símbolo que le dio el nombre popular a la torre más emblemática de Badajoz vive su letargo en el almacén del Arqueológico

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

El próximo año se cumplirán 140 años desde que la campana de la Torre de Espantaperros dejó de sonar en Badajoz. Desde entonces, permanece custodiada pero fuera de las miradas públicas en el almacén que el Museo Arqueológico tiene en el polígono industrial El Nevero.

Sus ecos, sin embargo, siguen resonando en la ciudad. Las asociaciones Amigos de Badajoz y la Cívica llevan años reclamando que se recupere la campana y se haga una réplica para que la Torre de Espantaperros vuelva a hacer honor a su apodo popular.

El último en sumarse a esta petición ha sido el grupo municipal socialista en el Ayuntamiento. El PSOE quiere que el gobierno siga el ejemplo de Telefónica y haga con la campana lo mismo que se ha hecho con el Giraldillo. Los socialistas pacenses argumentan que «el pueblo de Badajoz tenía auténtica veneración por la campana». Por eso le piden al Consistorio que recupere esta pieza, a través de una réplica, y la sustente en la espadaña de la torre albarrana.

Una empresa de Montehermoso dedicada a la fundición valoró la realización de la copia en menos de 23.000 euros

Los pioneros en esta lucha fueron Amigos de Badajoz. Desde hace años insisten en que se reponga una réplica de la campana original en el campanario de la Torre de Espantaperros. Esto permitiría, dice la asociación, «reintroducir este elemento tradicional en las celebraciones municipales para anunciar actos de especial relevancia».

Y es que esta fue precisamente la función de la campana de Espantaperros. Además de las horas, se hacía sonar -como recoge Manuel Cienfuegos en el número 62 de la revista Sharia- fundamentalmente «en solemnidades fúnebres de reyes, obispos, alcaldes, concejales y avisos de fuego en tierras cercanas».

El propio Cienfuegos reconoce que el Ayuntamiento le pidió en su día información sobre la campana, pero nada más ha vuelto a saber sobre este asunto.

Ente tanto, ellos no han cedido en su empeño. El año pasado y junto a la asociación Cívica Ciudad de Badajoz, pidieron por su cuenta presupuesto para hacer una réplica a una empresa de Montehermoso, dedicada a la fundición de campanas desde el siglo XIX y que exporta sus piezas a los cinco continentes. El coste estimado no llegaba a los 23.000 euros.

«Pensamos que debería recuperarse la original como pieza de exposición y hacer una réplica para hacerla sonar en ocasiones especiales como antiguamente se hacía, viendo la posibilidad de colocarla en su sitio si es posible y sino en un lugar próximo como La Galera», explica José Manuel Bueno, presidente de la Cívica.

La campana de Espantaperros, en el almacén del Arqueológico:. C.M.
La campana de Espantaperros, en el almacén del Arqueológico:. C.M.

En el campanario de la torre de Espantaperros estuvo desde mediados del siglo XVI hasta mediados del XIX. Precisamente, el sonido de su campana fue lo que le dio el apodo popular a la que en rigor es la Torre de la Atalaya, ya que provocaba el ladrido de los perros.

Tiene cinco siglos

Su fundición está fechada en 1517, por lo que cumple ahora cinco siglos. Así está grabado en la inscripción que bordea el perímetro de la parte alta de la campana. Mide 1.45 metros y su peso deben rondar la tonelada. Y es que está hecha de bronce fundido y, según atestigua Cienfuegos en el mencionado artículo, «es fruto de fundición de campanas anteriores».

El PSOE ha sido el último en sumarse a la petición de Amigos de Badajoz y la Cívica de que se haga una réplica y se coloque en el campanario

En 1856, la campana de la torre más imponente de la Alcazaba se trasladó al Ayuntamiento, en la plaza de España que por entonces era el Campo de San Juan. En el campanario municipal apenas duró 22 años. El municipio ordenó su destrucción y refundición. Al parecer tenía ya mal sonido y había riesgo de derrumbe por el mal estado de la espadaña de la que colgaba. La emprendieron a golpes contra ellas con un mazo. El relato de la época que recoge Cienfuegos describe con detalle el momento: «El pueblo de Badajoz se levantó asustado, creyeron sobrecogidos de espanto que toda la ciudad ardía a la vez, o que había fallecido toda la familia real o los concejales todos; tal era el lúgubre, destemplado y continuo sonar de la campana de Espantaperros al ser destruida a mazo sobre la misma espadaña».

Los pacenses protestaron y la propia Comisión de Monumentos de la provincia acudió al gobernador de Badajoz. Esto permitió salvarla, aunque mutilada. Así ha llegado hasta nuestros días. Desde 1890 está bajo la custodia del Museo Arqueológico. Primero estuvo en el edificio de La Galera, en trocitos. En esa época, María Dolores Gómez Tejedor, trabajadora del Museo y hoy cronista de la ciudad, fue quien le encargó a un carpintero que le construyera un armazón de madera, donde se recompuso lo que queda de ella.

De esta manera se conserva hoy, aunque ahora duerme en El Nevero, en el almacén el Arqueológico tiene allí, a la espera de que la rescaten del olvido y la hagan de nuevo sonar. «Es muy importante recuperar símbolos propios y tradiciones que nos identifiquen con la ciudad y nos arraiguen aún más a ella y su historia», aprecia Bueno, de la Cívica.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos