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El vandalismo y el botellón deterioran el entorno del Meiac

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Pintadas en el entorno del Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo. :: j. v. arnelas

  • Los vecinos se quejan de que los jardines del museo no cuentan con iluminación por la noche, por lo que hay personas que se cuelan en el recinto

Los muros del jardín del Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo están llenos de pintura. No son obras de arte. Son pintadas. También hay farolas rotas, agujeros en el seto y excrementos de perro. Por las noches, explican los vecinos de la zona, algunos jóvenes se cuelan para beber cerveza en el parque y algunos propietarios de animales entran a pasearlos. El resultado es que los alrededores de esta importante sala de exposiciones se están degradando.

La situación indigna a los vecinos de esta zona y a algunos colectivos, como la Asociación Cívica Ciudad de Badajoz, que ha pedido en varias ocasiones que se revitalice este céntrico jardín que, en la actualidad, apenas se utiliza. José Manuel Bueno, presidente de esta agrupación, se muestra molesto por la falta de cuidado con el que considera un importante patrimonio.

Bueno destaca, por una parte, que el jardín se utiliza poco. Se trata de una extensión verde en el centro de la ciudad que apenas tiene actividad. Su asociación ha propuesto varias veces que se revitalice, pero no ha habido avances. A esto se suma que se va deteriorando porque los únicos que acceden son los que quieren hacer un mal uso. «Entran pandillas de jóvenes a beber cerveza y también se cuelan para soltar a los perros y que hagan sus cosas».

«Está abandonado». Esta es la sensación de Enrique Pineda, vecino de la avenida Fernando Calzadilla. Este pacense recuerda el aspecto del Meiac cuando se inauguró en el año 95. «Estaba precioso. Ahora solo una parte del jardín está más cuidada y las pintadas quedan feísimas, pero no las limpian. Lo peor es por las noches. Antes quedaba bonito iluminado con la cúpula. Ahora es un hueco oscuro».

Esta es la queja más extendida entre los vecinos, la falta de iluminación, aunque también reclaman mayor mantenimiento.

«Que lo vigilen. Si entra gente a diario por las noches entrando por los agujeros del seto, digo yo, que pueden hacer algo. Si lo vemos los vecinos, lo ven ellos», añade María del Carmen Paz, vecina de la avenida de Pardaleras.

De cárcel a parque

Muchos pacenses saben que el Meiac está asentado en la parcela que ocupaba la antigua cárcel de Badajoz. De hecho el museo respeta la estructura con un edificio circular en el centro. La penitenciaría se completaba con seis galerías que partían de este inmueble central y un círculo exterior que era otro pabellón.

A mediados de los 80 el Ayuntamiento de Badajoz decidió demoler la cárcel y el principal objetivo era aprovechar el terreno de 25.000 metros cuadrados como parque público. Decidió dejar este espacio verde para que lo aprovechasen los vecinos de una zona que en aquellos momentos estaba en expansión urbanística porque la ciudad estaba creciendo siguiendo Fernando Calzadilla.

La llegada del museo, sin embargo, y es lo que más lamentan los vecinos, logró el efecto contrario, que estos jardines quedasen de espaldas al público. A pesar de tener una gran extensión y ser públicos, apenas se utilizan. La enorme parcela linda con la calle Museo, Fernando Calzadilla, Nuestra Señora de Guadalupe y Ciudad de Évora (el instituto Bárbara de Braganza).

José Manuel Bueno, presidente de la Asociación Cívica, lamenta que este espacio no esté más abierto a los peatones. Cree que una de las mejores propuestas que se han planteado es la de abrir los jardines por la zona de la avenida Fernando Calzadilla, lo que lograría que entrasen más visitantes y la zona se revitalizase.

La Asociación Cívica Ciudad de Badajoz presentó hace más de dos años un plan a la Consejería de Cultura, responsable de este museo, para atraer a los pacenses a estos jardines. El proyecto Nexo dividía en cuatro zonas el parque y proponía, entre otras ideas, una zona de exposición exterior, un área infantil, un kiosco, bancos y también la realización de actividades en la zona.

La propuesta solo obtuvo el apoyo de los residentes de la zona. La Asociación de Vecinos de Pardaleras se mostró entusiasmada con la idea y pidió a las administraciones que estudiasen esta posibilidad. Destacaron que Pardaleras es un núcleo de población grande, con más de 9.000 vecinos, y en el que no cuentan con zonas verdes.

El proyecto no avanzó. Años después la petición es que el mantenimiento mejore, al menos en limpieza e iluminación. «Da mucha pena recordarlo hace 20 años, que pensábamos que iba a ser el centro del barrio y verlo ahora así», concluye Enrique Pineda.