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Lourdes Trujillo ordena su caseta antes de la inauguración. :: Pakopí

Los libreros buscan lectores para todo el año en la feria

  • San Francisco se convierte esta semana en el mejor escaparate para darse a conocer al público que no entra en las librerías

Ayer a mediodía aún quedaban cajas por desembalar en San Francisco. La Feria del Libro número 36 de Badajoz arrancó a las siete de la tarde y la mañana la dedicaron muchos libreros a terminar la mudanza para diez días al centro de la ciudad. Se respiraba mucho optimismo y buenos augurios. Descuentos sobre el 10% por unidad, casetas gratis para los expositores -en otras ciudades se paga un canon de más de quinientos euros- y un cartel con nombres como Dolores Redondo o Espido Freire completan los atractivos para llenar la plaza. El tiempo, el principal enemigo de la feria, también parece acompañar. En los pronósticos para los próximos diez días no se aprecian indicios de chubascos. Más allá de que la feria resulte al final un éxito de negocio, para muchos supone ya un plus plantarse en San Francisco esta semana.

Lourdes Trujillo debutó el año pasado. Dejó atrás dos décadas en una multinacional para vivir de su pasión por los libros y abrió una franquicia de Abecedario en Pardaleras. «Aquí hablas mucho con los lectores y de esas conversaciones sobre libros salen clientes que luego van a la tienda y pasan todo el año por allí». En apenas año y medio ha aprendido que debe pelear por llegar a un público cada vez más amplio, desde padres que compran cuentos infantiles a adictos a los 'best sellers'. «Aunque es muy duro, montar la librería fue la mejor decisión que he tomado. Lo disfruto mucho».

Agustín Lozano tiene algo más de experiencia. Su Tusitala -el nombre que los samoanos dieron a Stevenson cuando el autor de 'La isla del Tesoro' se mudó allí- abrió en 2013 en el Casco Antiguo. A pesar de su corta vida se ha posicionado como un referente en la ciudad por su intensa actividad cultural. «Es un buen momento para darte a conocer porque te permite acercarte a gente que no entra en las librerías».

Lozano es de los que piensan que el libro en papel, de momento, le gana la batalla al electrónico y cree que la clave para sobrevivir pasa por especializarse. En su caso, la apuesta por la literatura infantil, los cómics y las editoriales independientes resulta evidente. «No tiene mucho sentido ofrecer un libro que se encuentra en cualquier sitio». Tusitala se ha planteado también como un espacio de encuentro en el que además de tienda hay tertulias, cuentacuentos, conciertos o microteatros.

El negocio del libro, cuenta, da para mantenerse, pero no para hacerse rico porque la extensa oferta de ocio en torno a las nuevas tecnologías lo acaparan todo y la lectura sigue siendo para una minoría. En eso coincide con José María Casado Martínez, de Universitas. Casi cincuenta años de experiencia le convierten en una voz autorizada sobre la industria del libro en Badajoz. Más que la crisis económica, que también, le preocupan los nuevos hábitos sociales.

«Para leer se necesita un esfuerzo y tranquilidad y hoy día el esfuerzo está demodé y la tranquilidad no existe». Fue uno de los promotores de la primera feria del libro hace 36 años. Atrás han quedado los primeros tiempos del Instituto Nacional del Libro, las posteriores ediciones avaladas por la Junta o los desafortunados años de San Atón y el calor sofocante. En todo este tiempo, avisa, se mantiene una respuesta masiva del público, pero no hay que caer en la complacencia. «Badajoz es una ciudad que está tan carente de todo que la gente participa en los pocos eventos que hay. Eso es una cosa y otra muy distinta es el verdadero mundo del libro. Habría que profesionalizarla más desde un punto de vista literario para dotarla de más calidad».