Hoy

La Confederación del Guadiana usa glifosato ante la expansión del nenúfar

Zona del río donde se ha tratado el nenúfar mexicano con glifosato. :: PAKOPÍ
Zona del río donde se ha tratado el nenúfar mexicano con glifosato. :: PAKOPÍ
  • Están haciendo pruebas en el río con un herbicida cuestionado porque la planta ha pasado de ocupar tres hectáreas a treinta en ocho años

Nada funciona contra el nenúfar mexicano. Esta especie invasora es imparable. Durante ocho años se ha intentado arrancar la planta, taparla, contenerla..., pero todos los métodos han fracasado. De 2009 a 2017 ha pasado de ocupar 3 hectáreas en el río a 30. Finalmente la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) ha optado por los herbicidas. En concreto, el glifosato, una sustancia muy cuestionada.

Junto con el camalote, también llamado jacinto de agua, el nenúfar mexicano es de las especies dañinas más presentes en el Guadiana. La diferencia entre ambos es que el primero no tiene raíz en el fondo, por lo que se puede retirar. El segundo cuenta con un bulbo en el lodo por lo que aunque se arranque vuelve a brotar.

La semana pasada comenzó el tratamiento con herbicida contra el nenúfar. Afectó a dos manchas de plantas en el río a su paso por Badajoz. Desde la CHG explican que el experimento se ha realizado en la capital pacense porque es el tramo del Guadiana más afectado por la expansión de esta planta invasora. En concreto se han rociado con herbicida dos áreas, una de ellas aguas arriba del Puente Real en la margen izquierda y la otra aguas abajo de esta misma plataforma, junto a una de las islas.

Los operarios han aplicado la sustancia sobre las hojas del nenúfar que flotan en la superficie. La operación se llevó a cabo desde barcas y acercándose a la planta para evitar, al máximo, que el glifosato llegase al agua. Por el momento, en las zonas donde se ha llevado a cabo el experimento, la parte superior de esta planta ha pasado de ser verde a marrón. La hoja muere, pero aún es pronto para saber si el tratamiento funciona.

«Parece que en un principio la parte superior muere. Lo que se ha hecho ha sido rociar la hoja que está a flote para que lo absorba la planta por el tallo y llegue hasta la raíz y el bulbo en el que está enraizado», explica José Martínez, director técnico de la Confederación Hidrográfica del Guadiana.

Sin embargo, deben esperar para ver si el glifosato mata por completo la planta. Si es así, el método se extenderá a otras zonas y seguirá utilizándose glifosato en el río.

Miedo al glifosato

En marzo del año pasado la Asamblea de Extremadura aprobó una resolución para pedir a la Junta que prohibiese el uso de esta sustancia. Por el momento la administración no ha llevado a cabo la restricción. El movimiento contra este herbicida arrancó en 2015. Ese año la Organización Mundial de la Salud (OMS) cambió de catalogación e incluyó el glifosato en la lista de sustancias «probablemente cancerígenas para el ser humano».

Desde entonces los ecologistas han intensificado su lucha para acabar con su uso. En especial Greenpeace, que ha creado una plataforma para dar a conocer la valoración de la OMS. La Unión Europea también estudió prohibirlo. Finalmente solo se aprobó que revisarán su uso dentro de siete años en lugar de diez.

En medio de esta polémica, el glifosato se cuela en la lucha contra el nenúfar mexicano. Desde la CHG explican que han optado por este recurso tras fracasar con otros métodos e insisten en que la cantidad de herbicida es muy baja y la posibilidad de impacto en el río y en sus especies es mínima.

El director técnico de la CHG explica que, tanto la Junta como la Confederación, han probado numerosos métodos para erradicar este nenúfar sin éxito. «Por lo que hemos optado por hacer otra prueba con productos fitosanitarios para probar a ver si funciona mejor que las anteriores».

José Martínez recuerda, por ejemplo, un experimento en el que se colocaron mantas en las zonas donde más nenúfar se detectó. El objetivo era evitar la solarización, es decir, que no le diese el sol para que no se desarrollase. El método no funcionó. «Con la corriente del río, las mantas se mueven y no se consigue la erradicación».

También se ha intentado arrancar en numerosas ocasiones con las embarcaciones, pero vuelve a crecer. Al quitarlo, las raíces se mantienen en el fondo y vuelve a crecer la planta, «incluso más fuerte», matiza el director técnico de la CHG.

«Después de analizar, mirar y estudiar se optó por unos tratamientos con productos fitosanitarios, en dosis muy pequeñas, para no superar los límites que se autorizan en el agua y es lo que se ha hecho», dice José Martínez que insiste en que no hay riesgo. «Se elaboró un protocolo, que se remitió a la Junta de Extremadura, con las dosis, en microgramos. Por mucha cantidad que se dispersara por el agua, no influiría en absoluto».