Hoy

tribuna

Luis Martínez Giraldo

DURANTE un par de meses, el MUBA, el Museo de Bellas Artes de Badajoz, ha rendido un cálido homenaje al escultor Luis Martínez Giraldo exponiendo buena parte de su producción. Es una rica, variada e interesante muestra de la tarea iniciada hace ya medio siglo y que tiene reflejo en un amplio estudio firmado por el profesor Moisés Bazán de Huerta.

Un largo tiempo de tarea fecunda, plasmada en obras bien conocidas y otras tantas que lo eran menos pero no por ello carentes de significación y de una cuidada calidad de diseño y ejecución. Autor y obra, obra y autor son merecedores del homenaje recibido y del público reconocimiento que con estas líneas deseo transmitir en un acto de objetiva justicia, ya que al menos así lo percibo y valoro como una de las referencias artísticas más importantes de la escultura extremeña contemporánea.

Su proyección pública en la ciudad de Badajoz viene determinada por una triple vía. Por una parte gracias a las esculturas instaladas en la ciudad y conocidas por todos. El 'monumento a los tres poetas' preside desde 2003 la rotonda del Puente de la Autonomía. Es un proyecto descomunal y ambicioso, que ha condicionado la fisonomía de uno de los principales accesos a la ciudad y sin el cual ya no se concibe la zona. Está estrechamente vinculado con el Guadiana, no solo físicamente, sino también en el plano conceptual, pues de forma acertada se escogieron versos de los protagonistas asociados con el río que los inspira para plasmarlos en sendos libros. La potencia de las tres cabezas, sustentadas en precario equilibrio por el bastón de Jesús Delgado Valhondo, logra superar un difícil reto: combinar con armonía la liviandad del soporte con el gran volumen de los retratos. Es además un homenaje merecido, que ensalza la cultura y la poesía encarnada por Jesús Delgado Valhondo, por Manuel Pacheco y por Luis Álvarez Lencero, tres viscerales y comprometidos cantores de su tierra amada.

Pero no es sólo su escultórico canto a la poesía. La ciudad de Badajoz, y todos sus moradores, le debemos también el 'monumento a Manuel Godoy', que saldó en 2008 una prolongada deuda de histórico reconocimiento contraída con aquella criatura nacida en el Badajoz de 1767 y que andando el tiempo sería conocido como 'Príncipe de la Paz'. Y algunos elementos han de ser destacados. Tanto el lugar elegido para erigir el monumento como el tratamiento iconográfico fueron un acierto, y más si se conocen los múltiples detalles cuidados por el escultor, como la lectura del Tratado de Paz que dio fin a la 'Guerra de las naranjas', que aparecen en la base; la inestabilidad histórica que expresa el pie sobre la base volada y la bocana semienterrada de un cañón; o el bastón de mando y el sable convergentes en el tendón de Aquiles.

Aunque no en espacio urbano pero sí en local público, otra obra relevante es su Diosa de la Fortuna, en la margen derecha del Guadiana, cerca del Puente de la Universidad. Una Fortuna que buscan los que acuden a ese espacio. Un bronce de dos metros de altura y mayor envergadura por las alas abiertas de la diosa con el cuerno de la abundancia en una de sus manos y toda ella en el interior de un círculo en recuerdo a la rueda de la fortuna.

Bastarían estas muestras para perennizar el arraigo de Martínez Giraldo con su ciudad, al igual que otras lo ligan con su pueblo natal, Barcarrota, donde se conserva su figura ecuestre de Hernando de Soto; con Ribera del Fresno y el busto homenaje a Juan Meléndez Valdés o con Olivenza, para la que labró un relieve en recuerdo a su Filarmónica.

La segunda vía de arraigo del hombre con la ciudad que lo acoge es la duradera e intensa vinculación de Giraldo con la Escuela de Bellas Artes y Oficios Artísticos 'Adelardo Covarsí', de la que fue primero alumno, luego profesor del Aula de Escultura y Procedimientos Escultóricos y finalmente, hasta 2015, director.

Y aún hay una tercera vía de relación artista-ciudad. Durante más de una década trabajó como restaurador en el MUBA, la entidad que le dedicó un entrañable y merecido homenaje.

Su escultura contiene otras obras destacadas. Por ejemplo las de su primera etapa, tanto en relieve como en bulto redondo. Son trabajos diversos: 'Autopsia', 'La Cigarrera', 'Cuando falta la razón' o un proyecto de 'monumento a Eugenio Hermoso'. Se caracterizan por su expresividad, con personajes de rasgos muy acusados. Y comparten protagonismo con numerosos retratos, que es otra de las facetas más destacadas del artista, con espléndidos ejemplos como los de Antonio Reyes Huertas, el busto de Meléndez Valdés o la talla en madera de Sánchez Trancón. Y junto a estas grandes cabezas, retratos de pequeño formato también muy expresivos.

Bajo el título 'Síntesis' se agrupan varias piezas de canon corto y volúmenes redondeados, una de las vías más originales del artista, aunque se ciñe a un período concreto.

A partir de 2006, Martínez Giraldo desarrolla series temáticas más personales. Liberado de las tareas de restauración y docentes, recupera el tiempo y el placer por la escultura, articulando series modeladas en barro, expuestas en el MUBA ahora por primera vez. No son obras de encargo, surgen por iniciativa propia, lo que redunda en inventiva y frescura de ejecución. 'Cabaret', 'Sedentes', 'Pasarela' o 'Carnaval' son los títulos de estas series, en las que alarga el canon, estilizando piernas y cuerpo hasta límites insospechados, sin dejar de parecer creíbles.

Luis es un espíritu joven. Ha aportado mucho a la escultura extremeña, pero lo mejor está por llegar. Estoy seguro de ello y espero disfrutar de nuevas obras ya en la mente del escultor. El trabajo en Luis está garantizado. Lo decía Picasso: «La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando».