Hoy

La tentación vive en Badajoz

Hace más de un cuarto de siglo que el PSOE no gana unas elecciones en Badajoz y 22 años que no gobierna. La última victoria socialista la obtuvo el malogrado Manuel Rojas en 1991. La prehistoria política.

Quizá porque hace tanto tiempo que el PSOE no toca poder en Badajoz, sus representantes han desarrollado cierta ansiedad por desalojar al PP de la Alcaldía. Una ansiedad mezclada con impotencia. ¿Cómo es posible que el PP nos gane una y otra vez?, se han preguntado sus dirigentes a lo largo de los años. Los socialistas han intentado recuperar el gobierno de la ciudad presentando a una larga lista de candidatos, pero con todos se han estrellado. No hubo manera de ganarle a Celdrán y cuando este se jubiló y los dirigentes del PSOE soñaron con lograrlo porque Fragoso no tenía el carisma del veterano alcalde tampoco lo consiguieron. Badajoz capital vota PP. En 2015 los populares sufrieron un traspiés y se tuvieron que conformar con una mayoría simple, pero Ciudadanos les prestó su apoyo y ha sido su socio preferente.

Ahora Ricardo Cabezas, víctima también de esa misma ansiedad que atenaza a su partido, ha descubierto el atajo de la moción de censura para acabar con la larga hegemonía popular. Y a esa empresa dedica el portavoz socialista su empeño: a convencer a Podemos y Ciudadanos de que él sería mejor alcalde que Francisco Javier Fragoso.

Probablemente nadie, salvo el propio Cabezas, confía en que la operación saldrá adelante. Aunque parece que Podemos ve con buenos ojos la moción, Ciudadanos no la respalda, pero nunca se puede descartar que sus dos concejales se líen la manta a la cabeza y se embarquen en la aventura.

Una aventura política

Porque no cabe duda de que sería una auténtica aventura política. Para Cabezas, de quien alguno de sus compañeros de partido desliza la maldad de que se muere por ser alcalde, aunque sea un solo día; para Podemos, que tendría la oportunidad de impulsar sus reivindicaciones más sentidas; y por descontado para la ciudad, que pasaría de la calma chicha de dos décadas de gestión popular a la incertidumbre de un gobierno bipartito, o tripartito, en el caso de que Borruel aceptase entrar en el gobierno municipal.

De salir adelante y culminar con un cambio en la Alcaldía de Badajoz, la moción de censura afectaría también al ecosistema político regional. Monago interpretaría la operación como una auténtica declaración de guerra del PSOE y no cargaría contra Cabezas (que para el presidente del PP no debe tener ni media bofetada política), sino contra Fernández Vara. Y no olvidemos que este gobierna en minoría.

Hasta ahora el PSOE se ha escudado en sus estatutos para no pronunciarse oficialmente sobre qué opina de la moción: si es oportuna o no; si es un disparate o una brillante operación política. Tanto como hablan nuestros políticos todos los días sobre lo divino y lo humano (a menudo sobre lo que no es de su competencia), y resulta que esta semana no hemos sido capaces de sacarles un pronunciamiento acerca de un asunto que atañe de lleno a Badajoz y que trastocaría la política extremeña.

Aunque en privado los dirigentes socialistas reniegan de la operación, y hasta auguran que la iniciativa va a morir antes de nacer porque Ciudadanos no la va a firmar (la dirección en Madrid no les deja), su renuencia a hablar de ella en público contribuye a crear la impresión de que al PSOE extremeño no le amargaría el dulce de la Alcaldía si Ricardo Cabezas, Remigio Cordero y Luis García-Borruel llegan al fin a un pacto y se la sirven en bandeja.

La tentación de tocar poder en Badajoz ¡al fin!, tras tantos años de espera, puede ser más fuerte que los cálculos que se hagan sobre los efectos indeseados que una moción de censura pueda tener a medio plazo.

¿Y si el tripartito alumbrado por Cabezas es un desastre y en 2019 el PP recupera la Alcaldía con mayoría absoluta? ¿Y si los electores castigan al PSOE en las elecciones autonómicas y Vara pierde la Junta?, se preguntan los más escépticos. ¿Y si Cabezas se revela como un gran alcalde e inaugura una nueva etapa de mandatos socialistas en Badajoz?, replicarán los más entusiastas.

Los socialistas sienten la atracción del poder y, como los niños golosos ante el bote de caramelos, no son capaces de resistirse. El castigo, de existir, está lejos. El poder, tantos años esquivo, está al alcance de la mano. Solo hace falta tener la audacia (o la temeridad) de atraparlo.