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Dos pacenses llevan el Sáhara a los Goya

Imagen del rodaje de 'Palabras de Caramelo' en el desierto del Sáhara Occidental. :: hoy
Imagen del rodaje de 'Palabras de Caramelo' en el desierto del Sáhara Occidental. :: hoy
  • El corto 'Palabras de Caramelo' de los pacenses Juan Antonio Moreno y Silvia Venegas opta esta noche a la estatuilla

Hace cuatro años, Juan Antonio Moreno, el cineasta pacense y mitad de la productora Making Doc, viajó junto con sus hermanas a los campamentos de refugiados de Tinduf. Iban a ver a Mulay, el niño saharaui que durante cinco años pasó los veranos en Talavera con su familia acogido a través del programa 'Vacaciones en paz'.

Junto a uno de los hermanos de Mulay, un niño sordo, visitaron la escuela y el profesor le enseñó un libro 'Palabras de Caramelo', del español Gonzalo Moure. Esa misma noche se lo llevó al campamento, lo leyó y descubrió -en sus palabras- «que yo estaba dentro del cuento».

Lo que no podía imaginar Juan Antonio Moreno es que esa historia, que después decidió escribir y rodar para el cine, le llevaría esta noche a optar a un premio Goya, junto a Silvia Venegas -la otra mitad de Making Doc-. Su película, que conserva el título del cuento, está nominada a mejor cortometraje documental. Si ganan, se llevarán la segunda estatuilla que entrega la Academia de Cine. En 2015, ganaron el Goya en la misma categoría por su trabajo en la producción de 'Walls (Si estas paredes hablasen)'.

Personajes y escenarios reales

La historia de 'Palabras de Caramelo' tiene un componente fantástico, el de su protagonista Kori, un niño sordo que cree reconocer palabras en las muecas de su mejor amigo, el camello Caramelo, y eso le lleva a querer aprender a escribir. El resto es pura realidad: Kori no es actor, es un refugiado saharaui sordo que nunca antes se había puesto delante de una cámara. No hay escenarios ni atrezo, la cinta está rodada en el desierto del Sáhara Occidental. Y Caramelo, por supuesto, es un camello de verdad.

En estas circunstancias es fácil imaginarse que el rodaje rozase la odisea. Y, efectivamente, así empezó. El primer día que sacaron las cámaras se produjo un diluvio, unas lluvias torrenciales sin precedentes en 25 años que durante una semana inundaron el desierto y que saltaron a los medios de comunicación de todo el mundo. Era octubre del año 2015.

Pero no fue un mal presagio, la comunicación entre el director y el protagonista fluyó pese a la barrera de la sordera de Kori y a que ninguno de los dos conocía el lenguaje de signos. «Yo soy un apasionado de la comunicación y creo que si queremos, siempre podemos comunicarnos», dice Moreno, quien dirigió a su protagonista «con la mirada, con los gestos, con la comunicación no verbal y también con el apoyo de su madre y de sus profesores». Dice que no fue difícil: «Me entendí muy bien con el niño». Con el camello, sin embargo reconoce «que fue un trabajo de mucha paciencia».

La película además de narrar una historia muy especial, tiene un componente que la hace bellísima. Está grabada como si el espectador fuese sordo, es decir, «como si solo escuchase a un quince o veinte por ciento de su audición», detalla Silvia Venegas, encargada de la producción junto a Moreno.

Ambos califican 'Palabras de Caramelo' como un «cortometraje sordo», que no mudo. Su cinta no tiene diálogos, pero el espectador sí escucha sonidos, los mismos que oye y emite su protagonista. «Es muy experimental», reconoce Venegas, quien cuenta que durante seis meses estuvieron documentándose para poder hacer el sonido de la película y que sus primeros espectadores, finalizado el montaje, fueron un grupo de sordos.

La razón que hay detrás de este montaje no es un alarde de técnica, sino como en todos los trabajos de Juan Antonio y Silvia -entre ellos 'Boxing for Freedom'-, el afán por romper estereotipos y que el espectador empatice con la historia y los personajes.

'Palabras de Caramelo' tiene más capas: «Quería mostrar mi admiración por los saharauis. No quería enseñar un campamento como algo horrible, que sin duda lo es, pero dentro de ese infierno la cultura, sus costumbres y hábitos como pueblo del desierto encierra una belleza que yo quería transmitir», cuenta su director. Hay más, hay una historia de superación, de derechos y de gritar que los sordos no son mudos.