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Elena Lombao caracterizada de Sufrida Calo. :: HOY
Elena Lombao caracterizada de Sufrida Calo. :: HOY

La crisis reinventa a Frida Kahlo

  • Cerró su compañía, se quedo sin trabajo y sin casa, pero arriesgó con un espectáculo que era distinto

  • La actriz Elena Lombao trae mañana al López su personaje inspirado en la mexicana

Fue una revelación. Un flechazo. Elena Lombao se puso una flor en el pelo, un entrecejo postizo en la frente y se miró al espejo. «Soy Sufrida Calo». Lo dijo con acento gallego, como su padre, y el personaje fue creciendo dentro de ella. Dos años después, estaba encima de los escenarios dando vida a Sufrida Calo por toda España.

Mañana aterriza en el López de Ayala este experimento teatral valiente y surrealista. Mitad musical, mitad monólogo, pero sobre todo, una propuesta singular.

Indirectamente, se puede decir que es un producto de la crisis. Con casi dos décadas de experiencia en los escenarios y con una compañía -Las Grotesqués, - más que consolidada en los teatros, la crisis dejó a Elena a la intemperie -«las compañías de siempre, las más consolidadas, fuimos las primeras en caer»-.

Por primera vez en mucho tiempo no había giras y los programadores teatrales empezaron a mirar a la tele para salvarse. No tenía sitio. Perdió hasta su casa. Un día se miró al espejo y se vio como Frida Khalo. Se leyó varios libros sobre la triste vida de la pintora y poetisa mexicana y construyó un personaje paralelo. «Vi que sus diarios tenían mucho en común con los míos. Muy visceral, muy emocional». Con las ideas más o menos claras de lo quería hacer y los textos perfilados, entra en escena Borja Echeverría, el dramaturgo que le ayudó a poner orden en todo este caos creativo.

Nace de esta forma un espectáculo distinto. Donde canta, interpreta, ríe y llora. Reconoce que ha arriesgado mucho. El teatro actual, cuenta, todo se hace de la misma forma. Previsible. «Yo quería hacer algo que no se pareciera en nada a eso». No es pretencioso, aclara, sino agotamiento.

Ahora se pasa a solas casi dos horas encima del escenario . «El teatrero tiene que mover vísceras y entrañas. Esa es su función».

Se encuentra cómoda en el surrealismo, el fenómeno que surgió en el teatro posbélico del siglo XX como rebeldía y, salvando las distancias, Sufrida Calo tiene mucho de eso. El giro que ha dado España con la crisis le ha llevado a esa sensación de no entender muy bien cómo se deshace todo a su alrededor.

Ya dentro del personaje, el principal reto es transmitir la intensidad emocional del texto que acompaña a las canciones. «Hay silencios muy potentes».

Sinceridad

Después de un año con el espectáculo siente algo de alivio al ver que los espectadores han entendido la propuesta. En este viaje que oscila entre la tragedia y la comedia, Sufrida Calo es un personaje muy sincero. Con muchos paralelismos con Frida. Comparten hasta la cojera, aunque en el caso de Sufrida no fue la poliomielitis. Se destrozó la pierna porque quería demostrar que podía volar y se lanzó al vacío. El propio personaje es una metáfora vital de la actriz. «En un momento en el que ya nada tiene sentido, con el teatro todo tan previsible, tan ligero, como de instituto, llega algo que no es lo que parece. Uno cree que va a reírse con ella y acaba llorando».

El arte, insiste, debe ayudar a entender lo que ocurre y hay que arriesgar. Probablemente, asume, si no se hubiera quedado sin compañía y sin giras, quizá nunca hubiera llegado a lo que propone mañana en el López. A este salto en soledad sin red. A contracorriente.