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La pedrea de la calle San Lorenzo

Cola, ayer a las doce, en la puerta de los servicios sociales de la calle San Lorenzo.
Cola, ayer a las doce, en la puerta de los servicios sociales de la calle San Lorenzo. / Casimiro Moreno
  • Más de mil personas en riesgo de exclusión pasan estos días por los servicios sociales para conseguir un empleo de seis meses

Bastan unos minutos en la puerta para entender que la  crisis es una cicatriz que sigue supurando. En la calle San Lorenzo, detrás de la plaza Alta, se agolpaban ayer a mediodía más de treinta parados y en todas las conversaciones se intuía algo de angustia. Se apuntaron al nuevo plan de empleo social. 123 contratos de seis meses como limpiadores, mecánicos o electricistas. La última esperanza de conseguir un ingreso mínimo en este año, como una pedrea de la lotería con más de mil personas en el bombo (a la última convocatoria se apuntaron 1.554).

Francisco Javier Almeida es de los habituales. Encofrador en Mallorca en los años de la burbuja, ya ni se acuerda de la última vez que tuvo una nómina que superaba los mil euros.

De vuelta a Badajoz trabajó en el edificio que se levantó en la calle Prim junto al aparcamiento de Adeba. De eso hace ya cuatro años. La última constructora que le contrató quebró, igual que la penúltima. «El sector está muerto», dice.

Tiene 44 años y no trabaja desde enero, reconvertido ya en ayudante de jardinero. Tiene dos hijos y en casa sobreviven con los 480 euros que cobra su mujer limpiando portales.  

A Daniel Pérez le avisó un vecino de la urbanización de realojo de la Granadilla. Llegó empujando el carrito de su bebé de seis meses. Ahora está en casa porque no hay faena en el campo. «Es lo más sacrificado, pero es el único sector donde pagan sueldos decentes». Los veinte días de la campaña de verano en una finca cerca de Olivenza se lo pagaron a 1.040 euros. En otros sitios, aclara, el mes completo no pasa de los novecientos. Acostumbrado a veinte o treinta días de faena, el plan social sería  su contrato más largo.

En un futuro, cuando consiga algo estable, le gustaría compaginarlo con un módulo de FP de mecánica. «Es lo que realmente me gusta, pero ya no puede ser».

Los perfiles de Daniel –joven con poca experiencia– y  Francisco Javier –parado de larga duración– son los  más repetidos en  San Lorenzo, pero también guardan cola  madres que ejercen de cabeza de familia.  La pensión de María del Mar Flores tiene que llegar también para sus dos hijas y su nieto. No entiende cómo la mayor, madre soltera que cuida ancianos, no ha entrado en las anteriores convocatorias del plan. «Siempre llaman a los mismos, hay gente que lo necesita que se queda fuera», se queja.

Quizá solo sea cuestión de suerte, como la pedrea de la lotería.