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Cuando la música es medicina

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Las sesiones de musicoterapia reúnen cada martes a los enfermos ingresados, enfermeros, auxiliares y musicoterapeutas. :: j. v. arnelas

  • Los enfermos del hospital Infanta Cristina acuden voluntariamente a una actividad que les ayuda a acortar sus estancias y a mejorar su salud mental

  • Cada martes, los pacientes de psiquiatría reciben sesiones de musicoterapia

Platón decía que la gimnasia ejercitaba el cuerpo y la música el alma. Por eso cuando cada martes llegan al hospital Infanta Cristina de Badajoz dos musicoterapeutas para tratar a los pacientes psiquiátricos y tocan las primeras notas, los enfermos acuden sin que se les llame. Es una hora a la semana para liberar emociones a través del sonido, escuchando la melodía de una guitarra, acompañando el ritmo con una pandereta, cantando entre dientes o reescribiendo la letra de una canción. El hospital es menos hospital entonces.

Todo esto sucede en una sesión de musicoterapia que transforma la frialdad de una sala de la Unidad de Hospitalización Breve de Psiquiatría, que se hizo en su día para los fumadores, en un espacio donde la música es el gigante que planta cara a los monstruos de cada enfermo. Porque allí, los que están ingresados no van a escuchar un recital de música en directo, van -sin saberlo- a aliviar su alma, a acortar su tiempo de ingreso en el hospital o, sencillamente, a sentirse libres durante sesenta minutos.

Son pacientes con esquizofrenia, trastorno de la personalidad, bipolares o con depresión que ingresan cuando su enfermedad está en su punto álgido. «La musicoterapia les libera de muchas angustias y hace que expresen muchas emociones. Es como si la música les permitiera desatar nudos internos», explica Carmen Sánchez, enfermera especialista en salud mental y supervisora de la unidad de psiquiatría hospitalaria.

Estas sesiones están dentro del programa terapéutico que reciben los pacientes y que complementan al tratamiento médico. En su desarrollo se implica todo el equipo de enfermeros y auxiliares de la unidad. Están allí porque a veces tienen que contener a algún enfermo pero, más allá de eso, cuando entran en la sala cada uno coge un instrumento para acompañar las melodías y participar de la terapia. A ellos la música también les alivia. «Personalmente te puedo decir que las sesiones sientan muy bien», confiesa Carmen Sánchez.

Cuando tu público son enfermos y tu música la medicina para sus emociones, quien toca la guitarra, el violín, la percusión o la pandereta no son solo músicos son, además, musicoterapeutas. La línea entre ambos no es fina pero sí desconocida. Para el terapeuta, la música no es el fin, sino el medio para contribuir a mejorar la salud de los enfermos.

En Badajoz trabajan en este proyecto, que es fruto de un convenio entre la Asociación Extremeña de Musicoterapia, el Centro Extremeño de Investigación Musicoterapeutica y el SES, cuatro músicos que además están formados como musicoterapeutas y ejercen esta profesión. Ellos son Javier Alcántara, Francisco José Pavón, Félix Barrera y Sergio Chávez. «En una unidad como psiquiatría tienes que estar bien armado como profesional para relacionarte con los pacientes y trabajar las diferentes patologías y ser músico no te habilita para ello», valora Alcántara.

«Efectos profundos»

Han experimentado los efectos de la musicoterapia en los enfermos psiquiátricos y hablan de los «efectos profundos» de sus sesiones donde trabajan con elementos a nivel cognitivo, emocional y físico. «La sensación de placer que les provoca la música influye a nivel psicosomático y orgánico», dice Sergio Chávez.

Por eso, reclaman la técnica no como terapia alternativa sino complementaria y aspiran a que los profesionales de esta disciplina se incorporen a los equipos médicos y sanitarios de los hospitales públicos extremeños como personal de plantilla. «Hay personas que necesitan mejorar físicamente, pero la salud emocional dentro de un hospital es importantísima. Nuestro trabajo es fundamental en un área de salud», defiende Francisco José Pavón.

Cada sesión de musicoterapia se la preparan a conciencia en función del objetivo que se propongan cada semana. «La música no se elige al azar, es muy importante saber con qué pacientes vas a trabajar y su identidad sonora. Y aunque en grupo es más complicado, nos ayudamos de las temáticas que están relacionadas con sus patologías», explica Pavón quien añade: «No solo tocamos, usamos las diferentes herramientas musicales como cantar, componer, movernos o crear para conseguir los planteamientos terapéuticos que nos proponemos».