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Un conservatorio del que presumir

Eloy García Pérez, Silvia Cánovas Ramos y Borja Sánchez Solís, en el auditorio del conservatorio. A.
Eloy García Pérez, Silvia Cánovas Ramos y Borja Sánchez Solís, en el auditorio del conservatorio. A. / J. V.
  • Los alumnos premios extraordinarios del Bonifacio Gil ofrecen un recital esta noche en la Diputación

A Silvia Cánovas su profesor del conservatorio de San Javier, en Murcia, le recomendó Badajoz si quería hacer carrera musical con el violín y ponerse a las órdenes de la profesora Olga Vilkomirskaia.

Eloy García, en Granada, conoció en un curso al pianista Ángel Sanzo y se vino a Badajoz para tenerlo de profesor cuatro años en el grado superior. Borja Sánchez, el único extremeño de este tridente, también llegó al Bonifacio Gil buscando una referencia en el saxofón. Estudió en Ciudad Rodrigo y allí le aconsejaron hacer las pruebas para ingresar en el superior de Badajoz. Ahora confiesa que no conoce a ningún saxofonista del que pudiera haber aprendido tanto como de Vicente Contador.

En junio cerraron cuatro años en el centro de la plaza de la Soledad. y basta escucharles unos minutos para entender que si de algo puede presumir Badajoz es de conservatorio. El Bonifacio Gil es una referencia nacional y la experiencia de Borja, Eloy y Silvia es una muestra. Se deshacen en elogios a los profesores.

«Olga me ha enseñado a ser muy metódica; a cuidar los detalles y precisa». Silvia estudia ahora un máster de interpretación en Bruselas y Borja hace los mismo en Colonia. Reciben las clases en inglés y tienen la vista puesta en la docencia o en prepararse para orquestas profesionales.

Pero esta semana toca rememorar su paso por Badajoz. Llegaron el domingo al aeropuerto de Madrid y desde el lunes preparan en el Bonifacio Gil el concierto de esta noche, a las 20.30 horas, en el Salón Noble de la Diputación, junto con el profesor Eduardo Moreno. Eloy no ha vuelto a Granada. Sigue preparándose en Badajoz, aunque ya de forma independiente, para superar alguna prueba del máster para el curso que viene.

Los tres jóvenes músicos superaron el recital de fin de curso con sobresaliente y ganaron el premio extraordinario entre todos los que acabaron con esa calificación. El premio es el concierto de esta noche. «La gente es lo mejor. Ahora que hemos vuelto te das cuenta de que la gente te aprecia», explica la joven violinista.

A los que empiezan ahora les deja un consejo muy contundente. «Que tengan en cuenta que no tocan para un profesor sino para uno mismo, para mejorar y que no puedes dejar de disfrutar». La recomendación la suscriben sus compañeros y cualquiera que conozca mínimamente cómo es la vida de los que tocan en el conservatorio. Tocan a diario entre seis y ocho horas el instrumento. Casi siempre en soledad y con la sensación permanente de que cometen errores. Es muy fácil, advierten, caer en el lado oscuro en una formación tan absorbente, que se convierta en un suplicio. Por eso hay va otra recomendación: ponerse unos límites. Intentan hacer algo de vida social más allá del conservatorio. «Asumes que no es una carrera como las demás cuando no puedes irte una semana a la playa y dejar el instrumento en casa», sentencia Borja.

Su intención no pasa precisamente por volver a Extremadura. Se sacó varios cursos de alemán en la escuela de idiomas para hacer carrera allí. «Los músicos tienen más relevancia social. La gente joven, por ejemplo, conoce a los solistas de los instrumentos que tocan y van a los conciertos». En este tiempo, también se ha dado cuenta de que le gusta la docencia. «Enseñar música es muy atractivo porque ves mucho la evolución de la gente». Los saxofonistas lo tienen más complicado en las agrupaciones porque las orquestas sinfónicas no tienen saxofón.

Su madre siempre quiso que estudiara música y lo apuntó a la escuela municipal. El saxofón fue casi de rebote. Un amigo suyo quería ese instrumento y él lo cogió también para ensayar juntos. «Los cuatro años de Badajoz han sido muy positivos en todos los sentidos. Desde el punto de vista musical y personal hemos madurado».

Silvia ha elegido para el concierto de esta noche la sonata número seis de Beethoven para violín y piano. Le tiene un especial cariño a la pieza porque le salió un examen casi perfecto en su segundo año en Badajoz. Eloy se ha decantado por la sonata número dos de Rachmaninoff, fue con la que ganó el premio extraordinario. La elección de Borja es más contemporánea, una pieza de Denisov a la que no le faltan rasgos jazzísticos para dar contraste al programa. El concierto de esta noche, sirve en cierto modo, para cerrar definitivamente una etapa. La semana que viene uno estará en Colonia, otro en Bruselas y otro en Badajoz. El conservatorio será un recuerdo.

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