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La arquitectura de vanguardia de García Rubio llega al Meiac

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Justo García Rubio (en el centro), en la inauguración de ayer en el Meiac sobre su obra. :: J. V. Arnelas

  • Su obra más famosa es la estación de autobuses de Casar, y expone en Badajoz más de un centenar de dibujos y maquetas

Javier Fernández se empeñó en convertir el vestíbulo de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Mérida en una galería.

Partía de un planteamiento muy simple. Sus alumnos pasan cada día por allí a clases de pintura, escultura o cerámica y mejor que los chicos se familiarizaran con obras de arte que con paredes vacías. Antes de verano montó una exposición con dibujos, bocetos y diseños de la obra de Justo García Rubio (Cáceres, 1948).

El arquitecto cacereño es uno de los principales referentes de la arquitectura de vanguardia y su obra más famosa, la estación de autobuses de Casar, hizo que muchos se fijaran en su forma de trabajar.

Sus proyectos se han expuesto en la Bienal de Venecia, han sido portada de revistas especializadas y le han valido para distinciones como el Premio Extremadura a la Creación o los FAD de Arquitectura. La propuesta llega ahora al Meiac, reformulada y con nuevos contenidos. Se inauguró ayer por la tarde bajo el título 'Formas libres' y sirve para conocer más a fondo a un arquitecto con un discurso valiente.

Le mueve la obsesión por crear nuevas formas -a la estación de Casar le llaman la patata frita- y concibe su día a día como algo más que levantar edificios sin estética ni riesgo -el edificio del Inem de Cáceres o el instituto de Tiétar. «La sociedad debe saber que el espacio urbano no lo determinan los arquitectos de calidad. Hay que ser críticos de cómo se han gestionado las ciudades», denuncia.

Las consecuencias de este modelo urbano deriva, en su opinión, en un engaño colectivo. Es injusto, se queja, privar a la gente de vivir en casas construidas con arquitectura de calidad.

En 'Formas libres' se acerca a este discurso. Espera que los que pasen por el Mieac hasta el próximo 12 de enero de 2017 y se detengan en sus dibujos y maquetas perciban las posibilidades de una forma de trabajar casi relegada en estos tiempos.

La muestra recoge más de un centenar de dibujos y maquetas de 21 proyectos diferentes. No se trata de algo retrospectivo que abarca toda su trayectoria o de una presentación técnica, para Antonio Franco, director del Meiac, va mucho más allá. «Muestra el universo gráfico en el que germinan sus ideas. Muy reveladora de la riqueza de su lenguaje plástico».

A todo gran proyecto que termina en maqueta le acompañan los primeros dibujos, las ideas primarias de edificios no construidos pero igualmente innovadores como apuesta urbana. Según Antonio Franco, el espectador menos iniciado nota rápidamente la importancia de las nuevas tecnologías en la arquitectura del siglo XXI.

Las nuevas formas en las que trabaja Justo García Rubio vienen por la revolución que ha supuesto la aplicación de las tecnologías digitales a la disciplina, que ha cambiado por completo la forma de trabajar en los estudios. Antes se trazaban los diseños con reglas, las escuadras o el paralex, pero en los nuevos tiempos aplicando programas informáticos, el arquitecto acota formas complejas. Con menos limitaciones, hay más posibilidades artísticas, pero no todos se atreven a explorarlas.

Su filosofía de trabajo es tan sencilla como ambiciosa. «Yo tengo el deseo de transformar las cosas. Parece una tontería, pero es lo que ha movido a la humanidad. Sin ese deseo seguiríamos en las cavernas», explica el arquitecto.

Reconoce que en su momento también le sorprendió la repercusión de la obra de Casar. «Eso no lo controlas. No eres consciente de lo que puede generar». La concibió como una gran cinta de hormigón blanco que se curva y pliega sobre sí misma para crear espacios diferenciados, el de llegada de los autobuses o el de espera de los usuarios, en un único y expresivo gesto libre. A ese mismo concepto sinuoso y ondulante responde su trabajo para el Centro de Salud del Nuevo Cáceres. Se mantiene fiel a su apuesta por la belleza que limita con el riesgo.